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¿Quién les pidió su humo?

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El tema del cigarro parece manido en los medios. Tal vez las personas repelan tanta propaganda que aconseja no fumar, como los microorganismos resistentes a determinado antibiótico, pero una y otra vez hay que volver a este particular.
   La mayoría de los fumadores, aunque tengan conciencia de la nocividad de su hábito en cuanto a sí mismos y los demás, no están en  condiciones de actuar en consecuencia para evitar los daños.
    Recordemos que el tabaquismo, más que un hábito es una adicción y nadie se deshace fácilmente de este y todo lo pernicioso que genera a su alrededor. Necesitarían ayuda profesional para abandonarlo.
   También, es cierto: hay fumadores indolentes, que no  respetan el derecho ajeno a respirar aire limpio, violan las normas éticas y sociales y los espacios libres de humo, a tal punto que hasta en los teatros y otros lugares cerrados dice presente su desidia.
  Imaginen un pequeño espacio destinado al esparcimiento sano, donde cinco o seis de estos individuos  hagan y deshagan sin que nadie ponga freno a su actuación, mientras el ambiente se nubla y se vuelve insoportable.
  Desde tiempos remotos, los teatros constituyen epicentros del desarrollo cultural de un país, una especie de laboratorio donde se cultiva el intelecto y las buenas maneras, resulta entonces inadmisible que permanezcan en ellos estas actitudes antisociales.
   A esas personas de marras no les basta ya el parque o el patio de la casa para saciar su necesidad. Fuman además en la guagua, en la cafetería y en la galería de arte.
  ¿Y quién se encarga de sancionar su imprudencia? Porque se trata de reglamentos y orientaciones expresas incumplidas.
  Quizás sea viable y educativo implementar un sistema de multas a quienes  quebranten estos principios básicos de educación formal, pues de alguna manera habría que aleccionarlos.
  Velar por la salud del de al lado, ya que no de la propia, debe ser voluntad y hecho palpables.
   No se trata de abandonar a los fumadores a su suerte, pero al que insista en dañar su integridad,  eso sí, que no perjudique la del vecino, porque a fin de cuentas: ¿quién les pidió su humo?.

Comentarios   

0 #4 Rodrigo 08-10-2014 10:27
Es cierto lo que dices Mairyn y caemos en el viejo problema de hacer cumplir las normas y las leyes, ¿donde están los encargados de velar por que se cumplan?, ¿habrá que poner un inspector en cada hospital, teatro, cafetería, y hasta plaza pública, donde muchas veces corren nuestros hijos? sinceramente creo que el problema por ahora no tiene mucha solución, porque aunque haya voluntad de confeccionar las leyes, lo que no hay es infraestructura para hacerlas cumplir.
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0 #3 maybis 08-10-2014 00:03
Buen punto de vista acerca del desagrable habito de fumar,ya que no se cuidan su salud ,al menos respeten la ajena,yo contenta porque hace mas de cuatro años deje de fumar ,me estaba perjudicando a mi misma,ydecidi dejarlo,me alegro haberlo conseguido hasta hoy.Y si, el fumador lo hace en cualquier parte, no importa si esta prohibido o no.Apoyo su articulo.gracias.
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+1 #2 hector 07-10-2014 13:58
Estoy de acuerdo con su artículo y esto que dice que fuman en todos lados es verdad . pero tenemos que tener en cuenta que fuman hasta dentro de los hospitales y los mismos trabajadores por que no solo son los pacientes eso hay que aclararlo y pienso que se deben de tomar la medidas pertinentes . Gracias y felicidades por su artículo.
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0 #1 katherine.subiaut 06-10-2014 14:17
Hola Mairyn: no te había visto en los medios, pero ya sé dónde estás, felicidades por tu graduación y por tu artículo. Nos vemos en FB
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