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No hay mejor hermano que el vecino más cercano

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  Mi vecino Antonio es hábil para cocinar arroz con leche y siempre comparte con mi familia, no porque vive solo, sin alguien más para que valore su talento, sino porque el respeto, la solidaridad y la comprensión distinguen nuestras relaciones interpersonales.
  Según investigación publicada en http://www.redalyc.org, sitio de la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal, las habilidades interpersonales son un componente de la vida social que ayuda a las personas a interactuar.
  “Las habilidades sociales tienden a ser recíprocas de tal manera que el sujeto que desarrolla y posee unas competencias sociales adecuadas con los demás, es más probable que reciba una buena consideración y un buen trato por la otra parte.”
   Según el doctor Adolfo Valhuerdi, coordinador de la Cátedra de Integración Mente-Cuerpo de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, la convivencia se distribuye en tres escenarios: el familiar dentro de la unidad doméstica, el entorno de la comunidad y en el centro laboral o espacio de estudio.
   Los códigos para la convivencia estarán determinados por una infinitud de circunstancias para cada vecindario: en la misma calle de una ciudad se funciona de un modo en una cuadra y de otro en las demás, hay cuadras ruidosas con puertas abiertas y moradores solidarios, tal vez otra esté en silencio pero sus residentes son incapaces de socializar.
   Tolerancia, aceptación, búsqueda de la armonía, espacio de escucha y respeto al derecho ajeno constituyen códigos generales para la convivencia efectiva, y tales patrones son habilidades adquiridas que se entrenan en el ámbito cotidiano, explica el doctor Valhuerdi.
   Ser más tolerante con el que grita y el que no habla, aceptar al que practica la religión yoruba y a otro que es cristiano, las opciones de acercamiento son tantas como individuos existen, afirma Adolfo, convencido de que como reza el dicho popular, no hay mejor hermano que el vecino más cercano.
   Antonio es poco conversador fuera de su radio de acción cotidiano, pero con frecuencia se aproxima a la cerca para enseñarle a mi niño una cría sedosa y tierna de los conejos que él atiende, o para conferenciar con mi esposo sobre cuestiones de mecánica.
   Creo que al vecino Tony le agradamos no por las panetelas que ocasionalmente surgen en mi cocina, sino porque la familia implica mucho más que compartir los apellidos.  

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