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¿Qué seré?

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     Lía está en duodécimo grado, a unos pasos de los exámenes para decidir su futuro profesional, y todavía no sabe cuáles son sus carreras preferidas. Un día menciona algunas ingenierías, y el próximo otras opciones completamente contrarias. Los familiares en casa ya muestran cierto nerviosismo y tampoco poseen suficientes elementos para aconsejarla.

       Viviana cursa el primer año en la universidad, entre letras y redacciones, pero ha descubierto que eso no es lo suyo, porque “esto no es lo que yo pensaba, nunca me explicaron bien.”

       Y así…, durante estos días algunos tienen una tormenta en sus mentes para definir cuál será el orden en la dichosa boleta, para optar por la Educación Superior; otros sienten arrepentimiento por haber cogido, meses atrás, una carrera que no les llena el alma, y, afortunadamente, varios como Beatriz saltan de alegría, porque en el aula universitaria encuentran la energía y el mar de conocimientos y posibilidades, con el cual siempre soñaron.

       ¿Por qué algunos tienen tantas dudas a las puertas del examen de ingreso? ¿Qué acciones se realizan en Cuba para favorecer la formación vocacional? ¿Cuán lamentable sería decidir mal en ese momento crucial?

       Las conversaciones con estudiantes de onceno y duodécimo grados y de primer año de la universidad, nos reveló algunas luces. Según los primeros, solamente conocen el nombre de algunas carreras, pero no las asignaturas ni en qué podrían trabajar luego. Dicen que, a veces, ni siquiera los secretarios docentes y profesores saben explicarles con seguridad.

       Quienes ya caminan por los pasillos de las Casas de Altos Estudios manifiestan que a ellos les sucedió igual, por eso han experimentado cierta sorpresa, en sus primeros meses con nuevos profesores y tareas diferentes.

       Entre los desilusionados, algunos son víctimas de sus propios padres, quienes les llenaron las boletas o insistieron en un orden, que no era el correcto, según los gustos y las capacidades de sus hijos.

       Los miro, los escucho…, y pienso en aquellos días de decisiones, cuando mis compañeros y yo estábamos en una situación parecida. Duele un poco percibir tanta similitud.

       En el país, existe el sistema de círculos de interés, para contribuir a la formación vocacional y orientación profesional, desde la niñez hasta concluir la secundaria básica, pero su diversidad es reducida y suele limitarse a lo tradicional.

       Durante la etapa de pantalones o faldas azules, en algunos lugares existen ejemplos interesantes de jornadas de puertas abiertas, cuando los alumnos pueden acceder a las comunidades universitarias, preguntar e intercambiar con sus integrantes. Pero eso no se aplica en todas partes, y numerosos jóvenes entran por primera vez a esas instituciones, ya cuando consiguieron el boleto en las pruebas de ingreso.

       Más allá de las propuestas habituales, como Medicina, Estomatología, Enfermería, las de Informática y Licenciatura en Sicología, los aspirantes suelen saber poco de otras. Incluso de    ingenierías muy mencionadas, como Telecomunicaciones e Industrial, expresan tener conocimientos casi nulos, en cuanto a particularidades y posibilidades de laborar después de alcanzar el título.

       ¿Acaso resulta muy difícil tener en cada escuela una caracterización de cada carrera, planes de estudio y perfiles profesionales? Verdaderamente, consideramos que es posible hacerlo, con frecuentes actualizaciones, para lo cual sería indispensable una mayor coordinación entre la Enseñanza Media y la Superior. Libros, como ¿Qué voy a estudiar?, merecen estar en manos de la totalidad.

       Los medios de comunicación y las familias también somos esenciales en la formación y orientación vocacional de las nuevas generaciones.

    Resulta pertinente incrementar los contenidos  sobre esos temas, sin obviar contextos y peculiaridades de cada territorio.

       Padres, tíos, hermanos… debemos informarnos mejor, averiguar, investigar… y ayudar a nuestros seres queridos a definir sus mejores opciones. También es vital alimentar, desde edades tempranas, sus verdaderas vocaciones, sin imposiciones ni pedirles el cumplimiento de sueños que no son los suyos. La responsabilidad es de todos.

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