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Coto a la indisciplina en instalaciones deportivas

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El cuidado de las instalaciones deportivas en Cuba no está en muchos lugares al nivel que se requiere, pues personas ajenas a la práctica de determinadas disciplinas incurren en el maltrato y deterioro de áreas destinadas al uso social.
   Lamentablemente y a la vista de una buena parte de la población se aprecian cómo en determinados centros de entrenamiento o de prácticas, incluso en escuelas, se sustraen por personas inescrupulosas desde los alambres de los cercados, postes y hasta las propias luminarias.
   Este panorama implica, por demás, un mayor cuidado de tales centros, como resulta el caso de la provincia de Holguín, azotados muchos de estos por “huracanes humanos” ajenos a cualquier sentimiento de pertenencia.
   El softbol es una de las modalidades de gran arraigo y práctica en esta zona de la isla, donde es visible el deterioro de sus terrenos a causa de quienes sin conciencia de sus valores penetran en ellos y les ocasionan daños palpables.
   En algunos de ellos resulta evidente también el maltrato hacia determinados componentes, como la pérdida o deterioro de cercas perimetrales, la presencia de animales pastando y hasta el hurto de instrumentos de seguridad.
   En estos y otros sitios se observa, cotidianamente, la acumulación de desechos sólidos, vertidos por vecinos o transeúntes en zonas aledañas.
   A ello se suma que en reiterados casos, los terrenos se convierten en “vía pública” para el caminante, con el fin de acortar distancias antes de llegar a su destino, dejando atrás huellas de intolerancia que requieren entonces de nuevas inversiones para devolverles su originalidad.
   El béisbol, pasión de todos los cubanos, deviene otro de los escenarios donde prevalece la incertidumbre de otro mal que año tras año atenta contra el pasatiempo nacional por la pérdida de decenas de pelotas en cada juego, artículo que cuesta a la economía doméstica alrededor de nueve dólares  la unidad.
   En el recién concluido primer torneo hasta 23 años, los mal llamados aficionados que se aglomeran en las afueras del estadio Calixto García, se han convertido en cazadores de pelotas: se apropiaron de más de 400 en 24 partidos, según datos de la comisión provincial de la disciplina.
   La indolencia de aquellos quienes cometen actos de indisciplina social como estos, precisamente contra un sector que es orgullo del sistema socialista de Cuba, merece el rechazo de la comunidad, la afición, las nuevas y viejas generaciones, protagonistas, junto a los atletas, de cada espectáculo deportivo organizado en el país.

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