El agosto de las costureras cubanas

 dai-liem.jpgPor fortuna, y por el amor que le tienen a su oficio, en cada barrio de Cuba existe al menos una costurera (o costurero), cuyos útiles servicios nos sacan de apuros, o materializan para nosotros los diseños de moda.
   Justo en agosto último supe de no pocas personas a quienes les fue muy bien desde el punto de vista económico, aunque pasaron las llamadas vacaciones de verano entre hilos y puntadas. Algo bueno para una nación que procura elevar el bienestar de su ciudadanía y ha dado luz verde al cuentapropismo con este y otros propósitos.
   Pero la citada bonanza económica no se debió tanto a la confección o ajuste de vestidos, pantalones, shores o blusas a tono con la estación.
   En ese resultado tuvo un peso considerable el “milagroso” y agradecido arreglo de uniformes escolares de niños y jóvenes, urgidos de empezar el curso con un atuendo a su medida, pese a que muchos tuvieron que ser comprados dos y hasta tres tallas por encima, debido a la inadecuada disponibilidad existente en las tiendas de la red de comercio minorista.
   Y conste que hablo de medidas estándares, no las de chicos o chicas muy pequeños, pasaditos de peso o muy grandes para esas edades. Desconozco avatares o fortunas en esa situación.
   uniforme.jpg¡Cuántos padres habrán sufrido lo que yo, llamando o viajando de establecimiento en establecimiento, en mi caso del extenso municipio de La Habana del Este, sin encontrar la talla de uniforme de mi hija, que felizmente comenzaría onceno grado y ya tenía otros dos del curso anterior!
   Gracias a ello no sentí la desesperación de los familiares de alumnos  principiantes de alguna enseñanza, quienes veían cómo se esfumaba agosto sin poder solucionar el problema.
   Estoy segura que en el octavo mes del año el “corre corre” fue grande en muchos hogares. No faltó el sabio consejo de la abuela: si no hay la 10 compra la 14 y se la llevamos a Finita, la costurera, para que lo arregle, ella hace “maravillas” con su máquina de coser y ni se va a notar el cambio.
   Pero no solo las Finitas cubanas tuvieron que poner manos a la obra. He sabido que hasta los más hábiles de cada hogar, sin ostentar la condición de sastres o costureras, y pasado mucho tiempo sin sentarse a coser ni un dobladillo, se vieron precisados en algunos casos a “resolver” el problema del niño o la niña.
   Porque, ¿qué no haríamos para que “la luz de la casa” pueda lucir correctamente su uniforme nuevo el primero de septiembre?
   El informativo espacio Mesa Redonda de la televisión nacional dedicado al curso escolar y sus preparativos,  abrió la transmisión con el asunto de la venta de uniformes debido a la cantidad de quejas reportadas desde todas las provincias del país.
   Allí Sara del Pilar Vidal Pita, directora de Ventas Minoristas y Registro de Consumidores del Ministerio de Comercio Interior, señaló que no hay ausencia de este producto, sino dificultades con el tallaje.
  Y pregunto, ¿de qué vale que haya hasta la saciedad en varios establecimientos la talla 20 de blusas o camisas, si gran parte de los  estudiantes usan de la 12 a la 16, por citar un ejemplo? Es cierto que hay uniformes, pero no les sirven.
   También la funcionaria recalcó que la venta se efectuará hasta el 31 de diciembre venidero, y los organismos involucrados en la tarea han tomado cuenta de que el proceso necesita perfección y están dispuestos a darle solución a los problemas que puedan surgir hasta esa fecha.
   Francamente, en este asunto julio y agosto son claves y por ello en tales meses se debe poner el mayor empeño para que todo salga bien y sea una fiesta el estreno de los centros docentes al iniciar septiembre.   
   De cualquier forma, fue un azaroso estío para quienes se embarcaron en este “cruce del Niágara en bicicleta” promovido por el desbalance oferta-demanda en la comercialización de los indispensables atuendos escolares.
   Por demás, celebro la dedicación y esfuerzo de costureros y costureras, manos salvadoras que ya sabemos disponibles en caso de que vuelvan a presentarse “baches” o  tantos “fuera de talla” en  la venta de uniformes escolares.

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