¿Aniversario redondo?

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Lo escuché días antes del 23 de agosto de 2014. Alguien anunciaba actividades con motivo del cumpleaños de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y resumía diciendo que, de ese modo, festejarían el aniversario 54 y comenzarían a prepararse para el próximo año, cuando la organización cumplirá 55, “aniversario redondo”.
   Pensé que, realmente, deben ser pocas las personas bien informadas acerca del origen del intento de restar importancia a los cumpleaños que no terminan en cero o  cinco.
   También pensé que lo más importante no es conocer el origen, o la poca razón que asistió a quienes comenzaron esa práctica.
   Lo importante es el daño que genera, sobre todo en un país como Cuba, cuyo pueblo ha tenido que erguirse, desde siempre, acechado por el más poderoso y cruel de los imperios.
    Esta sola razón, aunque no existiera otra, nos obliga a aprovechar todas las oportunidades para crear, sembrar, consolidar y propagar las ideas que nos distinguen y nos sostienen como pueblo, como patria y como nación.
   Ahora, en el siglo XXI, estamos obligados a profundizar y consolidar el conocimiento de la historia; realizar acciones efectivas para la formación cívica de las personas, y garantizar la presencia de quienes deben participar en cada una de esas acciones.
   Pero esto no nos puede conducir a sembrar hábitos poco realistas, o anticulturales, como el pretender dejar sentado que existen aniversarios de un mismo hecho o de una misma personalidad, más trascendentes que otros.
   O lo que es más difícil de entender: que determinado acontecimiento o héroe debe ser homenajeado todos los años, y otros no.
  No estamos en condiciones de recordar todos los acontecimientos y personalidades con actos masivos. Eso es verdad; como tampoco estamos en condiciones de hacerlo con eventos científicos.
   Pero los actos y los eventos no son las únicas, ni las más efectivas, maneras de hacerlo.
   Es necesario traer a la memoria las campañas de propaganda que combinaban ciclos de conferencias, charlas, eventos científicos, exposiciones, mítines en escuelas y barrios, clases en las aulas, actualización de murales, divulgación en los medios de difusión, actos y un largo etc.
   De ese modo, los actos venían a resumir programas, cuyos objetivos estaban bien definidos, y uno de sus puntos fuertes era que no resultaban  aislados ni inesperados.
   Ahora, cuando se han “perdido” las demás acciones, muchos actos dejan la impresión de que el objetivo era hacerlos, y nada más.
    Además, como dije, estamos generalizando la creencia, sin fundamento, de que es más importante cumplir 50 años que 59.
   Así sucede con respecto a determinados hechos y personalidades, mientras en otros casos, como es lógico, necesario y correcto, nos empeñamos en demostrar que todos los cumpleaños tienen igual trascendencia, y deben aprovecharse con fines educativos.
   Subrayo esta frase, fines educativos; porque asistí, con dolor, a una recordación en la cual cierta organización colocó una corona de flores frente a  un monumento patriótico, pero no se dijo una sola palabra.
   También, como la vida es la vida, y lo humano se conjuga con el error, algunos importantes aniversarios “cerrados” o “redondos” quedan fuera de los planes y no se aprovechan para nada.
   El común de los mortales tiene derecho a preguntar, entonces, si cuesta mucho movilizar a una o más instituciones culturales, preparar una buena charla, reunir al CDR que tiene el nombre implicado y apoyarlo con otros, aprovechar adecuadamente el mitin de un colegio, etc, etc.
  Quede claro que los vivos somos los necesitados, y bien necesitados, de hacer recordaciones, y, más que eso, aprender de los muertos memorables para cumplir, con dignidad, nuestros deberes.
   En ocasiones no sabemos cómo actuar, o equivocamos el paso, sencillamente porque no conocemos la historia de la familia, el barrio, el municipio, la provincia o el país.
   Los años venideros pueden ser tremendamente retadores, pero la historia nos puede ayudar.
   Por ejemplo, podemos sacar provecho a los bicentenarios de fundadores de la Patria, como Mariana Grajales, nacida en 1815; Carlos Manuel de Céspedes y Perucho Figueredo (1819), Francisco Vicente Aguilera (1821)…
    En fin, no hay aniversarios redondos, cuadrados, cerrados ni abiertos.
   El negocio “redondo” consiste en aprender de la historia para no repetir errores, avanzar con mayor rapidez, y mostrar a los descendientes ejemplos concretos, creíbles e imitables, en la alimentación de la subjetividad, las convicciones, la espiritualidad y los valores.

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