La Habana, Lunes 24 de Julio de 2017 12:43 pm

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Ni un sorbito de ron ni un cigarrillo lo hará más hombre

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En ocasiones los progenitores nos equivocamos al creer que estamos transmitiendo a nuestros hijos las enseñanzas útiles, necesarias y se nos va el tiempo, entre mimos y sonrisas, enseñando al pequeño a encender un cigarro o a beber un sorbito del ron con el que brindamos ante amigos.

Ninguno de esos adiestramientos lo hará más hombre, como muchos piensan de manera errónea, todo lo contrario. Estaremos fomentando en esa primera etapa de vida de nuestros descendientes hábitos altamente perjudiciales que pueden convertirse en fatales adicciones.

Porque son otros elementos los que determinan la madurez y la proyección de un joven, algo que debía estar por encima de esos conceptos machistas que aún tienen muchos seguidores en nuestra sociedad.

Cada día observamos que son numerosos los jóvenes que comienzan a incursionar en el tabaquismo, muchas veces porque sus padres fuman o porque tienen compañeros de estudio que también lo hacen y los invitan a echar una fumadita.

De esa primera vez pasan a otras y así, sucesivamente, hastan convertirse en un elemento del cual no pueden prescindir. Algo similar sucede cuando desde pequeños se les da a beber un sorbito de ron para reír con las muecas que hace, o se les permite tomar un poco de cerveza porque refresca.

Así, en la adolescencia comienzan a manifestar un marcado gusto por las bebidas alcohólicas y pueden convertirse en adictos, con la agravante de que fue en la casa donde se les inició en ese gusto.

En cuanto a las niñas, existen tendencias que van en detrimento del candor infantil. Dígase la enseñanza de bailes en los que el acentuado movimiento pélvico resulta de mal gusto y mella la ternura propia de las edades tempranas.

Muchas veces en los cumpleaños de los niños se propician reuniones que van más con el gusto de los mayores que con el del homenajeado y sus compañeritos. La sonrisa del infante debe surgir a partir de aquello que va con su edad, del esparcimiento sano, la canción, el cuento o el chiste acorde con sus años.

Hay chicos a los que no se les estimula el amor al estudio, ni el debido comportamiento ante sus profesores o personas de mayor edad, y por consiguiente su conducta comienza a ser rechazada por quienes le rodean.

En un hogar donde exista la armonía y la preocupación de la familia por el fomento de buenos hábitos de conducta en los más pequeños, no habrá que lamentar males mayores cuando lleguen a la adolescencia.

Educar sin alardes de fuerza, pero con firmeza, es el primer eslabón de esta cadena a favor del respeto, de la solidaridad, de la cortesía, de la integridad en la conducta de cada ciudadano.

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