Cuentapropismo: entre beneficios y no pocos desafíos

 

Hace casi tres años, tras amplio debate popular, la economía cubana reorientó el rumbo hacia un escenario en el que se apuesta por la actuación de un descentralizado y dinámico sistema empresarial, junto a otros actores, importantes también para alcanzar mayores índices de eficiencia.

  Poco antes (finales de octubre de 2010), con renovados bríos había arribado al panorama nacional el trabajo por cuenta propia, como alternativa de empleo ante el proceso de reordenamiento laboral en el país que se desarrollaría de forma gradual.  

   Próximo a cumplir cuatro años la reapertura del llamado cuentapropismo, ¿cuál ha sido su comportamiento? ¿Puntos de encuentros o rupturas con etapas de desarrollo precedentes? ¿Pieza clave dentro del ajuste estructural?

   Hoy, a diferencia de la década de los 90, cuando esta modalidad de gestión tomó fuerza en Cuba, sus fuentes de formación y reproducción han incluido, además de jubilados y trabajadores asalariados con doble vínculo laboral –predominantes en aquellos tiempos de período especial-, a desocupados, amas de casa, estudiantes y a empleados que resultaron disponibles.

   Informaciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) revelaron que al cierre de febrero existían 455 mil 577 cuentapropistas, cifra que advierte la sostenida incorporación de mujeres y hombres a las actividades privadas, al incrementarse en 11 mil 468 con respecto a los contabilizados a fines de noviembre de 2013.

   Asimismo, al comparar tal comportamiento con respecto a la apertura en los 90, se aprecia un notable aumento, pues según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información en 1994 alcanzó121 mil  la cantidad de cuentapropistas y en 2005 tuvo un máximo de 165 mil.  

   El ascenso actual muestra a las claras una mayor aceptación de este sector por la sociedad, y sobre todo, la voluntad del Estado de impulsar su desarrollo.

   Y es que el avance del trabajo por cuenta propia  se ha debido a medidas y acciones aprobadas durante estos últimos cuatro años: acceso a créditos bancarios (servicio sin explotar aún en su totalidad por los actores), posibilidad de contratar empleados y de arrendar locales, incorporación de nuevos oficios (de 181 a 201), beneficios en materia del pago de los tributos, derecho a la seguridad social y a sindicalizarse, y cursos de capacitación, por solo citar algunos.

    Resulta que además de ser una modalidad de empleo, el cuentapropismo se concibió también como elemento capaz de contribuir a que el sistema empresarial, núcleo central de la economía cubana, se concentre en las grandes producciones y servicios  en aras de favorecer las arcas financieras del país.

    En ese sentido, si bien quienes lo ejercen aún no representan ni el 10 % del total de ocupados en Cuba, y por tanto, su aporte en términos macroeconómicos resulta ínfimo, su evolución ha tenido un impacto positivo en la oferta de bienes y servicios de consumo tan cercanos a la población, entre estos, la elaboración y venta de alimentos y el transporte de cargas y pasajeros.

    Pero, no obstante tales beneficios, ciertas situaciones surgidas durante la práctica del ejercicio han alejado un tanto a esa figura de constituir realmente una pieza clave dentro del ajuste estructural: indisciplinas, falta de cultura tributaria y crediticia, proliferación de emprendimientos apenas sin destrezas ni estudios previos…

    A ello se suma no pocos desafíos que marcan el decursar de este modelo de gestión de la economía cubana, en un escenario pautado por continuas transformaciones en busca de su perfeccionamiento.

   Así, figura entre las constantes demandas la falta de un mercado mayorista para la compra de insumos, lo cual ha generado la restricción de la capacidad de ofertas en la población, elevados precios y la proliferación de ilegalidades, situación que condujo a fines de septiembre de 2013 a redefinir la denominación y alcance de cada oficio.  

    A su vez, todavía afloran incomprensiones y recelos por algunos directivos, reflejado en la débil práctica de los mecanismos de articulación y complementariedad del sector estatal con los cuentapropistas, no obstante el llamado de la máxima dirección del país de potenciar estos vínculos de trabajo.

    Resultan conflictos que tanto daño hacen a cualquier proceso de reformas y que más de una vez han sido advertidos por el Presidente Raúl Castro: “sin cambiar la mentalidad no seremos capaces de acometer los cambios necesarios para garantizar la sostenibilidad, o lo que es lo mismo, la irrevocabilidad del carácter socialista y del sistema político y social consagrados en la Constitución de la República”.

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