Guerra avisada

Lo que sucede, conviene, y varias lecciones hemos de sacar los cubanos de ZunZuneo, ese engendro made in USA con fines subversivos y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, como herramientas para tan sucio trabajo.
No se ha dicho por qué el gobierno de EE.UU. abortó el plan. Tampoco está claro por qué solo ahora es que se habla de un programa abandonado hace un buen rato. Definitivamente, el escándalo de ZunZuneo me huele a ajuste de cuentas y a zancadilla política: un querer "serrucharle el piso" a la Agencia Internacional de Estados Unidos para la Ayuda al Desarrollo (USAID), igual que a Barack Obama y al Partido Demócrata.
Como sea, el caso es que se destapó la olla y -mejor aún- que la revelación fue hecha, no acá, sino allá y nada menos que por la Associated Press, pues eso deja colgados de la brocha a los que en el mundo y, dolorosamente también en casa, suelen hacer oídos sordos a las denuncias de Cuba o afirman que son exageraciones del Gobierno, más de lo mismo y pura paranoia.
"Bájate de esa nube y vuelve aquí a la realidad",  parece decir ZunZuneo a quienes creen que el bloqueo se está acabando y que la política norteamericana hacia la Isla hoy es más flexible, cuando en verdad aquí, como en todas partes, poco o nada se ha visto del cambio prometido por Obama a sus conciudadanos y a la comunidad de naciones.
El cuartito está igualito. He ahí la primera moraleja del cuento de horror y misterio, sin pizca de ficción, que es esta operación secreta para llegar a miles de cubanos a través de sus móviles con mensajes de texto, inicialmente sobre cultura y deportes.
Quienes mordieron el anzuelo -jóvenes la mayoría- aseguran que les pareció algo light, intrascendente, entretenido, una buena opción para interrelacionarse con los amigos, tanto más atractiva porque el envío de SMS no les costaba un centavo.
Y es su apariencia inocua lo que hace más avieso e innoble el proyecto, cuyo verdadero propósito -lo admiten sin tapujos ni sonrojos- era crear una plataforma de contenidos políticos para sembrar la desconfianza, desmoralizar y desmovilizar, fomentar el descontento y la discordia, inducir una "primavera cubana", a golpes de tuits y acabar de una vez por todas con la Revolución.
¡Claro que sí! ¿Cuál si no es la obsesión del Imperio y qué no habrá hecho para lograrlo? Porque, bien están Newton y su teoría, pero si puede sacudir la mata, cortar la rama, apurar con químicos la maduración, lanzar piedras a lo alto, cualquier cosa para ayudar a la gravedad en su tarea, mucho mejor. Así piensa y ha actuado desde el primero de enero de 1959, y sobra decir que la fruta es Cuba y, la apuesta, a que caiga.
Tal como lo veo, ZunZuneo hizo de avanzadilla para tantear el terreno. Por grande que sea su poder y por muy dueños que se quieran y crean del mundo y hasta del ciberespacio, bien saben los de enfrente que en lo que a esta islita respecta, dos más dos jamás les ha sumado cuatro.
Pero, no nos hagamos ilusiones. En las TICs han descubierto un arma menos ruidosa que las bombas, pero igual de letal; la han probado con éxito en otras partes y no se quedarán con las ganas de usarla contra Cuba.
Guerra avisada no mata soldado. El reciente VIII Congreso de la UNEAC volvió a colocarnos frente a una idea, lanzada por Fidel cual proclama para todos los tiempos en la quinta de esas citas, en 1993, y que ofrece la fórmula vendedora: "La cultura es lo primero que hay que salvar".
En el apogeo del Periodo Especial pronunció esas palabras. Conociéndolo, de más está decir que no fue en un arrebato de inspiración ni para agradar los oídos de artistas e intelectuales con una hermosa frase de ocasión. Pero, ¿por qué la cultura y no algo más tangible y perentorio en una situación tan precaria?
Para Fidel, no se trataba de abandonar el barco llevando esto o lo otro, sino de impedir que se fuera a pique, salvarlo y salvarnos del naufragio. De muchas cosas se puede prescindir cuando es cosa de vida o muerte, pero no se salva una nación ni habría Revolución ni futuro posible, sin la cultura.
Entiéndase que hablamos de la cultura en su sentido más amplio, que trasciende lo artístico y literario para abarcar ese inconmensurable legado, que es la obra humana toda, material y espiritual.
Cultura, sí, que se revela en nuestra manera de vivir, pensar, comportarnos, hablar, vestir y hasta bailar, e igual en nuestros gustos, valores, sentimientos, creencias y afectos; que nos hace específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos y que, a nivel de sociedad, construye y afianza una identidad, para nosotros orgullosa cubanía, que nos permite reconocernos como pueblo y abrirnos al mundo sin dejar de ser.
Las esencias y, también, las fortalezas y mayores reservas de un pueblo -y especialmente del cubano- están en su cultura: en el conocimiento, espiritualidad, valores, memoria histórica, ideales, conciencia crítica, que todo eso da a los seres humanos la capacidad de reflexionar, la posibilidad de discernir, la libertad de elegir, y nos hace menos vulnerables a caer en trampas y a ser manipulados.
Basta mirar en nuestro entorno e, incluso, dentro de nosotros mismos, para darnos cuenta de que esas defensas han de ser reforzadas y ampliadas, y urge, además, pasar a la ofensiva. No queda otra si queremos ganar esta guerra ideológica, que nos mantiene bajo asedio y el bombardeo de la pseudocultura con toneladas de bazofia disfrazada de entretenimiento y fabricada por los poderosos para dañar el "disco duro" de la gente.
Fue Sócrates quien dijo  -y nos lo recuerda cada sábado la colega Magda Resik en el espacio Espectador crítico-,  que el conocimiento es la virtud, y solo si se sabe se puede divisar el bien. También el mal, valdría añadir, para completar la idea.  Saber distinguirlos, conocer la diferencia, es la única garantía de que jamás nos pasen gato por liebre o, como en este caso, águila por zunzún.

 

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