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¿Quién es el último?

El efecto psicológico causado en la población a partir de la escasez de productos esenciales y de consumo ha provocado que muchos cubanos se hayan acostumbrado a pedir el último en cualquier cola encontrada a su paso.
  Primero preguntan en alta voz  y luego averiguan el artículo en venta. Esto forma parte de la conducta cotidiana y no es censurable siempre que exista un respeto por el derecho de quien marcó primero.
  Pero en la práctica no sucede así. Además de los que se cuelan con amigos y conocidos y alargan la fila, hay otros que rehacen la cola hasta 10 veces con el fin de comprar en exceso y luego revender a mayor precio.
  Por estos días en la capital del país, la aparición de papas en placitas y agromercados destapó la caja de Pandora. Con solo ver o escuchar que llegó un camión con ese tubérculo se iba creando la aglomeración de personas fuera del local.
  Y en ese grupo se alistan amas de casa, jubilados, trabajadores, pero también los revendedores, quienes acaparan y luego aumentan el precio del producto.
   Aquel que  tiene dinero y no alcanzó o no participó del barullo formado ante el mostrador, entonces lo adquiere un poco más caro a través de los acaparadores, muchos de los cuales hacen también su “cuadre” con el encargado del almacén y por detrás sacan las jabas repletas.
  Es cierto que la producción de papas este año ha sido menor porque, según informaciones publicadas recientemente, las hectáreas cultivadas en la campaña actual representan el 57,3 por ciento de lo plantado en la de 2012-2013.
  Esa disminución significativa de las áreas se debe al incremento de los costos de los insumos en el mercado mundial, fundamentalmente los que necesita este cultivo, entre estos los fertilizantes, plaguicidas, semilla y sacos, según dio a conocer Gilberto Díaz, jefe de Cultivos Varios del Ministerio de la Agricultura.
  Pero a eso se suma el reparto mal repartido, y valga la redundancia, de ese alimento. Lo poco, aunque no alcance para todos, al menos si se entrega con un control de tantas libras o kilógramos por persona, favorece a más familias.
  Igual en estos últimos meses han desaparecido de los  mercados, tanto de los industriales en moneda nacional como el de pesos convertibles, las lámparas de luz fría. Antes se podían adquirir en esas ferias tipo mercadillo donde había hasta lo inimaginable. Pero, ahora ¿dónde están?
  Una colega hace pocos días refirió haberlas visto en una tienda recaudadora de divisas o TRD, como se les conoce, en Centro Habana, donde la cola era numerosa y una dependienta las expendía fuera del local, argumentando que no había luz dentro.
  Muchos y muchas compraron más de una o dos o tres, porque luego los revendedores pasaron por barrios de la capital pregonando la venta de ese artículo tan necesario.
   Y qué decir de los bombillos ahorradores. Es difícil encontrarlos. Ahora bien, si indagas un poco, seguramente alguien te dice: Fulana los tiene, eso sí, un poco más caro que en la tienda.
    Acciones ilícitas como el acaparamiento y el contrabando de alimentos y artículos cuyas ofertas son menores, ocurren a diario. Hay pasividad en su enfrentamiento, no como hace unos años atrás cuando por la televisión eran publicados los operativos realizados en tiendas capitalinas.
  Previamente se iba estudiando y hasta grabando a las personas que cada día eran punto fijo en los mercados de ropa o alimentos. Las mismas caras aparecían una y otra vez en esos lugares. Era como si su centro de trabajo fuera ese: ser colero y revendedor.
  En estos tiempos continúa la escasez de productos esenciales y de consumo como años atrás. Lo ideal sería tener de todo y para todos, pero desgraciadamente no es así.   
  Ante tal situación, habrá que volver a esos controles por parte de los encargados del orden público, tendrán que poner en las tiendas un mínimo y un máximo de productos y artículos vendidos por persona, habrá que asumir una actitud crítica e ir del verbo a la acción. (Por María Elena Balán Sainz, AIN)    

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