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Guantánamo, 18 dic (ACN) De impensado calificó el monto de la pensión cobrada hoy la guantanamera Ernestina Rodríguez Piñón, al formar parte de más de un millón 700 mil personas beneficiadas en Cuba por la Seguridad Social, de acuerdo con lo prescrito en la Tarea Ordenamiento.


Casi mil 700 pesos, una cantidad considerablemente superior a los 350 a los que tenía derecho como jubilada, engrosarán ahora el núcleo familiar que conforma con su esposo, pensionado de las Fuerzas Armadas, y permitirá a ambos cubrir holgadamente la canasta de bienes y servicios de referencia, e incurrir en algunos gastos adicionales.


La decisión ha sido cuidadosa en extremo, pues anticipa mil pesos para enfrentar los precios del nuevo año que se avecina, y el final del 2020, en que comienzan a comercializarse los productos asignados para enero próximo, en la libreta de abastecimiento, declaró a la Agencia Cubana de Noticias la sonriente y entusiasta septuagenaria.


“Solo esta Revolución es capaz de conjugar esfuerzo e inteligencia para efectuar esta Reforma, en medio del recrudecimiento del bloqueo criminal de
Estados Unidos, y mantener a raya una pandemia devoradora de recursos financieros y humanos”, añadió.


Lastima a Ernestina, poseedora de una extensa hoja de servicios a la Revolución, que en muchas conversaciones prevalezcan el alza de los precios, y se omitan los evidentes efectos positivos del aumento de los salarios en la familia cubana.


Confiesa que agradecería escuchar en esos diálogos el esfuerzo que requiere la sostenibilidad de esa decisión, mediante el incremento de la productividad del trabajo e incluso de la disciplina para combatir al Sars-Cov- 2, contingencia erogadora de grandes recursos, financieros y de fuerza de trabajo.


Ernestina constituye ejemplo plausible del empoderamiento de la mujer en Cuba.


Nacida en los campos de Baracoa, fue de las primeras muchachas cuyas edades oscilaban entre 14 y 17 años captadas por la FMC y posteriormente graduadas de técnicas de corte y costura en las Escuelas para Campesinas Ana Betancourt, en La Habana.


El proyecto, liderado por aquella organización de masas –en la que luego la entrevistada ocupó grandes responsabilidades en la provincia- permitió a miles de jóvenes de lugares inhóspitos del país elevar el nivel educacional y prepararse como profesoras de corte y costura.


“Allí aprendí a coser, a comer, caminar, socializar y a hablar correctamente, vi por primera vez la televisión, y de cerca a Fidel y a Vilma Espín, que nos visitaban con frecuencia”, declara con auténtica modestia y emoción.


“Pasamos por instantes cruciales, en los cuales estamos obligados a avanzar contra viento y marea, para llevar adelante a esta Revolución, que lo único que solicita de cada cubano es que le sea fiel”, subraya finalmente.

 

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