Los cambios hechos en las reglas del judo bajo la luz del Nippón Budokán

Escrito por César López Gil | Foto: https://olympics.com/tokyo-2020/es/

 Los cambios hechos en las reglas del judo bajo la luz del Nippón Budokán

Tokio, 29 jul(ACN) La lid olímpica de judo ya está en los últimos compases e Ippones, y entre las notas que deja su realización hasta este viernes 30 de julio por las tierras de su creador, Jigoro Kano, es el dominio de los locales y la caída de una buena cantidad de los mejores ubicados en el ranking mundial, que partían como favoritos.

Que los japoneses dominen no es noticia, ni que dijeran adios consagrados ante figuras más jóvenes tampoco, pero si ha asombrado a muchos de los seguidores de un deporte nacido de las milenarias artes marciales de este país como los cambios y ajustes en los reglamentos pueden transformar la práctica, y hasta la visión, de una disciplina caracterizada por ser bien estricta con sus tiempos de ejecución y la presencia activa de los árbitros y jueces.

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En lo concreto, decenas de combates se fueron a la Regla de Oro (cuando hay paridad de puntos entre los contendientes y concluyen los cuatro minutos oficiales de combate), y muchos de ellos se extendieron innecesariamente, pues los atletas se dedicaban prácticamente a moverse de aquí allá sobre el tatami, esperando su oportunidad pero sin mostrar la explosividad, ejecutoria técnica depurada y consecutividad que le es intrínseco al judo.

Es que desde el 2016 la Federación Internacional que rige este deporte anunció cambios que buscaban fomentar un judo más agresivo y ofensivo y hacer que los combates fueran emocionantes.

Adaptaciones sobre las formas de puntuación, seguridad, ataques y contraataques, el control en el ne-waza (combate a nivel del suelo), los agarres, y las penalizaciones o shidos estuvieron entre los cambios, todo lo cual es aplaudible siempre y cuando su aplicación vaya a favor de los objetivos que se buscan al promulgarlos.

Se logró en Tokio 2020? pues ya el ente federativo hará sus evaluaciones, y se verá si este espíritu de modernización se corresponde con el apellido que le pusieron a estas modificaciones: "para el actual ciclo olímpico". Seguro se mantendrán pues este es un camino sin retorno, para consternación y crítica de los puristas.

Pero la revisión que hagan deberá tener en cuenta lo acontecido en el imponente Nippon Budokán, donde actuaron 193 mujeres y similar cantidad de hombres desde el 24 al 30 de julio.

En este templo de las artes marciales se apreciaron momentos de algo así como "anti-judo", pues en un número apreciable de combates los contendientes no hacían todo lo esperado por aplicar cualquier de las 100 técnicas o acciones que tiene este deporte, mientras que los árbitros (sobre todo el denominado central -que tiene el control de la pelea y la aplicación estricta de las reglas), no decretaban en el momento oportuno los "shidos" que obran como advertencias de que no puede haber pasividad y si llegan a tres pues el penalizado pierde el combate.

Mucha mayor permisividad no siempre dejó mejores peleas, algunos de los atletas se encomendaron a dejar pasar el tiempo y buscar una acción ocasional que le reportara la victoria.

Hubo peleas de 16.41 minutos, como el de la japonesa Chizuru Arai y la rusa Madina Taimazova. Esta última tuvo una de 14,58 minutos con la brasileña María Portela anteriormente.

Estas fueron emocionantes batallas, pero otras también extendidas luego de los 4 minutos reglamentarios no lo fueron, y alguien avezado en los conocimientos del judo notaría que los jueces dieron mucho mucho espacio y fueron poco o nada proactivos para lograr la combinación de espectacularidad y acción inteligente que caracteriza al judo.

El tiempo acumulado por Arai para conquistar el cetro en la división de los 70 kg fue de 29:32 minutos, sin embargo para otra estelar, la francesa Clarisse Agbegneno, de los 63 kg, fue de 12:57, y para la fuera de clase kosovar Distria Krasniqi de los 49, fue solo de 10:39. Son datos que poco dicen al común de los amantes del deporte, pero si muy demostrativo a quienes guían los destinos del deporte creado por Kano, y cuyo traducción literal es Camino de la Suavidad.

A fin de cuentas, este es un deporte de combate, no de bailar pegados o despegados en una coreografía simuladora, con una filosofía que expresa que el objetivo es derribar al oponente al suelo usando su propia fuerza o forzarlo a rendirse en un área de lucha de 10 metros x 10 metros.

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No se puede decir que es un deporte violento, sino más bien todo lo contrario. Aquí hay fuerza física pero no es un elemento fundamental, y desde que se reglamentó su práctica hasta convertirse en una de las disciplinas más populares en el mundo uno de sus principios es conseguir la mayor eficacia con el mínimo esfuerzo posible. Para vencer se tienen 240 segundos, no más.

Ojalá y la aplicación de los cambios ayuden a esos conceptos primordiales y el judo siga el extraordinario camino de éxitos que avizoró Jigoro Kano cuando creo su escuela Kodokán en 1882.
 

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