Pruebas empleadas para apoyar la narrativa del "síndrome misterioso" no son científicamente aceptables, afirman expertos cubanos (+PDF)

 

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La Habana, 13 sep (ACN) Un grupo experto creado por la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) para examinar los incidentes de salud no explicados que afectaron a empleados de Estados Unidos en La Habana concluyeron que las pruebas utilizadas para apoyar la narrativa del "síndrome misterioso" no son científicamente aceptables en ninguno de sus componentes.

El informe, publicado en la página web de la ACC, señala que numerosas publicaciones científicas, opiniones de expertos y estudios sobre el terreno en esta capital impugnan o refutan las pruebas presentadas, e incluso, la mayoría de las afirmaciones que aparentemente apoyan la historia fueron incluso descartadas por el propio comité permanente de NASEM.

“Los expertos internacionales y cubanos descartan la idea del arma de microondas por considerarla incompatible con los sucesos de La Habana y con la ciencia establecida”, refiere el texto.

Subraya que debido a la falta de información no pueden saber qué ocurrió exactamente, sin embargo, basándose en los informes de Estados Unidos y Canadá y en los estudios de campo realizados, pueden ofrecer una contra-narrativa que pone en tela de juicio cada una de las afirmaciones reseñadas.

En primer lugar, afirman que resulta imposible que algunos empleados estadounidenses mientras estaban destinados en La Habana se sintieran enfermos debido a una colección heterogénea de afecciones médicas, algunas preexistentes antes de ir a Cuba y otras adquiridas por causas comunes como enfermedades relacionadas con la edad, traumatismos craneales debidos a actividades deportivas y estrés, entre otras muchas posibilidades.

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Aclaran que sólo una minoría de estos casos presenta disfunciones cerebrales notables, la mayoría debidas a condiciones pre-existentes (causadas por enfermedades naturalmente adquiridas y prevalentes o por traumatismos craneales), y otras debidas o a los trastornos neurológicos funcionales antes mencionados.

Los expertos agregan que ninguna forma de energía conocida puede causar selectivamente daños cerebrales (con una precisión similar a un haz de láser) en las condiciones descritas para los supuestos incidentes, y que las leyes de la física que rigen el sonido, los ultrasonidos, los infrasonidos o las ondas de radiofrecuencia (incluidas las microondas) no lo permiten, como han reconocido los expertos estadounidenses e internacionales.

Otra impugnación es que aunque existen armas que utilizan el sonido para dispersar a las multitudes, o microondas para desactivar los drones, son de gran tamaño y no hay posibilidad de que pasen desapercibidas (o dejen rastro) si se hubiesen desplegado en la ciudad, además de que no pueden producir los efectos selectivos de personas descritos en los supuestos incidentes.

Asimismo, añaden, “no es posible descartar las explicaciones psicogénicas y tóxicas de muchos síntomas en algunos casos sin más investigación. En concreto, todas las condiciones para la propagación psicógena del malestar estaban presentes en este episodio.”

El informe destaca que la ACC está dispuesta a revisar sus conclusiones si surgen nuevas pruebas e invita a que se hagan los esfuerzos para refutar sus interpretaciones en un clima de colaboración científica abierta.

De igual manera, rechaza firmemente como "verdad establecida" una narrativa construida sobre bases endebles y una práctica científica defectuosa.

Los expertos lamentan la falta de información médica adecuada sobre los pacientes para llevar a cabo su trabajo y las restricciones impuestas a la colaboración con los investigadores norteamericanos que participaron en las evaluaciones de los involucrados.

Asimismo, la ACC reiteró su disposición a colaborar con las NASEM y con cualquier otra contraparte estadounidense o internacional, con el objetivo de comprender mejor los incidentes de salud de dichos diplomáticos y sus familias.

Integraron el grupo de expertos Luis C Velázquez-Pérez, neurocientífico y presidente de la Academia de Ciencias de Cuba; Mitchell Valdés-Sosa, director General del Centro de Neurociencias de Cuba; Antonio Paz Cordovés, presidente de la Sociedad Cubana de Otorrinolaringología, entre otros prestigiosos especialistas de la Isla.

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