Los extranjerismos

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Conviven en el idioma un número de voces que son ajenas a la naturaleza de la lengua española. Determinadas necesidades expresivas pueden llevar al hablante a insertar dentro del discurso en español voces o expresiones en otro idioma. Unas veces se trata de términos usados ocasionalmente, bien por apetencia culta del autor, bien con el fin de aportar color local, bien para aprovechar la capacidad de estas expresiones de aludir de forma automática al origen de su referente o al ámbito cultural al que este pertenece.

Otras veces se trata de extranjerismos difundidos en épocas más o menos reciente, usados muchas veces por los hablantes o por los medios de comunicación con su grafía originaria y una aproximación más o menos cercana a la original. Normalmente se trata de extranjerismos que designan realidades ajenas al ámbito de la propia lengua o nuevos referentes para los que no se cuenta con términos propios, de manera que se incorporan al uso con el nombre que tienen en la lengua donde han surgido o que ha contribuido a su divulgación.

Con el tiempo muchos de estos extranjerismos, llamados crudos, por iniciativa de los propios hablantes, junto con el impulso y la orientación de las instituciones de normalización lingüística, terminan siendo sustituidos, como ya ha ocurrido en el pasado, por voces propias o por adaptaciones del nombre original a los patrones gráfico-fonológicos de la propia lengua; pero otros se mantienen resistentes a la adaptación, a menudo escudados en su condición de términos de difusión internacional. Las voces extranjeras se escribirán siempre en los textos españoles con una marca gráfica como la cursiva.

A través de propuestas promovidas por la Asociación de Academias de la Lengua Española en sus obras normativas, gran cantidad de voces de otras lenguas que se han incorporado al caudal léxico del español han experimentado ciertas variaciones formales con el fin de adecuarse al sistema fonológico, ortográfico y morfológico propio de nuestra lengua. Este proceso de acomodo de los extranjerismos contribuye a preservar la coherencia de nuestro sistema lingüístico y a mantener la fuerte cohesión entre grafía y pronunciación de que goza el español frente a otras lenguas.

La mayor parte de las veces, la adaptación de los extranjerismos se realiza modificando la grafía originaria para adecuarla, según nuestras reglas ortográficas, a la pronunciación de esas voces en español, que suele aproximarse a la que tienen en la lengua de origen. En la grafía adaptada se prescinde normalmente de los grafemas del original que no tienen reflejo en la dicción española y se aplican las reglas de acentuación gráfica propias de nuestro idioma, como champagne > champán / meeting > mitin / spaguetti > espagueti / yogourt > yogur / overall > overol / stress > estrés / boycott > boicot / gangster > gánster / mánager, etc. A veces la adaptación solo requiere la aplicación de la tilde, como ambigu > ambigú, / master > máster, blister > blíster, record > récord, entre otras.

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