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Los signos de puntuación

 Los signos ortográficos son todas aquellas marcas gráficas que, no siendo letras ni números, se emplean en los textos escritos para contribuir a su correcta lectura e interpretación.

El inventario de signos ortográficos se ha ido modificando y enriqueciendo a lo largo de la historia de la escritura y hoy está constituido por un conjunto relativamente heterogéneo de elementos de diverso tipo y función. De acuerdo con sus principales funciones, los signos de puntuación se clasifican en tres grupos: de puntuación, diacríticos y auxiliares.

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Los signos de puntuación son aquellos cuyas funciones marcan las pausas con que deben leerse los enunciados y organizar las unidades del discurso para facilitar así su comprensión. A este grupo pertenecen el punto, la coma, el punto y coma, los dos puntos, los paréntesis, los corchetes, la raya, las comillas, los signos de interrogación y exclamación y los puntos suspensivos.

Se sabe que la puntuación surge como ayuda para mostrar al que lee dónde debe establecer las pausas para que el mensaje no pierda su sentido. De manera que eI origen de la puntuación está muy vinculado estrechamente a la reproducción oral del texto escrito. A partir del siglo III a.n.e. los griegos empezaron a utilizar diversas marcas para reflejar en los textos escritos la segmentación rítmica y prosódica.

En el proemio ortográfico del Diccionario de autoridades se reconoce que la ortografía debe incluir, además de las reglas para la correcta escritura de las voces, «la recta y legítima puntuación con que se deben señalar, dividir y especificar las cláusulas y partes de la oración, para que lo escrito manifieste y dé a conocer clara y distintamente lo que se propone y discurre».

Surgieron las primeras reglas referidas a ocho signos: la coma, el punto, el punto y coma, los dos puntos, el interrogante, la admiración, el paréntesis y la diéresis –considerado después como signo ortográfico diacrítico–.

En la primera ortografía académica, la de 1741, la puntuación adquiere un sentido amplio, al incluir información sobre numerosas notas o marcas que hoy se clasifican como signos ortográficos diacríticos (tilde y diéresis), como signos auxiliares (apóstrofo, asterisco, entre otros) o como recursos o elementos tipográficos (cursiva, llamadas de notas al margen, etc.).

Se añaden además las comillas y los puntos suspensivos, mientras que la de 1754 introduce una de las peculiaridades del sistema de puntuación del español: los signos de apertura de interrogación y de exclamación.

Para el siglo XIX ya queda establecido el inventario de signos de puntuación que conocemos hoy: en la ortografía académica de 1815 se suman los corchetes como variante de los paréntesis, y a partir de 1880 se establece la distinción entre el guion y la raya, cuyos usos hasta entonces habían sido asignados todos al primero. Comencemos este largo recorrido por el primero de esos signos ortográficos: el punto.

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