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Los signos ortográficos

 El sistema de puntuación actual del español es el resultado de un largo y lento de evolución, desde uno sencillo de notación de pausas respiratorias y delimitación de unidades básicas de sentido hasta otro más rico y complejo, tanto en el inventario de signos como a las funciones asignados a cada uno de ellos.

Como al principio la lectura era en voz alta por lo escaso de los textos escritos y el alto grado de analfabetismo, la puntuación aparece para indicar dos pausas, una fuerte que acompañará a las unidades autónomas de sentido sin que el mensaje pierda su sentido, y una débil separadora de unidades no autónomas semánticamente.

El nacimiento de la imprenta deviene una gran fuerza decisiva, al alcanzar el libro una mayor difusión. Es precisamente a los impresores y conectores a quienes se les debe la fijación de los criterios de uso de los signos. La primera que trata la puntuación en español es del lexicógrafo y ortógrafo Alejo Venegas en su obra de 1531 Tratado de ortografía, donde incluye solo seis signos.

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Durante los siglos siguientes el número de signos y reglas va creciendo y fijándose progresivamente. En el proemio del Diccionario de autoridades ya se cuentan ocho signos con reglas muy breves: 1) la coma; 2) el punto; 3) el punto y coma; 4) los dos puntos; 5) el interrogante; 6) la admiración; 7) el paréntesis; 8) la diéresis. También regula ese proemio el apóstrofo y la raya.

En obras posteriores de la Ortografía académica fueron sumándose otros. Durante el siglo XIX ya queda establecido el inventario de signos de puntuación que hoy conocemos. En 1815 se incorporan los corchetes como variante de los paréntesis, y a partir de 1880 se establece la distinción entre el guion y la raya, cuyos usos hasta entonces habían sido asignados todos al primero.

Una clasificación bien abarcadora divide los signos ortográficos en diacríticos, de puntuación y auxiliares. Dentro de los diacríticos la tilde y la diéresis. En los de puntuación –cuyas funciones son marcar las pausas con que deben leerse los enunciados y organizar las unidades del discurso para facilitar su comprensión– el punto, la coma, el punto y coma, los paréntesis, los corchetes, la raya, las comillas, los signos de interrogación y exclamación y los puntos suspensivos. En los auxiliares –inventario abierto y que puede variar con el tipo de texto y la disciplina en que se inserta– los más comunes son el guion, la barra, el apóstrofo, la antilambda, el asterisco, entre otros.

Dentro de los signos ortográficos –diacríticos, de puntuación y auxiliares– se halla, dentro de los diacríticos, además de la tilde ya abordada–, la diéresis y los signos auxiliares. La diéresis, conocido también como crema, consiste en dos puntos que se sitúan horizontalmente sobre la u –sea minúscula o mayúscula– para indicar que esta vocal se pronuncia en las combinaciones gue y gui, como en cigüeñal / pingüino / UNGÜENTO / BILINGÜISMO.

Hasta que en 1815 la ortografía académica estableció que la secuencia qu solo debía usarse en español para representar el sonido k ante las vocales e, i, existían palabras en las que, por razones etimológicas, esa secuencia gráfica no constituía un dígrafo, sino dos letras con valor fónico independiente. Para indicar que ante e, i la u debía pronunciarse también en esos casos, se escribía asimismo con diéresis aqüeducto, eloqüencua, freqüente, entre otras, que pasaron, a partir de la reforma ortográfica de 1815, a escribirse acueducto, elocuencia, frecuente…

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