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Hablemos correctamente (XV)

Elio Delgado Legón.jpg

La Habana, 31 ene (ACN) Las anfibologías. Una frase anfibológica es aquella que puede ser objeto de más de una interpretación y, por lo tanto, carece de claridad y precisión.
Cuando nos referimos a este tema, siempre recordamos el ejemplo clásico: “Se venden camas para niños, de madera”. O “Se alquila un cuarto para hombre solo, recién pintado”.
Todos estamos de acuerdo en que estos ejemplos son un disparate, pero lo cierto es que con bastante frecuencia encontramos errores de este tipo.
Se pueden escribir párrafos anfibológicos por varias razones y una de ellas es el descuido en la utilización del pronombre posesivo su: Por ejemplo, si decimos “La brigada X retó en emulación a la brigada Z, porque sus macheteros mantienen el ciento por ciento de asistencia al corte”.
Cabría preguntar: ¿cuáles macheteros, los de la X o los de la Z? Es decir, siempre que vayamos a utilizar el posesivo su debemos estar alertas de que no haya más de un posible antecedente, pues de lo contrario se produce una anfibología.
Las anfibologías se pueden producir también por otras causas que veremos a continuación.
También se pueden cometer anfibologías por el uso incorrecto o descuidado del posesivo cuyo.
Recordemos que este pronombre establece una relación de posesión entre el antecedente (poseedor) y el sustantivo que le sigue (cosa poseída).
Resulta imprescindible que el antecedente del posesivo cuyo esté inmediatamente anterior a éste, para evitar lo que ya vimos con el su. Veamos un ejemplo de frase anfibológica: “La brigada está compuesta por 34 macheteros y un camionero, cuyo compromiso es llegar a cinco millones de arrobas”.
Expresado así, el compromiso parece ser sólo del camionero; sin embargo, debe ser de toda la brigada, por lo tanto la redacción correcta sería: “La brigada, cuyo compromiso es llegar a cinco millones de arrobas, está compuesta por 34 macheteros y un camionero”.
Es decir, el antecedente, que en este caso es la brigada, siempre tiene que estar delante del posesivo cuyo.
Con el uso de las incidentales hay que tener sumo cuidado, pues cuando menos lo esperamos, estamos ante una anfibología.
Por ejemplo, si decimos: “El huerto está compuesto de 46 canteros, en su mayoría con paredes de ladrillos, enriquecidos con materia orgánica”, parece que son los ladrillos los que están enriquecidos; sin embargo, son los canteros, por lo que la redacción debió ser de esta otra forma: “El huerto está compuesto de 46 canteros enriquecidos con materia orgánica y que en su mayoría tienen paredes de ladrillos”.
Veamos otro ejemplo: El visitante colocó una ofrenda floral ante el monumento a José Martí, situado en la Plaza de la Revolución, junto al ministro de Relaciones Exteriores.
Es decir, la ubicación de la incidental (situado en la Plaza de la Revolución) introduce una anfibología.
Esta incidental se puede suprimir por innecesaria, lo que le da más claridad a la oración, que entonces quedaría de la forma siguiente: El visitante colocó una ofrenda floral ante el monumento a José Martí, junto al ministro de Relaciones Exteriores.

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