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En la calle de Medio, en la urbe matancera, parecía este lunes un día normal; las personas iban de un lado para otro, hacían extensas colas esperando cualquier producto que decidieran ofertar en las tiendas, como si el virus SARS Cov-2 fuera historia pasada.

Por estos días, la irrupción y rápida extensión en el mundo del SARS-CoV-2, ha sacado a la luz lo mejor de muchas gentes y sentimientos de amor al prójimo, solidaridad, la lucha de tantos científicos en busca de un medicamento o vacuna que salve a la humanidad y el empeño de médicos en defender vidas a riesgo de la propia, conviven en el escenario actual, en el cual Cuba es un ejemplo.

La gloria, la virtud y el ímpetu de los iniciadores del camino por la total e irreversible independencia de Cuba pervive en el pueblo, depositario y continuador de tan rica historia y en quienes hicieron honor a ese ejemplo en las arenas de Playa Girón.

Desde el primer año del triunfo revolucionario en Cuba, en 1959, la Casa Blanca encargó resolver “el problema cubano” a la CIA, que bajo la dirección del mítico Allan Dulles derrocó en tiempo record al gobierno nacionalista del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz en 1954.

En medio de las secuelas de la pandemia mundial que tiene sumida a la humanidad entera en un panorama de muerte, temor e incertidumbre, no hay espacio ni derecho para obrar de manera irresponsable.

De abril no solo hemos de acordarnos. Abril hay que vivirlo y es lo que hacemos ahora mismo, envueltos como estamos todos en una epopeya, tan o más monumental que esa otra, que en la mente y el corazón de los cubanos se resume en cinco letras: Girón.

El criterio expresado en una ocasión clave de la historia de Cuba por el General de Ejército Raúl Castro, de que el único sustituto de Fidel es el Partido, revalida la esencia de una organización que se identificó siempre con un hombre de vertical actuación, con una vida y una obra dedicada al pueblo.

Confieso que esa vez se me erizó la piel mientras los veía subir al avión, cuando Cuba respondió al llamado de la Organización Mundial de la Salud y envió una brigada del contingente internacional Henry Reeve para ayudar a combatir la epidemia de ébola en África Occidental.

El 15 de abril de 1895 José Martí escribió en su Diario de Campaña: “Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que, aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su jefe electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos. —A la noche, carne de puerco con aceite de coco, y es buena”.

Como reclamó el poeta en su canción, “Acuérdate de abril si abril volviera”, los cubanos estamos de nuevo sumidos en una batalla crucial por la vida y no podemos menos que apelar a nuestra historia y vigorizar las bases que mantienen la unidad para asumir nuevas tareas dignas del mes ya en curso.

El 16 de abril de 1961, ante las puertas de la monumental necrópolis Cristóbal Colón –en la esquina de 23 y 12, La Habana-, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana en presencia una multitud de cubanos y cubanas enardecidos por el patriotismo y el dolor, en una declaración candente que pronto dio la vuelta al mundo.

Luego del paso del primer mes de la detección de los primeros casos positivos del COVID-19 en Cuba y cuando se calcula que dentro de similar periodo es que acontecerá el pico de enfermos, ya nadie duda que esta epidemia tiene la magnitud de una guerra mundial.

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