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Amanece en el Hospital Pediátrico Mártires de Las Tunas. Se agrupan en su entrada, aunque con distancia, profesionales de la salud que acaban de llegar y aún no entran a sus consultas. Traen una rosa en la mano, esperan a los que salen, de uno en uno. Dan la flor, dicen adiós; mientras se oye una música de fondo, arrancan los motores de los ómnibus y comienzan los otros 14 días.

“Aquí estamos”, dice convencida la doctora Annelis Martínez, especialista en Pediatría, y en esas dos palabras resume, sin saberlo, el sentir de todo el colectivo del Hospital Pediátrico Universitario Paquito González Cueto, de la provincia de Cienfuegos, ante la pandemia de la COVID-19.

En medio de miedos, incertidumbre, frustraciones y la amenaza de muerte que ronda en el planeta en torno al SARS- CoV-2, se aproxima una fecha relevante para todos los trabajadores del mundo, con especial arraigo en la clase obrera cubana y en toda su sociedad, que esta vez, aun con esos avatares no dejará pasar por alto la tradicional conmemoración del Primeo de Mayo, aunque de manera diferente.

Para el productor campesino Alexander Ramírez, de Ciego de Ávila, el nuevo coronavirus, causante de la enfermedad COVID-19, es un motivo más para sacarle el jugo hasta al último pedacito de tierra de su finca, porque ahora el país lo necesita más que nunca.

El 29 de abril de 1956 el asalto al cuartel Domingo Goicuría, en plena ciudad de Matanzas, aunque fallido como suceso militar conmocionó al país y reafirmó el empuje combativo de una joven generación que elegía otra vez la lucha armada como camino irrenunciable y más factible para liberar al país de la dictadura y el oprobio.

Los aplausos, esa forma antigua de demostrar aprobación y admiración, se sigue hoy en muchos sitios del planeta para alabar al personal de salud que expone sus propias vidas para salvar al resto de la humanidad, sin dudas es una manera más de luchar contra la pandemia provocada por la COVID-19.

Caracoles y rocas de orillas de la bahía de Matanzas adornan el rostro de Entre nosotras el mar, antología poética que con la complicidad de la intelectual Rosa Herraiz vio la luz con sello de Ediciones Vigía. Cuando la institución matancera que hace libros con las manos abraza los 35 años, la intelectual catalana ofrece mensajes de respeto y admiración.

Desde que el 11 de marzo el nuevo coronavirus llegó a Cuba sin ser invitado, historias de vidas acaparan titulares en nuestra prensa y se multiplican en las redes sociales. La prodigalidad no sorprende. Hay para contar. Son historias hermosas, conmovedoras y, lo mejor de todo, la mayoría son historias de vidas muy, pero muy jóvenes.

La pediatra Ivis Simón Rodríguez lo escribe todo, fragmentos de su cotidianidad como subdirectora del Hospital Pediátrico Provincial Eliseo Noel Caamaño, ubicado en la ciudad de Matanzas: quiere hacer unas memorias de lo vivido durante la pandemia COVID-19, cuando todo pase.

Hace 35 días siento que me falta el aire y no precisamente por la afectación directa del virus SARS CoV-2, causante de la COVID-19. A mí, como a muchos otros padres separados del mundo, la dichosa pandemia vino a robarme la libertad de abrazar y besar a mi hija sin miramientos.

Una lluvia artificial improvisada con una manguera, para aliviar el calor de este inusual abril; partidos de fútbol, pelota y hasta maratones en el patio de la casa, así como sesiones de baile y canto al ritmo de Irakere, Van Van y Cimafunk, son algunas de las actividades que realizan Mateo y su papá para aliviar el aburrimiento en cuarentena.

Recientemente los cubanos nos despertamos con la noticia de que una donación de la Fundación de Jack Ma, dueño de la compañía china Alibaba, no podría llegar a la Isla debido a que la empresa que transportaba esos suministros se negó a efectuar el envío como consecuencia del bloqueo impuesto por Estados Unidos; sin embargo, la ayuda del gigante de comercio electrónico llegó sin inconvenientes a otros países de América Latina.

Los científicos siguen abriendo caminos en medio de tanta complejidad, y están abriendo caminos de presente y de futuro, así reconoció el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez la entrega de hombres y mujeres que en Cuba plantan batalla frente a un nuevo coronavirus, que le ha robado a la humanidad más de 160 mil vidas.

Las decisiones más difíciles de su carrera profesional hasta la fecha, asegura Frank Abel Acosta González, Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y especialista en Medicina Interna, que las tomó en la llamada Zona Roja, área de atención a pacientes portadores de la COVID-19 en el Hospital Militar Mario Muñoz Monroy, de Matanzas.

Con traje de cosmonauta, para mantener los pies de otros sobre la tierra (+Fotos)

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