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El legado genocida que deja Trump en el bloqueo contra Cuba

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El seis de abril de 1960 un memorándum secreto del Departamento de Estado aconsejaba privar a Cuba “de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”, principios que se mantienen inalterables en la política de bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU. contra Cuba y que 60 años después el saliente presidente Donald Trump llevó a niveles sin precedentes

Adicionalmente el inquilino de la Casa Blanca pudo aprovechar con extrema perfidia la pandemia de la Covid 19 para arreciar el criminal cerco que impacta sobremanera su sistema de salud pública de la mayor de las Antillas.

En ese sentido, prohibió a una empresa transportista bajo amenaza de sanción traer a la Isla medios de protección, insumos médicos y pruebas diagnósticas desde China, imprescindibles para salvar vidas, lo cual es una demostración de lo poco que le interesa a Washington los derechos y la realización del pueblo cubano.

Igualmente, la nación norteña bloqueó la adquisición de ventiladores pulmonares con varios de los proveedores habituales de Cuba, al ser adquiridos por dos firmas fabricantes de esos equipos que comunicaron la prohibición de venderlos a La Habana, aunque son claves en la atención a las personas graves y críticas contagiadas con el nuevo coronavirus.

La Casa Blanca lleva adelante este intento de genocidio mientras la ONU y el mundo propugnan la necesidad de colaboración y solidaridad ante la pandemia, lo cual es rechazado por la administración estadounidense que incrementa sus acciones contra su vecina ínsula.

Entre sus acciones para tratar de afectar el prestigio de la salud pública cubana, impulsa campañas para denigrar la colaboración médica de la cual se han beneficiado en gesto solidario 59 países, en tanto más de veinte brigadas del Contingente Henry Reeve han ido a apoyar a igual número de territorios para enfrentar los embates de la Covid-19.

En octubre del pasado año, el canciller Bruno Rodríguez denunció que Estados Unidos aprovechó la pandemia para recrudecer en “forma extrema” su bloqueo a Cuba, cuyos daños superaron por primera vez los 5,000 millones de dólares en un año.

Vale recordar que esas medidas no fueron las únicas aplicadas por el actual inquilino de la Casa Blanca y sus antecesores contra el sector de la salud pública, ya desde antes impidieron que las empresas estadounidense puedan vender a la Antilla Mayor desde una aspirina hasta medicamentos o equipos de punta indispensables, por ejemplo, para tratar el cáncer y enfermedades cardiovasculares, lo cual obliga a las autoridades sanitarias cubanas a adquirirlos a un alto costo y con demora para salvar la vida de los pacientes, muchas veces niños.

Desde el arribo de Trump al poder, privilegió a la derecha anticubana al adoptar por primera vez desde la erogación de la Ley Helms Burton de 1996, su Capítulo III para entablar litigios contra terceros países por su comercio con Cuba ante tribunales estadounidenses y para la devolución de propiedades nacionalizadas que ampara, inclusive, a los que eran ciudadanos cubanos en el momento de la expropiación.

El 2019 marcó la etapa de endurecimiento a un nivel sin precedentes de las disposiciones del bloqueo, al incluir acciones directas para perseguir e interrumpir envíos de petróleo hacia y desde Cuba, al tiempo que impuso sanciones a las empresas y barcos de terceros países implicados en esas transacciones, lo que dificultó el desarrollo de la vida social y económica de la Isla en ese período.

Tampoco escaparon de la saña de la administración Trump los intercambios turísticos, académicos y culturales con el fin de impedir el acercamiento a la realidad cubana por representantes del pueblo norteamericano, al que también se les bloquea su derecho a hacerse su propia opinión sobre la Isla.

En la última semana, la Casa Blanca volvió a incluir a Cuba en la lista de los países patrocinadores del terrorismo, una acción repudiada por la inmensa mayoría de la humanidad, lo que favorece la aplicación de nuevas medidas de bloqueo y sanción que acompañaron tan injusta decisión contra empresas extranjeras que comercien con el Ministerio del Interior de Cuba por supuestos violaciones de los derechos humanos.

Donald Trump deja un funesto legado en su intento fallido de vencer la resistencia del pueblo cubano con el incremento de una política agresiva y de bloqueo criminal sin precedentes, ante lo cual Cuba resiste tal como lo ha hecho durante ya más de 60 años frente a las anteriores administraciones que intentaron vencerla.

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