Biofábrica de vitroplantas en Camagüey, entre agricultura y ciencia (+ Fotos)

 

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En diciembre de 1990, la Biofábrica de vitroplantas de Camagüey ya estaba lista para iniciar las producciones.

Un año antes, sus futuros trabajadores habían comenzado las labores constructivas para que la provincia dispusiera de un centro biotecnológico del cual no pueden darse referencias sin destacar su aporte al desarrollo agrícola del territorio y de otras regiones de Cuba.

Dos nombres, los de Antonio Parada y Félix Vargas, se inscriben entre los imprescindibles de la historia fundacional de la biofábrica: el primero, delegado de la Agricultura en Camagüey en aquella época; y el Chino Vargas, líder de la obra que con tres áreas productivas arrancó a funcionar hace ya 32 años.

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Hoy, como ayer, a los casi 50 profesionales que dan vida a diversos cultivos desde esta unidad científica y tecnológica los impulsa una certeza del Che Guevara apuntada en una pared a la entrada del centro: “El hombre debe transformarse al mismo tiempo que la producción progresa”.

Así, de las proyecciones y los retos actuales, comparte sus criterios con la ACN el joven director Yunior Muñoz Manso, graduado como ingeniero agrónomo en la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz en 2019.

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Entre los próximos convenios institucionales de la biofábrica resalta uno con la casa de altos estudios que formó a Muñoz Manso durante un lustro, y el cual se enfocará en la producción de un pasto para el ganado vacuno que se distingue por tener proteínas en más del 15 por ciento de su materia seca.

Actualmente los días de trabajo en esa institución, que potencia la obtención de cultivos in vitro a partir de específicos requisitos de calidad, transcurren en función de los contratos con empresas y personas naturales, y las ventas minoristas de variedades de posturas a precios de entre siete y cincuenta pesos, este último corresponde a las plantas ornamentales, muy demandadas por la población.

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Con clones de variedades de plátano y malanga, y en la siembra de posturas de frutabomba, guayaba, tomate y ají, entre otras, trabajan hoy los técnicos y especialistas de esta entidad adjunta a la Empresa Provincial de Semillas de la delegación del Ministerio de la Agricultura.

LA BIOFÁBRICA Y SU GENTE

Cuenta Damaris Steven Ramírez -una bayamesa que reside en Camagüey desde hace dos décadas- que en el área de adaptación de la biofábrica, ella y otras 16 personas lavan las plantas, llenan los bolsos y siembran.

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Con un árbol genealógico del cual forman parte tres hijas y una nieta, Damaris prefiere esta labor a la que antes desempeñaba en el sector del Comercio y la Gastronomía.

-Yo soy guajira, me gusta el monte, afirma tras una sonrisa.

En el espacio de la biofábrica destinado a la esterilización y el cocinado encontramos a Lizy Corella Marrero y Dania Yanes Espinosa, dos mujeres que acumulan una vastísima experiencia como trabajadoras de esta entidad que asegura la calidad de los cultivos a partir de la propagación vegetal en laboratorios.

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Desde sus prácticas preprofesionales como estudiante del Instituto Politécnico Agropecuario Álvaro Barba, Lizy llegó a estos predios, ubicados en el reparto Puerto Príncipe, de la ciudad de Camagüey.

Entre los primeros años -durante los cuales trabajó como técnico en propagación masiva de plantas-, los tiempos en los que formó parte de todas las áreas de la biofábrica, y ahora, cuando es especialista en medios de cultivo, ella suma allí tres décadas de faena.

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Por su parte, Dania, quien valora la favorable evolución de la entidad desde que comenzó allí hace 20 años, explica con detalles el proceso en el cual es una experta: la esterilización de los instrumentos del proceso productivo.

Ellas tres, y el director Yunior Muñoz Manso, conocen a la perfección las ventajas del uso de las vitroplantas, por su disponibilidad en cualquier época del año, la fácil transportación, la garantía de la calidad fitosanitaria y la pureza varietal, así como el acortamiento de los ciclos de cosecha y el aumento de los rendimientos agroproductivos.

Y es que en la biofábrica camagüeyana, la combinación entre agricultura y ciencia resulta imprescindible, en aras de contribuir al fomento de áreas productivas en la provincia y otros territorios de la Isla.

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