El ocho de enero de 1959 se consolidó el triunfo de la Revolución (+Video e Infografía)


El ocho de enero arribó Fidel Castro al frente de la Caravana de la Libertad a La Habana y consolidó el triunfo de la última etapa de la Revolución definitiva, iniciada el 26 de julio de 1953 con el ataque al Cuartel Moncada protagonizado por la juventud del centenario dirigida por el joven líder, quien se impuso a duros reveses al ser masacrados sus compañeros entre los muros de la odiada fortaleza.

El ocho de enero de 1959 fue una fecha memorable en la historia de Cuba. Ese día se consolidó el triunfo de la Revolución con la entrada de Fidel Castro en La Habana al frente de la su Columna Uno José Martí, del Ejército Rebelde, formando la Caravana de la Libertad, después de atravesar la Isla desde la región oriental del país, de donde salió el día dos para recibir apoteósicos recibimientos en pueblos, ciudades y carreteras.

Un periódico de la época reflejaba así el clima que se vivía en la capital: “Todos los sonidos de la ciudad se unieron al vocerío de las muchedumbres: las sirenas de los barcos, las campanas de las iglesias, las bocinas de los autos, los silbatos de las fábricas. Se escucharon las salvas de 21 cañonazos disparados por dos fragatas de la Marina de Guerra…La garganta del pueblo enronquecía en un grito: ¡Viva Fidel! ¡Viva Cuba Libre! ¡Viva la Revolución!”.

Al entrar en territorio habanero, el 8 de enero por el municipio de Cotorro, se unió a la caravana Camilo Cienfuegos, quien al frente de su columna, junto a la del Ernesto Che Guevara, había ocupado las principales fortalezas de la urbe pocas jornadas antes.

Miles de personas, en lo que representó un mar de pueblo, estaban a ambos lados del recorrido desde su entrada por la Carretera Central, Avenida del Puerto, Malecón, Calle 23 y Avenida 31, que dejó de llamarse Batista, y que sería el último recorrido hasta Columbia, a la cual llegó Fidel pasadas las ocho de la noche.

Así se cumplió aquella declaración de victoria pronunciada poco antes por el líder revolucionario, de que esta vez los mambises sí entraron a Santiago cuando habló en esa ciudad liberada y ahora también los rebeldes lo harían a la capital, a pesar de componendas y traiciones.

En la Avenida del Puerto, en el embarcadero frente al entonces mando de la Marina de Guerra, le esperaba una gran sorpresa, preparada por el Héroe de Yaguajay.

Allí estaba atracado el Yate Granma, que el máximo líder abordó y debió traerle los recuerdos de cuando él y los expedicionarios desembarcaron en Las Coloradas y solo 12 combatientes pudieron reagruparse y resultaron suficientes para iniciar la gesta guerrillera.

Al llegar a Columbia hubo un acto y el último orador fue Fidel, quien dijo: “…este es un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo será más difícil… "

Y fueron proféticas sus palabras. Tuvo que dirigir a un pueblo durante más de 50 años, enfrentando todas las modalidades de agresiones militares, terrorismo, bloqueo, campañas mediáticas que no pudieron derrocar la Revolución en el traspatio de EE.UU., cuya administración hoy aplica las más novedosas estrategias subversivas del mundo digital y real, para cosechar una y otra vez iguales derrotas.

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Aquel discurso, que tuvo también mucho de compromiso de lealtad al pueblo, concluyó al asegurar que nunca contemplaría un acontecimiento semejante (excepto en otra ocasión)… "cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!".

Muchos años después, el 25 de noviembre de 2016, el Comandante en Jefe partió hacia la eternidad y nuevamente se repetiría, pero en sentido inverso aquella Caravana de la Libertad para llevar sus cenizas por las mismas localidades y ciudades, y el pueblo nuevamente se reuniría como en aquel lejano enero de 1959, pero esta vez para rendirle postrero adiós en su recorrido a su lugar de descanso eterno en el Cementerio de San Ifigenia junto a sus compañeros caídos de Santiago de Cuba.

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