Los Juegos de venganza de la Operación Mangosta

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El presidente John F. Kennedy inició su propia guerra contra Cuba hace 60 años, el 30 de noviembre de 1961 al aprobar la Operación Mangosta, en un esfuerzo dirigido a derrocar de forma violenta y con métodos inconfesables a la Revolución en pocos meses, y todo fue movido por el sentimiento de venganza debido a la humillación de su vida: la derrota de Playa Girón en abril de ese propio año.

Nombró al frente del Programa Cuba -como también se llamó a la operación- al general Edward G. Landsale, con gran experiencia combativa en la II Guerra Mundial y considerado uno de los mejores especialistas en contrainsurgencia, y a su hermano Robert Kennedy, Fiscal General segundo de la misión, le encargó supervisar directamente el trabajo de la CIA.

Para garantizar la dirección de Mangosta la Estación de la CIA J. Waves, en Miami, se convirtió en la más grande en territorio norteamericano, con más de 600 oficiales y miles de agentes, una flotilla de embarcaciones rápidas para infiltraciones y un grupo de empresas de transporte comercial, de relaciones públicas y otras que servían de fachada en toda la ciudad a las acciones encubiertas contra la Isla y en todo el mundo y sin límite de recursos monetarios y bélicos.

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Kennedy destituyó al intocable jefe de la CIA, Allan Dulles, y a su equipo, a los que responsabilizó con razón del desastre de Playa Girón, con lo cual se buscó el odio de esos halcones, quienes se replegaron a esperar mejores tiempos para su propia venganza junto a la mafia anti-cubana que hacía responsable de la catástrofe al presidente por su supuesta cobardía e indecisión al no ordenar la invasión total y dejar abandonada a su suerte a los mercenarios.

Sin embargo Kennedy, en su control de daños, no reparó que más allá de cambios de hombres, las razones del fracaso se encontraban en una profunda subestimación de la Revolución, realidad que no entendieron los políticos estadounidenses en el alcance de los profundos cambios sociales que trajo un inmenso apoyo popular y de unidad del pueblo de la Isla alrededor de sus líderes, en especial Fidel Castro.

Y tampoco aquilataron la gran estatura política y militar de Fidel como Comandante en Jefe y del resto de la dirección cubana que lideraron un nuevo concepto estratégico en la defensa del país, basado en la organización de unas poderosas fuerzas armadas y un efectivo sistema de órganos de la Seguridad del Estado, con el apoyo del pueblo, y que vencieron a los métodos con que la CIA derrocó los gobiernos nacionalistas de Irán en 1953 y sobre todo en Guatemala de 1954.

En consecuencia, Kennedy mantuvo intacto la vieja la doctrina de cifrar el éxito de la Operación Mangosta en la vana esperanza de estimular desde el exterior el alzamiento del “esclavizado pueblo cubano” como camino a la intervención directa de Estados Unidos, estrategia que se mantiene intacta como la madre de las políticas estadounidenses contra Cuba, ahora promovidas con el uso del engaño, la manipulación y la mentira por las redes sociales

En el Programa Cuba o nombrado también bajo el criptónimo Operación Mangosta se pensaba subvertir el país en 1962 con alrededor de 400 organizaciones contrarrevolucionarias que operaban a lo interno y en los EE.UU. Como joya principal de las acciones se previó el asesinato de altos dirigentes de la Revolución.

Ese mandato lo realizaría el Grupo de Acciones Ejecutivas de la CIA -conocido como ZR-RIFLE- que especialmente tenía como objetivo al máximo líder cubano Fidel Castro, que de tener éxito se consideraban innecesarias las demás medidas.

La nueva agresión incluyó el fortalecimiento del bloqueo comercial, económico y financiero, y los intentos de aislamiento político y diplomático en la región, todo con la colaboración de la OEA.

También se desarrolló un programa de acciones subversivas de todo tipo, de espionaje, promoción de alzamientos de bandidos en el campo y de organizaciones terroristas en la ciudad, entre otros.

El plan de Mangosta estableció el mes de octubre de 1962, como remate de todo el programa que causaría una sublevación contrarrevolucionaria en el país, la cual justificaría la intervención militar, en una reproducción de la malograda invasión de Playa Girón, lugar donde se esperaba establecer un gobierno provisional mercenario con iguales fines.

Pero en esa ocasión, la Operación Mangosta chocó con el inicio de la Crisis de Octubre, lo cual acabó definitivamente con los planes agresivos de Kennedy, en lo que significó un nuevo Girón, pero esta vez silencioso.

En ese propio mes, el espionaje aéreo estadounidense comprobó la existencia en la Isla de cohetes atómicos soviéticos de alcance intermedio, establecidos por acuerdo de la URSS y Cuba, pues la nación antillana consideró un deber internacionalista contribuir a la paridad estratégica de los soviéticos y fortalecer, además, la defensa del archipiélago, lo cual resultó providencial para disuadir una nueva escalada agresiva.

Posterior a la solución de la crisis en 1963, Kennedy sacó conclusiones de sus errores y el mismo día del magnicidio de Dallas -el 22 de noviembre de 1963- un enviado personal suyo se encontraba en La Habana dialogando con el Comandante en Jefe Fidel Castro, hecho que hubiera significado el inicio de un proceso de diálogo entre ambos países pero que se frustró con la muerte del presidente.

En la actualidad, pocos en el mundo creen en la versión oficial de la Comisión Warren de un solo autor del asesinato, Lee Harvey Oswald, ex marine con antecedes de colaborar con la CIA, mediocre tirador al que se le implica haber aceptado certeros disparos contra el mandatario con un viejo fusil italiano de cerrojo de la I Guerra Mundial, a más de 100 metros y con el objetivo en movimiento, y que horas después de ser detenido fue muy oportunamente asesinado y silenciado para siempre.

Cada día prevalecen más las teorías, basadas en pruebas, sobre la participación de esos círculos de desplazados de la CIA, junto a intereses de la extrema derecha y la mafia anti-cubana que a diferencia del asesinado presidente, si tuvieron éxito al llevar adelante su venganza contra el mandatario, quien determinó su suerte cuando consideraron que se aprestaba a convertir su odio y venganza contra Cuba en una política pragmática de entendimiento con su vecino.

 

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