En Birán, García Márquez y Fidel: 25 años de una historia para contarla

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“Nunca tuve el privilegio de conocer Aracataca, el pueblito donde nació Gabo, aunque sí de celebrar con él mi 70 cumpleaños en Birán”, apuntó Fidel sobre la visita que realizó, el 15 de agosto de 1996, con Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, y su esposa Mercedes Barcha, al sitio que lo vio nacer.

Del día que pasó a la historia como uno de los recorridos más minuciosos que materializara nuestro Comandante en Jefe por cada una de las instalaciones que componen el actual sitio histórico de Birán, en la actual provincia de Holguín, se cumplen 25 años.

Dicen que les llevó horas caminar el lugar, “pero apenas pasó el tiempo, o sucedió que nadie pudo medirlo”, escribió el periodista holguinero Cleanel Ricardo, testigo de este fraterno reencuentro con la historia personal y familiar de Fidel, uno de los tantos momentos en que regresó a Holguín como uno de sus hijos más ilustres.

Junto al Gabo, colombiano y universal, volvió el Líder Histórico de la Revolución para repasar el punto exacto donde vieron la luz primera él y sus seis hermanos, la escuelita en la cual aprendió sus primeras lecciones y la hermosa casona de madera de arquitectura rural española.

Volvió Fidel en su cumpleaños de entonces para pasear la memoria por los pasillos, los corredores, el sótano, las habitaciones, las camas hasta llegar al sencillo panteón donde descansan los restos de sus padres Ángel y Lina, y los abuelos. Allí colocó un ramo de flores.

“Era como tocar con las manos, la vista y el extra del cariño cada pulgada intacta, cada metro cuadrado de un espacio vital”, anotó Cleanel en su artículo para la edición del periódico ¡Ahora! del 17 de agosto.

Quienes vivieron la ocasión comentan que se respiraba un ambiente fraterno y familiar ese día, con un sol radiante en lo alto que llenaba de luz todo el espacio, y con poca brisa; y que se divisaban cercanos los Pinares de Mayarí, teñidos de azul brumoso.

En una foto de entonces se ve a García Márquez, autor de Cien años de soledad, vestido con un mono deportivo y zapatos blanquísimos; se le nota expectante, atento a cada detalle; y Fidel, anfitrión vestido de verdeolivo, guía la ruta de su vida por el batey, su pequeña tierra natal, donde justamente todo es historia.

Quizás fue el Gabo uno de los pocos amigos entrañables que Fidel llevó hasta esa vivienda, hasta sus raíces, para romper el silencio que se guarda en la intimidad familiar; y es que su amistad resultó fruto de una relación cultivada durante muchos años, entre largas conversaciones que se fueron convirtiendo en centenares.

“A Gabo lo conozco desde siempre, y la primera vez pudo ser en cualquiera de esos instantes o territorios de la frondosa geografía poética garciamarquiana (…) Es un hombre con bondad de niño y talento cósmico, un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla”, precisó nuestro Comandante en Jefe.

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