José Raúl Capablanca, el genio que puso a Cuba en la cúspide del ajedrez

José Raúl Capablanca, el genio que puso a Cuba en la cúspide del ajedrez

El bronce conseguido como equipo en el Campeonato Mundial para personas con discapacidad es el más reciente éxito del ajedrez en Cuba, donde este 19 de noviembre se recuerda, como todos los años, el natalicio de José Raúl Capablanca, faro indiscutible para los amantes del juego ciencia en la Isla.

Hace 133 años nació en el Castillo del Príncipe, uno de los puntos emblemáticos de la geografía habanera, quien luego se convertiría en el tercer monarca universal de ajedrez en la historia, un hombre adelantado a su tiempo e imprescindible referente en el deporte de las 64 casillas.

Quizás sin aquel alumbramiento el ajedrez hubiera sido algo más en la mayor de las Antillas… tal vez no se hubieran logrado los muchos triunfos que llegaron, especialmente después de 1959, cuando líderes de la Revolución como el Comandante en Jefe Fidel Castro y Ernesto Che Guevara impulsaron su práctica y auguraron que este sería un país con muchos Grandes Maestros.

El paso del tiempo les dio la razón. En la actualidad suman más de 30 los cubanos –entre hombres y mujeres- que han conseguido ese rango, y sobrepasan el centenar los que han merecido algún título de nivel y conquistado multitud de premios en certámenes importantes.

Medallas individuales en olimpiadas mundiales, campeones del orbe por edades y una masividad que abarca todos los municipios del país con más de 18 mil practicantes sistemáticos confirmados, hablan a las claras de un desarrollo sostenido.


Todos son logros palpables, siempre inspirados en un Capablanca admirado por sus contemporáneos y fuente de estudio obligada para quienes le sucedieron.

Monarca universal entre 1921 y 1927, este genial cubano entendió el juego como pocos. Su sencillez para “desentrañar” una disciplina estratégica por excelencia, deja aún admirados a quienes aprenden de sus partidas.

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Más de un siglo después de aquellas míticas partidas su virtuosismo continúa siendo reverenciado, al punto de merecer con creces el calificativo de genio. Aquellos que le sucedieron en el trono del ajedrez mundial, lo hicieron convencidos de que era imposible entender el ajedrez sin mirarlo con los ojos de Capablanca.

Invicto durante ocho años en el mejor momento de su carrera, elegante en el vestir y con “buena suerte” entre las admiradoras, el cubano también hizo historia más allá de los trebejos.

Un Rey de mármol en la Necrópolis de Colón le rinde eterno homenaje al hombre que es símbolo y orgullo de una Isla que, sin dudas, hubiera vivido una relación diferente con el ajedrez si no tuviera entre sus hijos más ilustres a José Raúl Capablanca.

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