Dominó en familia: robustecer la lógica y la inteligencia en tiempos de COVID-19


Por Maritza Padilla Valdés
Servicio Especial de la ACN

En estos tiempos de pandemia que han prolongado la permanencia en casa de cara a eludir contagios, el juego de dominó en familia se erige como entretenimiento ideal para apaciguar la ansiedad, entrenar a los más pequeños, y de paso, robustecer con esa práctica ancestral, la astucia, la lógica y la inteligencia.

Considerado pasatiempo para algunos y deporte para otros, por esta época en la isla han crecido sus adeptos, en tanto, se juega en casi la totalidad del mundo y con mayor énfasis en naciones como Venezuela, República Dominicana, Colombia, México, Panamá, y en Cuba, donde en el hogar, debajo de un árbol o en plena acera, se reúnen sus fanáticos para “echar una partidita” y en celebraciones festivas, al sonar la primera lata, ya está plantada la mesa.

Eso sin contar las emociones en la confrontación, en parejas generalmente. Y así alguien levanta la voz y dice: “Llegó Teresita y mandó a parar por esta esquina”, mientras otro riposta haciendo sonar la ficha sobre la mesa, “y por aquí la puntilla, y a contar se ha dicho, que estoy blanquito”.

Y así entre risas, discusiones por el “forro” y algún que otro comentario intercalado sobre el acontecer del barrio y “lo último que trajo el barco”, pasan las horas en ese sano ambiente.

En los tiempos que corren, existen diversos tipos de Dominó, comenzando desde el tradicional doble 6, hasta el doble 9, doble 12 y con distintos diseños.

Muy antiguo, cada juego resulta único, se presume que surgió en China hace alrededor de mil años, según coinciden sitios digitales, los cuales añaden que en un inicio sus fichas fueron hechas de huesos, de ahí el contraste de los colores blanco y negro.

Ya se hablaba de que en la Antigua China o incluso en la zona de Baja Mesopotamia existían juegos muy parecidos. Muchos años más tarde, se cuenta que fue Marco Polo quien lo llevó desde China hasta Europa.

Textos virtuales indican que en Occidente, el dominó se registró por primera vez a mediados del siglo XVIII en Italia y Francia, y presuntamente fue introducido en Inglaterra por los prisioneros franceses a fines del propio período.

Pero el nombre se lo dieron los galos y aunque una versión alude al apellido de quien lo inventó, curiosamente otra más probable reza que fue copiado de una capucha negra por fuera y blanca por dentro que usaban los curas en invierno.

Pero sea cual fuere la procedencia de su nombre, el entretenimiento prendió rápido en el orbe, y seguidores como los vecinos apostados bajo la sombra del flamboyán, confiesan sentir placer inmenso con cada victoria y cada “pegada”. Entonces pues, a continuar disfrutando de las millonarias combinaciones matemáticas posibilitadas por el dominó y recorrer sus trillos acompañados del análisis y la inteligencia. (Por Maritza Padilla Valdés, ACN)

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