Bando de la Reconcentración provocó muerte a más de 200 mil cubanos

 

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Contra los patriotas alzados en armas el 24 de febrero de 1895, Madrid envió a Cuba en 1896 al general Valeriano Weyler, quien para evitar el apoyo de los campesinos a la insurrección aplicó una reconcentración forzosa en pueblos y ciudades de casi toda la población rural, condenada así a sobrevivir en lugares sin las mínimas condiciones de vida y bajo una implacable represión.

Sin embargo, esa doctrina extrema no fue la primera alternativa que utilizó España para sofocar la insurrección. En los primeros momentos de la guerra nombró al general Arsenio Martínez Campos al frente de las operaciones, con la esperanza de que pacificara la Isla como lo hizo para poner fin a la Guerra de los Diez Años en 1878 con el Pacto del Zanjón.

El bando de la reconcentración fue emitido el 21 de octubre de 1896, hace 125 años, y prohibía poder ir a los campos sin un permiso especial de las autoridades, el trasiego de víveres por mar y tierra. También implantó la aplicación de la pena de muerte inmediata, sin que mediara recurso judicial, para quien infringiera estas órdenes y facilitara alimentos, armas y cualquier otro medio a los insurrectos.

Estas medidas provocaron un amplio rechazo en la opinión pública internacional y hasta en funcionarios de la colonia. Según el investigador cubano Raúl Izquierdo Canosa, en 1897 el alcalde de Güines visitó a Weyler para explicarle las terribles condiciones de los reconcentrados y solicitarle raciones para evitar que siguieran muriendo de hambre, y éste le respondió: “¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre? Pues, precisamente, para eso hice la reconcentración.”

De acuerdo con cálculos moderados, más de 200 mil cubanos murieron durante la reconcentración, muchos de ellos mujeres, niños y ancianos, víctimas del hambre, las enfermedades y la represión, alrededor de la cuarta parte de la población de entonces.

Lea aquí: La reconcentración, intento genocida contra la independencia cubana

Aunque la idea de la reconcentración no solo era compartida por Weyler, formaba parte de la doctrina de sectores más integristas la cual apareció recogida en el libro de Juan Bautista Casas: “La guerra separatista de Cuba. Medios de terminarla y de evitar otras,” en el que sugirió:

“Formados los pueblos, nuestras fuerzas destruirán y arrasarán todos los bohíos y prenderán y castigarán a los individuos que vayan por los campos, pues ya no podrán burlar la autoridad y escudarse con la capa de indefensos labriegos y pastores que de día se incorporan a los insurrectos (…)”

Y hasta Arsenio Martínez Campos, quien tenía fama de pacificador, en carta al presidente del Consejo en Madrid, Antonio Cánovas con fecha 25 de julio de 1895, se mostró partidario de la reconcentración y le argumentó que :“(…) Podría reconcentrar las familias de los campos en las poblaciones, pero necesitaría mucha fuerza para defenderlos; ya son pocos en el interior los que quieren ser voluntarios; segundo, la miseria y el hambre serían horribles (…)

Precisó en su misiva: “Sólo Weyler las tiene en España (las condiciones), porque además reúne las de la inteligencia, valor y conocimiento de la guerra: reflexione usted, mi querido amigo, y si, hablando con él, el sistema lo prefiere, usted no vacile en que me reemplace, pero yo tengo creencias que son superiores a todo y me impiden los fusilamientos y otros actos análogos”.

A pesar del genocidio, el Ejército Libertador adoptó nuevos métodos de abastecimientos y siguió fortaleciéndose con la incorporación de centenares de patriotas que llegaron a costas cubanas en expediciones o se trasladaron a la manigua desde el campo y las propias ciudades, a pesar del terror impuesto por la metrópoli.

El pueblo cubano mantuvo su ideal independentista en los duros reveses de la caída en combate de José Martí el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos, región oriental; y Antonio Maceo el siete de diciembre de 1896, en Punta Brava, La Habana, cuando había culminado exitosamente la invasión de oriente a occidente y derrotado a las fuerzas peninsulares que se le enfrentaron comandadas por Weyler.

Weyler asumió su mando en Cuba oficialmente el 16 de febrero de 1896, con 200 mil efectivos de las tres armas, junto a 100 mil voluntarios y cubanos traidores, lo que estableció una proporción aproximada de un soldado por cada 5 habitantes, incluyendo mujeres, niños y ancianos.

Como su predecesor, fracasó y a finales de 1897 fue relevado de su mando y sustituido por el general Ramón Blanco Erenas, el cual derogó en marzo de 1898 el Bando de la Reconcentración y en su lugar intentó aplicar tardías políticas favorables a la autonomía, que fueron inútiles para frenar la “Guerra Necesaria.”

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