Adeptos a los rompecabezas centenarios

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Un campo minado de historia parece el salón de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Matanzas (OCCM) donde actualmente trabajan los cinco primeros jóvenes que concluyeron estudios de Arqueología en la Escuela Taller y de Oficios Daniel Dall' Aglio.

Andar atento es obligatorio en el recinto donde los amantes del patrimonio se empeñan en componer lo fragmentado por el tiempo, y devolverle en la mayor medida de lo posible la forma original a los objetos hallados en sitios arqueológicos.

El primer proceso con vista a la integración de un elemento de cualquier tipo de cerámica encontrado en una excavación es el fregado; se comienza a limpiar la pieza porque tiene sedimentos según donde se ubicaba, explica, con las manos mojadas, Alejandro Marín Betancourt.

Luego de la pieza pasa para el inventario donde se hace la marcación, se anota el número para poder después reintegrarla al objeto que originalmente conformó según se encuentren fragmentos que puedan complementarse, expone el cubano de 24 años de edad.

Para lograr la integración completa de un elemento de cerámica hay que clasificar las piezas por grupos según su tipología: vidriada, loza… y después se busca la pareja que hace juego, hay que guiarse por el dibujo, la forma… y luego las unimos con pegamento, argumenta.

Es como si fuera un rompecabezas, hay que buscar las partes que encajan, precisa Alejandro cerca de una mesa con cientos de fragmentos, y muy cerca Bárbara García Domé afronta el reto de completar un botellón centenario.

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El fruto de la paciencia de los arqueólogos se aprecia en la exposición transitoria que en la propia OCCM propone al visitante piezas restauradas a partir de los hallazgos en el área donde radicó la iglesia fundacional de la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas.

Lo que hacemos es inventariar todos los fragmentos encontrados en el sitio de la iglesia fundacional, ya tenemos un centenar de piezas restauradas, y continuamos el procesamiento de material, se quiere hacer allí un museo con los hallazgos, comenta García Domé sin soltar un longevo vidrio cuya ubicación valora.

Frank David Martínez Casal, también integrante de la primera promoción de Arqueólogos de la Escuela Taller y de Oficios Daniel Dall' Aglio, explica que en la exposición se incluyen mayólicas; cerámicas inglesa, francesa; plumilla azul y verde; pipas y otros artículos de diversos siglos.
Las vajillas más antiguas en exhibición datan de finales del XVII, la época de la pieza puede estimarse según la técnica de elaboración, composición y decorado, añade Martínez Casal.

Es la plumilla una cerámica con dibujos distintivos en el borde del plato, realizados con pincel, y también en el fondo se pueden encontrar accidentes que pueden ser producto de salpicado, precisa Alessandro Lázaro Crespo Castro, que detiene unos segundos el proceso que realiza para explicar.

Encima de la mesa tengo organizadas las cerámicas según su tipología, la de barro, la vidriada con la misma textura del barro pero con vidrio en la capa superior, tenemos también grey cerámico, y las decoradas con estilos florales y otros motivos, precisó.

Clasifico el tipo de cerámica, de qué siglo data, si es plumilla o no; se hace el inventariado, el número de la excavación, a qué profundidad estuvo; posteriormente se procede a la integración en caso de coincidencias entre las caras, comenta.

El venidero 22 de octubre, en el teatro Sauto, Monumento Nacional, sesionará la primera graduación de la Escuela Taller y de Oficios Daniel Dall' Aglio, y entre los arqueólogos también Yiliannis Duquesne recibirá su título, con el compromiso de aplicar los conocimientos adquiridos de profesores como Cándido Santana Barani, especialista principal del Gabinete de Arqueología de la OCCM.

Mientras tanto, la ciudad que este 12 de octubre cumplió 328 años tiene en la exposición Iglesia Fundacional un regalo que permite a los actuales moradores de la urbe observar objetos utilizados por quienes la habitaron antes; colección que crecerá mucho más, porque no es modesto el cúmulo de fondos por procesar todavía.

“Todo lo que hacemos es complicado, pero trabajar con piezas de vidrio lo es más”, confiesa Marín Betancourt y confirma Barbarita: “Es más complejo debido a que todo es por la continuidad de fragmentos, porque no tienen dibujos que sirvan de guía".

Al estar en el proceso y encontrar un fragmento que hace rato buscamos se siente tremendo alivio y alegría porque mientras menos vacíos tiene la pieza más valor recupera, agrega García Domé con tono sincero y jovial.

¿Qué se siente al sostener siglos de historia en las manos? Ante la clásica e inevitable pregunta el lenguaje corporal de los cinco jóvenes comunica la conciencia de la responsabilidad que representa la tarea que asumen, y Barbarita aprieta un poco más el recipiente de finales del siglo XVII que sostiene en las manos.

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