Boca de Samá, monumento contra el terrorismo ( + Fotos y Video)

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Medio siglo, atrás cuando la noche transcurría en medio de total tranquilidad, Boca de Samá interrumpió sus horas de sueño ante las acciones terroristas de grupos contrarrevolucionarios procedentes de Miami y financiados por el gobierno de Estados Unidos.

El criminal suceso se produjo el 12 de octubre de 1971 mientras esa comunidad, ubicada en la zona costera del municipio holguinero de Banes, a pocos kilómetros de la playa de Guardalavaca, dormía bajo total serenidad y fuera atacada por terroristas que tripulaban dos lanchas piratas procedentes de La Florida.

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Todo fue de forma silenciosa y bajo la oscuridad del caserío, donde perdieron la vida el combatiente del Ministerio del Interior Lidio Rivaflecha Galán y el miliciano Ramón Siam Portelles, quienes cubrían las habituales rondas de protección del punto de Guardafronteras del poblado, localizado a unos 70 kilómetros al norte de la ciudad de Holguín.

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Las mortíferas metrallas provocaron también heridas graves al jefe de esa unidad Carlos Escalante, conocido como El Chino, y a las hermanas Nancy y Ángela Pavón Pavón, de 15 y 13 años de edad, respectivamente, así como al obrero agrícola Jesús Igarza Osorio.

Tras estos 50 años, Boca de Samá, por sus nexos al mar, mantiene la lozanía de humildad de una comunidad pesquera que distingue por su gente y la geografía propia de un entorno rural donde se cultiva el patriotismo que intentaron cegar las balas enemigas de la Revolución desde las entrañas del Imperio.

NOCHE DE HORROR

Como atestiguan sus pobladores, aquella fue una noche de horror, interrumpida bajo un fuego de balas sin precisarse de dónde provenían las descargas mortales que impactaron a la comunidad tras el desembarco mercenario por el canal marino que une al poblado con aguas del Atlántico a través de la costa norte holguinera.

Todos los habitantes del caserío, recuerda el Chino Escalante, como es conocido en la zona, saltaron en sus hogares ante las descargas de ametralladora desde una lancha madre, que despiadadamente abrió fuego tras penetrar a la pequeña ensenada que identifica a Boca de Samá.

Las acciones revelan que todo fue para cumplir un plan más de invasión mercenaria de la CIA a la Isla, con la pretensión de sembrar el terror y el pánico en la población, como han sido siempre las aspiraciones de las organizaciones contrarrevolucionarias.

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Los dos combatientes caídos- Rivaflecha y Siam- cumplían su normal recorrido de vigilia por la costa de Boca de Samá, acompañados por el entonces jefe del punto de Guardafronteras del lugar, Carlos Escalante Gómez, quien resultó gravemente herido con ocho impactos de balas en diferentes partes del cuerpo, y que como él mismo rememora, sobrevivió gracias a las múltiples intervenciones quirúrgicas a las que fue sometido.

El enfrentamiento se produjo prácticamente cara a cara cuando los dos mártires, con sus pistolas como armas de protección, se enfrentaron valientemente a los invasores, quienes habían penetrado hasta la tienda del poblado bien armados y de forma silenciosa como las propias lanchas que condujeron a los criminales invasores hasta los sitios del caserío.

Las huellas serán por siempre imborrables, como lo atestiguan tanto el Chino Escalante como los pobladores del histórico Boca de Samá y especialmente Nancy Pavón, cuyas balas enemigas le impidieron estrenar los zapatos por sus 15 años recién cumplidos, pues los proyectiles le destrozaron sus dos pies con fuertes impactos de proyectiles, limitándola de por vida al ejercicio pleno de sus sueños de joven y mujer trabajadora.

En memoria a las huellas imborrables de aquel 12 de octubre, Boca Samá se erige como un monumento contra el terrorismo, vigilante ante quienes intenten volver por sus aguas marítimas a interrumpir el sueño de sus pobladores, símbolo de firmeza y patriotismo desde el corazón mismo de su comunidad, mirando siempre al mar y rechazando cualquier intento de agresión por sus costas.

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