Rescatan exponente de la arquitectura santiaguera de principios del siglo XIX

 

En el entorno de la céntrica Plaza Dolores, de Santiago de Cuba, llama la atención de los transeúntes en la calle Aguilera número 460 un alto andamiaje y el ajetreo constructivo en la fachada de una edificación de arquitectura colonial, de dos niveles y con balconaje en el segundo.

Se trata de una construcción de principios del XIX que ha sobrevivido al paso del tiempo en la ciudad.

Acogió en los siglos coloniales a familias ilustres, en lo que fuera la calle San Tadeo número 18, hoy Aguilera, nombre que honra al patricio bayamés Francisco Vicente Aguilera.

Precisamente su hija Juana Aguilera Kindelán habitó el inmueble cuando contrajo nupcias con uno de los que fuera su propietario, Luis García de Luna y Kindelán, quedando luego en manos de sus descendientes, según precisiones de la Doctora en Ciencias Históricas Aida Morales.

Diversos usos ha tenido con el paso del tiempo: casa de huéspedes, Colegio de Contadores y ciudadela en su segundo nivel.

El balconaje de la espaciosa edificación es del tipo “corrido” con el inmueble aledaño, que ocupó el Bodegón Criollo o Taberna de Dolores, como indistintamente se ha llamado, y está considerado uno de los mejores exponentes de la época colonial conservado en la urbe.

Su permanencia en el tiempo brinda un toque distintivo y de elegancia en ese ámbito citadino.

Por sus valores y posibilidad de rescatar la casona, arqueólogos, proyectistas y alumnos y profesores de la Escuela Taller de Oficios de Restauración Ugo Luisi, de la Oficina del Conservador de la Ciudad, hacen realidad un sueño muy anhelado.

Para los jóvenes de la “Ugo Luisi” es una obra escuela, cuyo principio es “Aprender haciendo” y así materializar los conocimientos adquiridos en aulas y talleres, sobre todo en el último año y medio marcado por la pandemia, y por eso cumplen las medidas establecidas en el protocolo sanitario.

Trabajan todas las especialidades -albañilería, carpintería, herrería, plomería y electricidad- según lo demande la marcha de los trabajos, puntualizó Osvaldo Pérez Bell, director de ese plantel.

Conservador de la Ciudad destaca valores del inmueble

Al arquitecto Omar López Rodríguez, Premio Nacional de Arquitectura y director de la Oficina del Conservador de Santiago de Cuba, se le puede encontrar en la “Casona de Aguilera 460” como suele llamarla, supervisando cada detalle de la ejecución y trasmitiendo su saber a los muchachos de la “Ugo Luisi”.

“Sobre la arquitectura colonial que la distingue tiene su estilo propio y personalizado, de alta singularidad, elementos de la época en que fue construido, con su adaptación a la sismicidad típica de la región.

Tal es el caso de su entramado interior de madera, con horcones y soleras, que permitían la resistencia en edificios como este y así ha ocurrido desde su construcción hace dos siglos, aunque con esas características se hicieron pocos en la ciudad.

Es el único con balconaje corrido, es decir que tiene un anexo con el edificio colindante, también muy antiguo, y ambos ejemplares son altamente valorados.

En el caso de la Casona Aguilera 460, esperaba hace más de una década la evaluación para su posible recuperación, debido al deterioro progresivo por los usos que tuvo.

Al fin llegó ese momento, merecido por sus valores arquitectónicos e históricos indiscutibles y, aunque ahora es compleja la situación sanitaria, comenzó el proceso de rehabilitación y restauración, conservando la esencia del edificio, todo lo que sirve de él se mantiene, ese es el principio.

Es una pieza importante de la ciudad, donde se trabajará en varias etapas por la Escuela Taller y grupos asociados al Fondo Cubano de Bienes Culturales.

Hace varios meses se labora intensamente en el cuerpo principal, con dos áreas: la original que corresponde a la época colonial en forma de “L” y otra al fondo, a la etapa republicana.

Paralelamente se ejecutan acciones preliminares en la segunda planta, con la intención de reutilizar los espacios destruidos y su patio interior.

Todo lo que era de madera se mantendrá como en sus orígenes, mientras en el balconaje se sustituyen piezas que estaban deterioradas.

Su puerta original de acceso se restaura, así como también otras interiores y las hojas de los amplios ventanales con barrotes decorativos de madera que en elevado por ciento se conservaban.

Como curiosidad cuenta con un aljibe simétrico, de 12 metros de largo, por 4,50 de ancho y de cinco a seis de profundidad.

Su función era recolectar el agua de lluvia con fines domésticos, no para consumir, a través de un embudo conectado al techo inclinado.

Se trabaja fuerte en esa obra hidráulica, por la sedimentación que presenta a lo largo de los siglos.

De grandes dimensiones y complejidad en su rescate, muchos se preguntan qué fines tendrá ese importante edificio: acogerá un proyecto cultural asociado a la música cubana.

Santiago de Cuba aspira a ser declarada por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Ciudad Creativa en la Música.

En julio último, el Instituto Latino de la Música reconoció a la urbe oriental, en el ámbito del aniversario 506 de la fundación de la villa de Santiago de Cuba, como Referente Musical de Iberoamérica, por sus aportes en la creación y el desarrollo de varios géneros musicales.

Por eso lo provechoso de tener un espacio para interpretar, entender, comprender y asociar esa esencia.

Se denominará Son Eros y su patio será un buen anfitrión de descargas musicales, acompañado de una oferta gastronómica para hacer más placentero el disfrute del lugar, donde valores arquitectónicos, históricos y culturales serán sus principales atractivos en un sitio privilegiado que mira a la muy antigua y céntrica Plaza Dolores.

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