1961: Congreso de la Alfabetización, plataforma al futuro

El cinco de septiembre de 1961 concluyó en La Habana el Congreso Nacional de la Alfabetización, después de varios días de sesiones que analizaron el desarrollo, hasta ese momento, de la campaña o batalla épica de un pueblo en pos de llevar las luces de la enseñanza a más de un millón de iletrados adultos, de acuerdo con estadísticas divulgadas a comienzos de año.

El cinco de septiembre de 1961 concluyó en La Habana el Congreso Nacional de la Alfabetización, después de varios días de sesiones que analizaron el desarrollo, hasta ese momento, de la campaña o batalla épica de un pueblo en pos de llevar las luces de la enseñanza a más de un millón de iletrados adultos, de acuerdo con estadísticas divulgadas a comienzos de año.

Del medular cónclave, resumido por Fidel, salieron también las medidas para acelerar, sin menoscabo de la calidad y la eficiencia, un proceso que los cubanos se habían propuesto cumplir en solo un año, a iniciativa del líder de la Revolución Cubana.

Valles y montañas, bateyes, poblados y ciudades de toda la geografía nacional estaban siendo iluminados por las luces de los faroles de los alfabetizadores y con las letras del abecedario y los números primarios. Había casi niños y adolescentes en esa fuerza entusiasta dispuesta a dar sus conocimientos.

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En ningún lugar del mundo se había hecho un esfuerzo tal. Y en el continente, cada vez que se pensaba utópicamente en la alfabetización en cualquier nación latinoamericana, solo se soñaba como un proceso gradual que llevaría de ocho a 20 años, si alguna vez arrancaba el proyecto.

Cuba había emprendido con todas sus fuerzas la Campaña de Alfabetización teniendo en cuenta su innegable espíritu humanista, pero también la necesidad de que esta se cumpliera y fuera un resorte más para el desarrollo económico, social, cultural y político que la Isla necesitaba, algo que tenía muy claro el entonces primer ministro, Comandante Fidel Castro y la dirigencia que lo acompañaba.

Para ello, desde el mismo triunfo de Enero se emprendió la alfabetización de los miembros del Ejército Rebelde que fueran iletrados, se hizo una contundente transformación de cuarteles en escuelas y se inició una verdadera revolución del sistema educacional cubano. Año de la Educación fue declarado el mentado 1961, cuando la formación de miles maestros emergentes fue prioritaria, como también el pleno empleo de los ya existentes.

Sucintamente: en los días del Congreso, del millón 045 mil 329 analfabetos en listas, ya habían dejado de serlo 129 mil –con el proceso terminado-, en tanto cursaban clases intensivas 775 mil, como obra unos 250 mil alfabetizadores en lo fundamental de las Brigadas Conrado Benítez y los maestros voluntarios. Se necesitaba un refuerzo, no obstante.

Al llamado de Fidel, a partir de ese septiembre las filas de los maestros voluntarios se crecieron notablemente, tras la convocatoria urgente y patriótica a obreros, intelectuales y todo el que estuviera dispuesto y en condiciones de enseñar. Cuba era un hervidero de amor y solidaridad.

Así, con más de 300 mil protagonistas del lado de la enseñanza, la Campaña de Alfabetización pudo llegar felizmente a término el 22 de diciembre de 1961, en un multitudinario acto realizado en la Plaza de la Revolución José Martí, desbordante de entusiasmo, juventud –la más connotada contribuyente-, firmeza revolucionaria y deseos de seguir cumpliendo nuevas tareas de la Revolución.

Los no nacidos entonces o los desconocedores de la historia, pueden pensar que aquella gesta solo fue leer, escribir y cantar, parodiando el viejo dicho. Pero fue mucho más.

Fue la voluntad y valentía de un pueblo en imparable crecimiento ante enormes dificultades como el bloqueo económico, así definido por aquellos días por Fidel sin tapujos, agresiones y actos terroristas tales como asesinatos de campesinos y brigadistas, bárbaras explosiones, incendios, la quema de campos de caña, violaciones del espacio aéreo, a cargo del prepotente y “ofendido” imperio.

El acoso continental y aislamiento a la nación, con excepción de México, las agresiones y el chantaje, la organización y pago por parte de EE.UU. de bandas contrarrevolucionarias criminales, que ya habían empezado a sembrar el terror en alejados parajes de montaña, no detuvo el comienzo, desarrollo y final victoriosos de la alfabetización.

Tampoco la paró la invasión a Playa Girón, donde los mercenarios pagados por la CIA y el Pentágono fueron derrotados. Menos hicieron dudar a sus participantes a todo el pueblo las horribles y dolorosas muertes de Conrado Benítez, Manuel Ascunce Domenech y Pedro Lantigua.

Al resaltar en el resumen del Congreso las circunstancias difíciles y heroicas que rodearon la marcha de la alfabetización, lleno de optimismo, como era su costumbre, Fidel afirmó que la Revolución y los revolucionarios tenían las ventajas de ir marchando y haciendo más rápidamente que la contrarrevolución y sus mercenarios.

“En eso le llevaremos una buena ventaja siempre”, reafirmó, y esas palabras resuenan como lección de uso vigentes para hoy, cuando los cubanos se empeñan en emplearlas con la creatividad y el coraje que demandan los días corrientes.

Sí, en los días en que el enemigo ha añadido refinados recursos de la guerra mediática y de cuarta generación a sus tradicionales formas de agresión convencional, que tampoco dejará en desuso.

Hoy, cuando se hace énfasis en el acabado perverso de la guerra de símbolos y su manera incisiva de dominar el imaginario personal, sería bueno rememorar que la guerra simbólica empezó hace mucho tiempo con la globalización y en el continente con el hegemonismo estadounidense , difusor de sus valores y cultura, mediante el mercado en primer lugar, y con tecnologías que primero fueron el cine, la televisión, el espacio radioeléctrico y la literatura banal condensada.

Tanto influía ya esa cosmovisión que incluso hace 60 años, cuando comenzó y terminó la liberadora campaña de alfabetización, era casi natural en muchos pueblos y personas promedio de este continente pensar que todo lo que provenía del American Way of Life era lo máximo.

La alfabetización dio y sigue dando un aporte invaluable al desarrollo humano del pueblo de Cuba y su territorio. Justicia y valores se ensancharon con ella. Sólo basta mirar el potencial cultural , científico-técnico y moral alcanzados para reconocerlo desde la honestidad, con orgullo por siempre. Sin rimbombancias, es la pura verdad.

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