Las Marianas en el vórtice de la historia

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El pelotón de mujeres combatientes Mariana Grajales vino al mundo, feliz y desafiante, luego de una reunión del Estado Mayor del Ejército Rebelde, transcurrida entre los días tres y cuatro de septiembre de 1958, en pleno fragor de la contraofensiva estratégica final del movimiento liberador, emplazado ya por casi toda Cuba a partir del corazón de la Sierra Maestra.

Tuvo el privilegio entonces de nacer en un momento crucial en el cual empezaban a ocurrir, como un anuncio de lo que vendría después, cambios medulares y nunca vistos en esta tierra.

Se dice que surgió desafiante porque Fidel Castro, el Comandante en Jefe revolucionario, gestor del nacimiento, tuvo que enfrentar prejuicios machistas en no pocos miembros de esa dirección para crear tal fuerza de combate femenina pequeña en número, pues solo eran 13, pero con una enorme moral de combate y una recia firmeza de convicciones.

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Fidel acabó por persuadir a algunos de los más reacios con argumentos profusos que venían de su certeza de que en la historia de Cuba había ejemplos incontestables de mujeres combatientes como Mariana Grajales, Ana Betancourt y las legendarias bayamesas y camagüeyanas del 68 y del 95. La disciplina que imperaba en la tropa debe haber hecho el resto.

Influía algo más: la llegada de la corajuda luchadora clandestina urbana Celia Sánchez Manduley a la Columna Uno José Martí, comandada por él desde el enclave de La Plata, le puso a mano otro ejemplo irrefutable de la gran valía de la mujer en el combate frontal al enemigo.

El líder, al recordar aquel memorable paso incomprendido por algunos de su compañeros, afirmó que al ser interpelado sobre las razones de armar o darle un fusil M-1 a una mujer, mientras un soldado hombre carecía de este, dijo al cuestionador: “Te voy a decir por qué: sencillamente es mejor combatiente que tú”.

Pasaron a integrar el pelotón hoy reconocido como Las Marianas, en la primera línea de combate, su jefa, Isabel Rielo Rodríguez; la segunda jefa, Delsa Esther Puebla Viltres (Teté), Olga Esther Guevara (Olguita), Ángela Antolín Escalona (Angelina), Edemis Tamayo Núñez (la Gallega), Orosia Soto Sardina, Flor Celeste Pérez Chávez, y Eva Rodríguez Palma.

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Además, Lilia Rielo Rodríguez, hermana de Isabel, Rita García Reyes, Juana Bautista Peña Peña, Ada Bella Acosta Pompa y Norma Rosa Ferrer Benítez. Todas muy jóvenes, campesinas originarias de diversas regiones del suroriente cubano, quienes cumplían misiones como maestras, enfermeras, mensajeras o tareas de logística desde su llegada a las tropas.

«Designé —escribió Fidel— al frente del Pelotón de Mujeres, con el grado de teniente, a la enfermera rebelde Isabel Rielo, quien llegó al grado de capitán de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)». Al morir, ostentaba los grados de coronela.

A Teté Puebla, entonces segunda al mando, la vida le permitió alcanzar desde hace varios años el grado de General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, única mujer hasta el momento con esos atributo, y ha sido miembro del Parlamento cubano y cumplido significativas tareas a lo largo de un historial notable y ejemplar, digno de la estirpe combativa de sus mejores compatriotas.

El bautismo de fuego ocurrió en el combate de Cerro Pelado, el 27 de septiembre de aquel año 1958, luego que las muchachas del pelotón recibieron entrenamiento a cargo del propio Comandante en Jefe, quien las nombró además como las responsables de su seguridad personal, en un gesto que demostraba la confianza ilimitada que tenía en la valentía y las destrezas en el combate que podrían alcanzar las mujeres.

Norberto Escalona Rodríguez, historiador, constata que de esas combativas jóvenes, Flor Celeste resultó la única herida de bala en el combate de Maffo.

Estuvieron en la histórica Batalla de Guisa, dirigida por Fidel en los finales de la campaña victoriosa en el Oriente, cuando ya Camilo y Che, al frente de sus crecientes columnas invasoras, cumplían empeños determinantes en el centro y occidente del país.

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En Guisa, lamentablemente el 27 de noviembre un disparo de obús de un tanque enemigo acabó con la vida del capitán Braulio Coroneaux, en La Loma de El Martillo. Y muy cerca del héroe estaban, cumpliendo órdenes del Comandante, Angelina , Ada Bella, Flor Celeste y Rita, combatientes con nombres que hoy se antojan símbolos, inolvidables al igual que el resto de sus compañeras.

Incluso rememora el cronista que «Eva y “Angelina” quedaron enterradas hasta la rodilla por la tierra que les cayó encima, levantada por la explosión cercana. La última salió herida levemente y no puede dejar de mencionarse que Ada Bella, al comienzo de la Batalla de Guisa, le arrebató a un cabo del ejército su carabina San Cristóbal, solo a punta de un revólver.

A principios de octubre de 1958, el capitán Eddy Suñol fue designado por la Comandancia para cumplir una misión en los predios de Gibara, al mando del Pelotón No. 3 de la Columna 14 Juan Manuel Márquez. Iba acompañado por el refuerzo, dispuesto por Fidel, de las Marianas Isabel Rielo, Teté Puebla, Lilia Rielo y «la Gallega».

Consta la capacidad de lucha y valor de las combatientes, algo reconocido por Suñol de puño y letra, en varios combates, entre estos los de La Presa y Los Güiros.

Tras la alborada de la Revolución, el primero de enero de 1959, las integrantes del pelotón femenino se sumaron a las tareas principales junto al resto de los miembros del Ejército Rebelde y el pueblo. Ninguna claudicó ni se apartó del camino elegido en la flor de la vida.

Aquel día cuatro de septiembre en que la emisora Radio Rebelde dio la noticia a sus apegados oyentes del nacimiento del Pelotón Femenino Mariana Grajales fue muy feliz, a pesar de los avatares que conlleva una guerra. Algo nuevo y hermoso nació sin dudas entonces, como todo lo que proviene del amor y la fuerza de las mujeres. ( Martha Gómez Ferrals, ACN)

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