El turbante, símbolo de identidad de la mujer afrodescendiente

El turbante, símbolo de identidad de la mujer afrodescendiente

El turbante, sucesor de las telas utilizadas por las mujeres de África Subsahariana para cubrir y engalanar su cabellera, deviene hoy símbolo de la identidad de las afrodescendientes residentes en América Latina y el Caribe―cuyo día se celebra cada 25 de julio desde 1992―, y, a la vez, constituye un nexo histórico y cultural entre ambos lados del océano Atlántico.

Esta prenda, denominada foulard en francés o gele para los pueblos yoruba, llegó a América en el siglo XVIII, como resultado de la inhumana trata negrera que arrancó violentamente a miles de africanos de sus naciones, quienes fueron víctimas de torturas, ventas, violaciones y todo tipo de atrocidades.

En Estados Unidos, por ejemplo, los amos y capataces obligaron a las negras a llevar el paño dentro del código de vestimenta con el propósito de denigrarlas y hacerlas sentir inferiores, pero ellas crearon nuevas formas de oponerse a la supremacía blanca y convirtieron al turbante en un signo de resistencia.

Disímiles finalidades tuvieron los pañuelos durante la colonización: las esclavas trenzaban rutas de escape hacia los palenques en su cabello, que después cubrían con turbantes; además, estos les servían para esconder semillas y oro con los que luego compraban su libertad o con el fin de asegurar la alimentación de sus semejantes.

Asimismo, el accesorio protegía del sudor cuando se trabajaba expuesta al sol, evitaba la propagación de piojos, y ayudaba a minimizar el peso de las bateas con agua o alimentos trasladadas por las féminas desde lugares distantes.

Según varios investigadores, el foulard cobraba una relevancia especial para las damas de tez oscura porque el modo de lucirlo revelaba ciertos rasgos identificativos de ellas al resto de la comunidad.

El turbante, símbolo de identidad de la mujer afrodescendiente

Así, si el nudo del turbante se hallaba a medio lado, esto indicaba su sincronización con la ubicación del sol, motivo por el cual las palenqueras creían que venderían todo el contenido de sus palanganas. Mientras que si el paño tenía tres vueltas era una conmemoración.

Por otra parte, cuando el adorno estaba inclinado hacia la parte derecha de la cabeza indicaba ―sobre todo a los hombres― que la joven estaba casada; en tanto, si lo disponía hacia el lado izquierdo señalaba su condición de soltera.

La historiadora Helen Bradley Gabriel reseñó que el turbante adoptó infinidad de significados a través del tiempo, pero fueron los descendientes de los esclavos quienes se encargaron de determinar la trascendencia y el uso de los geles para las generaciones del futuro.

De esta manera, el empleo de la mencionada prenda de vestir, con su gran diversidad de colores y tamaños, ha llegado hasta la actualidad, evidencia de la gran conexión existente entre las afrodescendientes y sus antepasados, así como una muestra de la tenacidad y el estilo de las nacidas en estas tierras.

Y es que en el presente son varios los proyectos en Cuba, liderados por muchachas, enfocados en rescatar la herencia africana llegada a esta isla desde hace cinco siglos; tal es el caso de los emprendedores Turban Queen, Lo Llevamos Rizo, Beyond Roots y QbaRizos.

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Similar objetivo se propuso la cantante Telmary Díaz con el lanzamiento de su marca Tumbao de Telma, en la filial de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas en la provincia de Cienfuegos, con el turbante como uno de los accesorios principales.

Sin dudas es ese pañuelo una representación del sentido de pertenencia y la belleza que caracterizan a las “diosas de ébano”, desde aquellas arrancadas de África a la fuerza hasta las que desandan hoy el mundo orgullosas de sus raíces.

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