José Maceo, ejemplo para todos los tiempos

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José Maceo combatió casi siempre junto a su hermano Antonio en las dos principales contiendas independentistas de Cuba y en más de una ocasión salvaron sus vidas mutuamente, sobre lo que solía decir el Titán de Bronce: “Estoy vivo por mi hermano José”, al referirse al 7 de agosto de 1877, ocasión que recibió siete balazos y fue rescatado casi moribundo ante las fuerzas españolas.

Quiso el destino y las circunstancias de la Guerra Necesaria, iniciada el 24 de febrero de 1895, que ambos cayeran en combate a más de mil kilómetros de distancia en el mismo año de 1896. Antonio el 7 de diciembre en Punta Brava, cerca de La Habana después de cumplir la invasión al occidente, y José el 5 de julio en Loma del Gato, cerca de Santiago de Cuba, hace ahora 125 años.

Ese día, el llamado El León de Oriente ordenó a parte de sus fuerzas dirigirse hacia la elevación y al no generalizarse el combate partió al frente de su escolta a explorar la zona y cayó herido de muerte por el fuego enemigo a los 47 años.

Había nacido el 2 de febrero de 1849 en Santiago de Cuba y tuvo como entorno formador las agrestes estribaciones de la Sierra Maestra, en la finca familiar de Majaguabo.

Allí el padre le enseñó el arte del combate al machete en pleno campo, muy lejos de los estilizados salones de la esgrima y se hizo experto jinete y certero tirador.

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Mariana Grajales, la excepcional madre, y Marcos Maceo, el progenitor, inculcaron a sus descendientes altos valores éticos, de amor filial, honradez acrisolada, dedicación al trabajo, valentía, solidaridad y sobre todo un profundo sentimiento anti esclavista e independentista para la Patria colonizada.

José junto al padre, Antonio y otros hermanos secundaron el grito de independencia de Carlos Manuel de Céspedes en octubre de 1868 y libró más de 500 acciones militares en las que alcanzó el grado de Mayor General del Ejército Libertador.

En 1879 fue uno de los iniciadores de la Guerra Chiquita en el propio centro de Santiago de Cuba y libró varios enfrentamientos exitosos, pero por la falta de condiciones y organización tuvo que acordar un pacto con el ejército español en Guantánamo, el dos de junio de 1880, en el cual los cónsules de Inglaterra y Francia garantizaban su libertad y la de sus acompañantes.

Partieron al exilio junto a él, su esposa, sus hermanos Felipe Regüeiferos Grajales y Rafael Maceo Grajales “Cholón”, quien moriría poco después en difíciles circunstancia; además, lo acompañaron otros patriotas y familiares.

El barco que los llevaría al exterior fue interceptado en altamar por orden del Gobernador General de la Isla y los cubanos resultaron apresados y conducidos a Chafarinas, España, donde José permaneció hasta 1882.

No se resignó a ese destino y en julio de 1882, cuando era trasladado para otra prisión en la Ciudad de Cádiz, se evadió junto con los suyos y llegó a Gibraltar, dominio británico, pero fue entregado a la policía ibérica por las autoridades inglesas junto a sus acompañantes, bajo el pretexto de que se trataba de un delincuente fugitivo y no un destacado líder revolucionario cubano.

De inmediato, se inició una campaña internacional en su favor en la que participaron importantes patriotas como José Martí, desde New York; Juan Gualberto Gómez, desterrado político en Madrid; el doctor Emeterio Betances, patriota puertorriqueño residente en París; y en el Parlamento británico el periodista irlandés, amigo de Cuba, James Okelly.

Hasta Federico Engels en carta a Carlos Marx se pronunció en contra del tratamiento dado por las autoridades británicas al cubano y sus compañeros.
Esas campañas permitieron que se flexibilizara en algo su régimen carcelario y pudo beneficiarse de una especie de libertad condicional hasta que pudo escapar de Palma de Mallorca en 1884 junto a su familia, pero esta vez de forma definitiva hacia Jamaica.

El inicio de la Guerra Necesaria lo encontró otra vez en unión de su hermano Antonio y otros patriotas con los que desembarcó por Duaba, Guantánamo, el primero de abril de 1895, pero nuevamente las circunstancias difíciles lo pusieron a prueba al sobrevivir a una verdadera odisea solo y rodeado de enemigos durante más de 10 días de búsqueda de las fuerzas cubanas por las lomas de Baracoa.

La llegada de los hermanos Maceo a la contienda fue un factor indispensable para el fortalecimiento de la guerra, y José se destacó por su agresividad contra el enemigo, lo cual demostró en los combates victoriosos de La Curia, Maibío, Sagua de Tánamo, Altos de Ampudía y en las acciones de Cauto Abajo, Altos de Santiago y El Caney.

Su valentía, intransigencia ante las peores condiciones impuestas por el enemigo, en el campo de batalla y en las prisiones colonialistas constituyen un ejemplo para las actuales y futuras las generaciones de cubanos.

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