Juan Cristóbal Nápoles Fajardo: el poeta de las mil muertes

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Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, nació en Las Tunas el primero de julio de 1829, sin embargo, en torno a su muerte son muchas las teorías que la cultura popular y la historiografía han citado, y aun así todas apuntan a que el bardo es el único poeta desaparecido en la historia de la literatura cubana.

Entre las figuras que resultan claves para arrojar luces sobre el tema destacan la historiadora de la ciudad de Santiago de Cuba, Olga Portuondo; el historiador de Las Tunas, Víctor Manuel Marrero Zaldívar; y el intelectual tunero Carlos Tamayo, trilogía que desde la admiración y el conocimiento se ha encargado de investigar sobre el trovador.

Así se conoce que en la época en que vivió El Cucalambé Las Tunas era muy parecida a las ciudades romanas, tenía casas con bastante amplitud, columnas al frente y se hacían muchas tertulias; y de cómo los Nápoles Fajardo fue la familia que más aportó a la cultura tunera en ese entonces, pues aunque de sus cinco hermanas no se conoce obra artística alguna, los tres varones fueron hombres de letras.

En Puerto Príncipe, hoy provincia de Camagüey, todos los años se hacían grandes ferias y los tuneros iban con sus arreos ganaderos; allí fue donde Juan Cristóbal conoció a Isabel Rufina Rodríguez y contrajo matrimonio con ella en 1854.

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La pareja entonces se traslada a la finca El Cornito donde El Cucalambé poseía una parcela para cosechar, era la casa de campo de los Nápoles y por tanto desde muy joven él estuvo vinculado a esa hacienda donde jugó, sembró la tierra y se inspiró, explicó Marrero Zaldívar a la Agencia Cubana de Noticias.

Desde allí escribió gran parte de su obra poética, por tanto El Cucalambé se puede decir que era un campesino culto, dijo Carlos Tamayo, para luego agregar que se firmaba bajo ese seudónimo que significa “Cuba clamé” aunque luego Fernando Ortiz encontrara que en la isla se bailó una danza africana muy sensual que se llamaba Cucalambé.

Olga Portuondo narra que él llega a Santiago de Cuba alrededor de los años 50, después de la epidemia de cólera que puso en una situación de crisis a la zona de Las Tunas, y que arribó en medio de un contexto favorable para el fomento intelectual lo que le permitió empezar a publicar sus textos en El Redactor, periódico reconocido de la época.

En El Redactor publicó la obra “Consecuencias de una falta” que se presentó en el Teatro de la Reyna, y otros textos teatrales; trabajó como pagador de obras públicas y responsable de almacén, responsabilidad por la que tenía que emitir todos los meses los salarios de las personas que trabajaban en la construcción de puentes, carreteras, y otras obras.

Era el encargado de llevar el dinero a una compañía de seguros marítimos, hasta que un mes el jefe de la obra dijo que el efectivo no había llegado y que lo debía haber sacado El Cucalambé, y ahí comenzaron las leyendas sobre la desaparición del bardo tunero.

Comenzaron entonces a surgir las versiones sobre su participación en el alzamiento de Joaquín de Agüero y con esto sus ideas independentistas, acontecimiento sobre el que a pesar de su juventud escribió versos y demostró su amor por Cuba y un marcado afán de libertad.

Al más puro estilo de leyenda popular, hay quien dice que se fue para el extranjero por el Puerto de Nuevitas, para Alemania porque dominaba ese idioma, y hasta para Estados Unidos, se dice, se dice, se dice, evoca Carlos Tamayo.

Olga Portuondo se pregunta qué fue lo que en verdad motivó la desaparición de El Cucalambé de Santiago de Cuba, pues otras interpretaciones indican que el cadáver de Juan Cristóbal apareció flotando en la bahía de la oriental provincia, pero también que había sido encontrado en un bote con un gran cuchillo clavado en el pecho.

Incluso, en los archivos españoles hay documentos que lo enjuician por el robo del dinero de las obras públicas y se establece una condena de 11 años de cárcel y el embargo de todos los bienes de su familia, pero ese juicio nunca se llegó a realizar.

Los investigadores tuneros coinciden en que El Cucalambé no desapareció, sino que lo desaparecieron, y que su obra lo convirtió en el poeta popular más importante de Cuba en el siglo XIX.

Máximo representante de la cultura bucólica, Nápoles Fajardo no escribió para el guajiro, escribió desde el guajiro, al desarrollar un sentimiento de patriotismo a partir del reflejo de lo más autóctono de la flora, la fauna, y las tradiciones campesinas.

Cada año la provincia de Las Tunas desarrolla la Jornada Cucalambeana en alabanza a él y a la décima, un guateque gigante que en esta 54 edición celebra desde la virtualidad el cumpleaños 192 del bardo mayor.

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