Cuando la Revolución hizo el mar azul abierto y democrático

 

Clubes y Playas exclisivas. Etapa republicana. Habana Yacht Club


Nicolás Guillen en una de las estrofas de su poema Tengo, de 1964, inspirado en los logros sociales de la Revolución escribió : “Tengo que como tengo la tierra/ tengo el mar/, no country/, no jailáif/, no tenis y no yacht/, sino de playa en playa/ y ola en ola/, gigante azul abierto democrático/: en fin, el mar”.


En esos versos nuestro Poeta Nacional refiere la institucionalización de la discriminación por origen social y por el color de la piel que sufrió el pueblo cubano, excluido del sistema de clubes y playas exclusivos solo para las clases privilegiadas en esas instituciones, que durante más de medio siglo se extendieron en todo el país en la etapa republicana.

También los había de clase media profesional, pequeña burguesía y para trabajadores, principalmente de empresas de intereses estadounidenses, como la de teléfonos y eléctrica en que muchos trataban de imitar a las clases pudientes en sus desvelos de tomar distancia del pueblo en sus pequeños privilegios de pedazos de mar y playas privadas.

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Pero la alta burguesía también se encargó de señalar límites a esos vagos sueños y desde inicios del siglo XX construyó lujosas e inaccesibles instalaciones, esencialmente en la costa al oeste de la capital, en zonas de Miramar, Marianao, Jaimanitas y Santa Fé, con marinas, salón de juegos, campos de golf, balnearios que agrupaban a sociedades de los deportes náuticos, solo para renombrados miembros.

En su afán de trasladar los patrones de la alta sociedad estadounidense, esos centros fueron nombrados como Havana Yatch Club, Miramar Yacht Club y Havana Country Club, o Havana Biltmore para una selecta zona residencial, pero peor que las nominaciones en inglés fue la copia del racismo que impedía a negros, mulatos y gente pobre acceder o deambular por esas zonas.

Esa realidad cambiaría con el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959, y fue el Comandante en Jefe Fidel Castro en el discurso por el primero de Mayo de 1961, a pocas semanas de la derrota de Playa Girón, quien en la Plaza de la Revolución denunció que de los más de mil mercenarios, en su mayoría representantes de los sectores explotadores, “200 eran socios de los clubes más exclusivos y aristocráticos de La Habana”.

Además, señaló que en contraste con esas áreas de privilegio coexistían en Cuba “(…) niños hambrientos y descalzos, limosneros por las calles, bañándose en El Morro o bañándose ahí junto a las aguas de los vertederos, porque no tenían chance de ir a una playa, porque las playas estaban cercadas, las playas eran para los particulares, las playas eran para los aristócratas, las playas eran para los afortunados, privilegiados, usufructuarios de la libre empresa”.

Poco después, el 16 de mayo de 1961 se promulgó La Ley 270 que declaró el uso público de las costas y las playas de Cuba y se definió como costa a una faja de 100 metros de ancho a todo lo largo del litoral, con lo cual terminó la historia de los clubes de privilegiados y se dio un paso institucional importante contra la discriminación racial y de todo tipo en el país.

Ese derecho, conquistado hace 60 años, cuando al decir del poeta el mar se hizo “en ola, gigante azul abierto democrático: libre”…también está refrendado en la Carta Magna cubana proclamada el 10 de abril de 2019, en su Título V, el cual recoge: “Todos tienen derecho a disfrutar de los mismos espacios públicos y establecimientos de servicios” y “la violación del principio de igualdad está proscrita y es sancionada por la ley”.

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