Cuba: Longevos platos y tragos en la tradición villaclareña

Platos tradicionales de Cuba y Villa Clara

El Caldo Lucumí, elaborado a partir de subproductos de cerdo y quimbombó criollo, solía venderse en festividades religiosas de los siglos XVIII y XIX y fue creado en San Juan de los Remedios, octava villa de Cuba que cumple 506 años de fundada el próximo 24 de junio.

Con evidente influencia africana, el plato se servía caliente a fieles que asistían a los eventos propuestos por la iglesia católica, y figura entre las recetas que recopila la filial de la Asociación Culinaria de Cuba en Villa Clara.

También en la longeva localidad se conoce el Ponche de la Parroquia, que aún se mantiene en el gusto de quienes visitan la cafetería El Louvre, centro que abrió sus puertas el 19 de octubre de 1866, con funciones mantenidas hasta el presente como uno de los establecimientos, de su tipo, más antiguos de Cuba.

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La cafetería, por su cercanía a la parroquial mayor de San Juan de los Remedios, joya del barroco cubano y principal escenario de los festejos entre barrios conocidos como Parrandas, se apropió de la fórmula del trago, servido a los parroquianos en las frías noches de diciembre.

Trago tradicional realizado a partir de leche, ron o aguardiente de caña, hierbas aromáticas, frecuentemente hojas de caña santa y canela, pero sigue siendo un secreto bien guardado, las cantidades de cada uno de los ingredientes y el método para mezclarlos.

Otra de las recetas bien populares de la gastronomía del centro de la Isla resulta la Salsa Perro, humeante sustancia marinera, originaria del hotel España, fundado en 1912 y desaparecido, en la localidad costera de Caibarién .

Delicioso y nutritivo plato elaborado a partir de ruedas de pez-perro, pargo o cherna, especies vegetales, papa, leche, harina de trigo, aceite vegetal y sal a gusto, que hace las delicias de quienes lo prueban desde hace casi 80 años.

Cuentan que el “España” se había vuelto muy conocido en la localidad por la exquisitez de su gastronomía salida de la habilidad culinaria de Constante, uno de los propietarios quien ofrecía una variada carta entre ibérica y criolla.

El caldo cremoso le dio fama al restaurante del alojamiento en la medida en que autóctonos y foráneos saboreaban y sudaban a raudales con el sustancioso alimento.

Una noche de 1928, ya a punto de cerrar el establecimiento un fatigado viajero pidió algo de comer, Demetrio- uno de los dueños del local-, fue a la cocina en busca de uno de los sopones favoritos de su compañero.

La poca actividad en hora tan avanzada y la picaresca complicidad de ambos hoteleros avivó la imaginación e hizo que al delicioso plato le naciera por nombre Salsa de Perro y así nacía la exclusividad de la casa.

Receta aún viva en la cocina local y en la tradición de los pobladores de la urbe costera.

Al igual que las leyendas, arquitectura y otras manifestaciones de la cultura, existen creaciones gastronómicas que forman parte de la historia y la idiosincrasia de los pueblos y en muchas ocasiones trascienden de una generación a otra.

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