COVID-19: Cuando las alertas son desoídas (+Video)

COVID-19

Abril entra en su última semana y desgraciadamente se lleva las palmas por los malos resultados en la lucha contra la COVID-19: con los mayores niveles de contagiados y fallecidos desde la irrupción de la pandemia en el país hace más de un año.


Este mes - y sin llegar al viernes 30 - ya exhibe más muertos (166), que en todo el 2020 cuando se lamentó la pérdida de 146 vidas.

Al valorar los resultados en este enfrentamiento hasta el sábado (24 días), el doctor Francisco Durán García, director nacional de epidemiologia del Ministerio de Salud Pública (Minsap), en su habitual comparecencia televisiva calificó de muy malos los resultados en este periodo.

Hay que escuchar la información, dijo; pero también-aclaró- hay que cumplir con las medidas instauradas en todo el país, para paliar la contagiosidad y letalidad de este virus, que en su tercer rebrote rompe records por jornada, en medio de esfuerzos descomunales del Gobierno, que no escatima recursos para salvar vidas, el más importante reto de esta contienda.

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Esta batalla sin tregua ni final a corto ni largo plazos igual tiene frente a sí como valladar el inamovible y brutal bloqueo imperial, que por estos días recibe nuevamente el rechazo internacional, pues tanta ignominia por más de 60 años solo hace crecer los gestos de denuncia y solidaridad con los cubanos, millones de los cuales hemos vivido siempre bajo sus rigores.


Duele que tanto sacrificio y el real y entendible agotamiento de las fuerzas involucradas por más de 13 meses no sea acompañado por comportamientos a tono con la difícil coyuntura epidémica, que requiere del concurso de todos: el individuo, la familia, la comunidad y las instituciones.



Soy una persona vulnerable (por edad, males asociados y vivir sola) que tengo conciencia tácita de la necesidad de cuidarme yo misma, aunque otros se preocupen a su vez; pero sobran los ejemplos de actuaciones sin justificación en medio de este panorama.

Solo menciono para graficar mis palabras anteriores, dos comentarios: con solo salir al portal de mi casa, veo el ir y venir de padres con niños de las más diversas edades, y en muchos casos sin el nasobuco.


En más de una oportunidad les alerté al respecto y no siempre me respondieron con cordialidad.

También tengo vecinos que los fines de semana salen a ver familiares en otros municipios y cuando les digo de los peligros, solo asientan por respeto, aunque creo que seguirán haciéndolo pese a todo.


Andando un poco más allá y por necesidad de suministros me acerco al Mónaco, un centro comercial muy conocido en el municipio habanero de 10 de Octubre, donde el jueves último-y sin exageración me horroricé- , pues los molotes eran más notorios de lo habitual, por el surtido de entonces.

Las aglomeraciones mayores por huevos, ron y cigarros. Todos si exhibían las mascarillas; pero el distanciamiento no existía, así que ahí el cultivo para el Sars-Cov-2 estaba “sato”.


Ante la reiteración de tales situaciones no podemos sorprendernos por las cuantías actuales de la COVID-19 en Cuba, donde los pronósticos a más largo plazo son asimismo desfavorables, como adelantó la víspera el experto Durán, quien instó a protegerse en todo momento.

Cuando alertas como esa y otras encaminadas a preservar a las personas son desoídas, entonces tenemos que lamentar cada día números de dos dígitos de fallecidos y que los contagiados cada 24 horas continúen superando los cotas precedentes.

 

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