Aponte, precursor de la independencia cubana

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Desde el ingenio de Peñas Altas se podía contemplar los verdes sembradíos de caña que descendían hacia el contorno de las azules aguas de la playa de Guanabo, al este de La Habana, hasta que la mañana del 15 de marzo de 1812, el paisaje se trastocó y la instalación y los cañaverales fueron reducidos a ruinas y cenizas por los esclavos de la dotación sublevada, quienes solo fracasarían al otro día en el intento de hacer lo mismo con la vecina fábrica de azúcar Trinidad.

La insurrección obedeció a un movimiento dirigido desde la capital cubana por el negro libre José Antonio Aponte, carpintero tallador, autodidacta, simpatizante de la Revolución haitiana y creyente de los ritos africanos como figura principal del Cabildo Lucumí.

Fue cabo de la milicia de pardos y negros, y la leyenda lo sitúa como participante en incursiones en territorio estadounidense luchando contra el poder colonial inglés durante las guerra de independencia de ese país. Al parecer su trayectoria militar le permitió entrar en contacto con cuadros de mando negros y mulatos que se comprometieron con su conspiración.

Esos miembros de las agrupaciones militares, creadas por los españoles para la defensa del territorio cubano frente a las
agresiones principalmente de Inglaterra, se comprometieron en un audaz plan a tomar fortalezas de La Habana, como el Castillo de Atares y el Cuartel de Dragones que debían ocurrir de forma simultánea a las sublevaciones de esclavos.

Aponte y sus colaboradores organizaron de esa forma la primera conspiración de carácter verdaderamente nacional que tuvo lugar en la Isla, con ramificaciones de conspiradores en Remedios, Puerto Príncipe, Bayamo, Jiguaní, Holguín y Baracoa, donde escenificaron desde enero de 1812 algunas insurrecciones que fueron duramente reprimidas con la ejecución de sus líderes y participantes.

El movimiento tuvo conexiones con revolucionarios haitianos y entre sus planes se incluía la llegada de un barco con armas desde Haití a las costas camagüeyanas para los sublevados de esa región gracias al apoyo del rey Henry Christopher (1767-1820), y del general negro dominicano Gil Narciso.

Aponte aportó a la tradición revolucionaria de la época la elaboración de un programa político que concibió a una Cuba independiente, sin esclavitud dentro del contexto de las luchas libertarias contra el colonialismo español, que se iniciaban en América del Sur y donde por igual se ejercerían los derechos de los libertos, campesinos, artesanos y demás sectores populares.

En ese sentido, resultó un precursor de los movimientos independentistas cubanos a los que se adelantó más de medio siglo, si se toma como fecha el 10 de octubre de 1868.

Por mucho el líder negro superó por su radicalidad a los movimientos liberales y reformistas de los hacendados blancos de la época, que en su mayoría se pusieron al lado de la colonia por su miedo a perder sus riquezas y la propia vida ante una presunta venganza de los negros y masas populares victoriosas como ocurrió en Haití.

Pero al parecer la coordinación insuficiente no hizo posible la estructuración completa del plan y la delación de algunos
participantes en la sublevación de los ingenios de Peñas Altas y Trinidad condujo al descubrimiento de los planes y la detención de los dirigentes de la conspiración el 19 de marzo.

Las autoridades apresaron a Aponte y ocho de sus seguidores- Clemente Chacón, Salvador Ternero, Juan Bautista, Estanislao Aguilar, Juan Barbier, Esteban, Tomás y Joaquín Santa Cruz-, y posteriormente fueron ahorcados el 9 de abril de 1812.

La cabeza del líder negro fue colocada en una jaula de hierro frente a su casa y lugar de conspiración, en la esquina de lo que es hoy la intercepción de Carlos III y Belascoaín, e igual destino tuvieron las de otros de sus colaboradores exhibidas en distintas partes de La Habana y en el ingenio de Peñas Altas, en Guanabo.

Además de esa espantosa ejecución, las autoridades levantaron una falsa leyenda de la conspiración y sus objetivos libertarios al presentarlos como cabecillas de una horda de asesinos movidos por la sed de sangre de la población blanca, interpretación que sobrevivió en la república sesgada por el racismo que 100 años después reprodujo otra masacre en 1912 contra los negros en una sublevación que estalló en Oriente y Las Villas del país, encabezada por el Partido Independientes de Color que exigían sus derechos.

Solo tras el triunfo de la Revolución en enero de 1959, el legado de Aponte y sus compañeros tuvo su verdadero lugar en la historia patria como precursores de la independencia nacional.

Lea aquí: Culminó VIII Encuentro José Antonio Aponte in Memoriam (+Fotos)

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