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La elección de protegerse, ¡al precio que sea necesario!

 

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La última vez que supe de ellos fue a través de un grupo de compra y venta llamado Revolico en la red social Facebook, el anuncio dejaba claro que los pagaba en peso cubano, moneda libremente convertible, bitcoin o saldo interno de Trust Investing, pero que si alguien sabía quién tenía “preservativos” que le avisara urgente al privado.

El otro caso de avistamiento fue en los días previos al 14 de febrero y los precios rosaban los 50 pesos por unidad, de hecho, una usuaria del interactivo grupo comercial dejó bien claro que a juzgar por el precio de los tan necesarios condones, lo mejor era desistir del amor por estos días.

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La cosa parece de risa pero no lo es, pues las incontables historias de pudor juvenil a la que casi nadie escapaba, se vuelven leyendas en estos tiempos de coyunturas en el que nos ha tocado reinventarnos de miles maneras para resolver muchos de los recursos de primera necesidad.

Sin embargo, hay pocas cosas tan insustituibles como los condones, sobre todo en medio de un contexto de salud en el que las cinco provincias del oriente de Cuba y Camagüey, reportan los índices más elevados de embarazo en la adolescencia; cuando se apuesta por ejercer un ejercicio pleno de maternidad y paternidad responsables y planificado, o cuando se aboga por prevenir a toda costa una infección de transmisión sexual.

La escasez de condones en la red de farmacias, la atención primaria de salud y establecimientos del comercio y la gastronomía donde también se les podía encontrar, transgrede el debate en redes sociales, grupos de compra y venta, incluso los chats privados entre familiares y amigos para convertirse en una problemática social seria que urge de análisis y solución.

Prejuicios a un lado ahora todas las personas pregonan libremente su necesidad al precio que sea necesario, amén de que se rompan todas las barreras de la privacidad y el anuncio se convierta en una especie de consulta virtual de sexología, en el mejor de los casos.

Quizás por eso de la idiosincrasia del pueblo cubano, jaranero y exponente a ultranza del doble sentido, es que se hace prácticamente inevitable no relacionar el producto en sí con su finalidad, o sea, con el acto sexual, pero lo cierto es que los pudores han quedado en un segundo plano.

O tal vez porque más allá de los mitos sobre el uso de los condones, sobre si reducen o no la sensibilidad, si usar dos es más efectivo, o si cortan la circulación, entre muchas otras falsas creencias, la escasez de este método anticonceptivo hoy mantiene alarmados a los jóvenes cubanos y otros grupos sociales, cuyo uso se calculó en cierta ocasión que en la isla asciende a casi seis millones de unidades mensualmente, sobre todo en personas de 15 a 24 años.

Ojalá que estos tiempos de crisis sirvan para que quienes aún les ven con recelo y timidez comiencen por darle ese voto de confianza y asuman la naturalidad que el tema merece si de salud sexual y reproductiva se trata.
Mientras tanto, no dude en publicar si se entera dónde hay.

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