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Covid-19 en Cuba, recuento anual de un combate frontal

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Erraría si iniciara este artículo diciendo que parece mentira que ya paso un año del combate frontal en Cuba contra la Covid-19. Cierto que pasaron ya 12 meses, pero este ha sido un tránsito acelerado y pesado como un gran fardo, imposible de describir a la ligera.

Nadie pudo ni por asomo imaginar que aquellas noticias que nos llegaban de un virus desconocido y voraz en China, allá por diciembre del 2019, se convertiría en un azote mundial y en muy breve plazo se extendería por doquier.

No se sabía cuándo desembarcaría el mal por estos lares pero desde entonces ya en la Antilla Mayor empezaron los preparativos, por a aquello de que a guerra avisada…


Fue así que el 11 de marzo se anunció que los tres primeros casos de contagiados (turistas italianos) en el horizonte nacional habían sido detectados en Trinidad.

A partir de esa fecha comenzaron las alertas y los nuevos reportes, en un inicio siempre vinculados a personas procedentes del exterior, los hoy llamados casos importados y que han ido ahora a la baja tras medidas restrictivas en la llegada de vuelos y otras decisiones a fines para cortar las cadenas de transmisión, con énfasis a principios del pasado mes de febrero.

Hubo que aprender en la marcha, poner la medicina y la ciencia a laborar sin respiro, pues la virulencia del SARS-Cov-19 situaba cada día la varilla más alta, cual si estuviésemos en una competencia olímpica.

Lo peor indudablemente: la pérdida de vidas humanas, pese al esfuerzo titánico de las autoridades y el Gobierno cubano, por no cejar en el propósito de quitarle victimas a la pandemia a cualquier precio. Fue y es un empeño más loable aun, cuando no por reiterado deja de ser verdad el terrible hecho de que lo alcanzado- que no es poco, aunque se requiere de mucho más- se obtuvo lidiando también con el criminal bloqueo de EE.UU. que no retrocedió ni un ápice a pesar de la globalización de la epidemia.

Ahí están los eficaces protocolos médicos cubanos anti-Covid puestos también en práctica por las misiones antillanas que partieron a otras tierras para librar allí similar batalla contra una dolencia no solo desconocida hasta entonces, sino también de gran propagación y letalidad.

Los candidatos vacunales de la Isla ya avanzan a su Fase III y son una realidad palpable, que ubica al país al frente de Latinoamérica en esa dirección.

Lo mejor también indudablemente: la disposición del personal médico- llamados héroes, los valientes, con canción incluida- y el aporte de la sapiencia de los científicos y la red de punta de centros de investigaciones y universidades cubanas que cerraron filas para en tiempo record alistar las propuestas autóctonas para liderar la soberanía nacional en el enfrentamiento contra el nuevo coronavirus.

Tales experiencias y la capacidad de los cubanos de levantarse siempre por encima de los imposibles hacen que a 365 días de la arrancada: ya sean una realidad los progresos clínicos de las Soberanas 01 y 02, y de Abdala (CIGB-66) y Mambisa (CIGB-669), de las que se habla mucho y con orgullo en el patio y, además, fuera de fronteras donde crecen las expectativas porque se sabe que Cuba va por buen camino en este frente. Con cinco candidatos vacunales, incluido, el Soberana Plus, concebida esta como vacuna de refuerzo para convalecientes de la enfermedad, o en combinación con otras vacunas.

Que nadie piense que ha sido fácil. No lo fue ni lo es, ni lo será nunca pues todos hemos sido testigos de los esfuerzos y sacrificios, pero también de una economía paralizada, de las cuarentenas, de las restricciones, de las carencias más diversas, incluidos los alimentos y medicamentos; de los fallecidos y de los curados, pero con sus secuelas.

Ya van tres rebrotes y este desde principios de enero- ya avizorado desde diciembre- por la reapertura de los vuelos internacionales y la cercanía de los festejos por la Navidad y el Fin de Año, va resultando muy difícil de lograr su meseta por la cuantía de los contagiados reportados a diario.

Febrero, el mes más corto del año, el del amor y amistad, pues devino bien fatídico por ser el de mayor transmisión y mortalidad por la Covid-19 en el país. Resulta relativamente fácil ponerlo en letras, pero su significado en números duele, con énfasis en la población de la tercera edad. En la etapa- solo 28 jornadas- se contabilizaron 108 decesos, un dato sin precedentes, que superó los 70 muertos ocurridos en enero, como lo destaco en su momento el diario Granma.

Ya nadie a esta altura debe pensar en este virus de manera a la ligera, pues si son muy vulnerables los adultos mayores, también las edades pediátricas han evidenciado la elevación de los reportes, incluso, en menores de un año.

Entonces, volvemos a caer en las reiteradas alertas a la espera de que oídos receptivos capten el mensaje: mientras no existan físicamente las vacunas finalmente validadas, nuestra tabla de salvación está al alcance de nuestras manos: la percepción del riesgo, el uso del nasobuco, las acciones de higiene constantes con el hipoclorito, el distanciamiento físico y acudir al médico ante la aparición de los ya mucho divulgados probables síntomas de la presencia del indeseable virus.

Ni ser optimistas ni pesimistas. Ninguna de ambas actitudes ayuda. Ser realistas es lo que impone esta batalla a la altura de estos momentos, cuando el Estado ha reconocido que, no obstante, la compleja situación epidemiológica que aún se atraviesa, las medidas de contención para cortar la transmisión van dando su cosecha.

Es tarea de todos contribuir con su aporte personal, consciente, responsable y solidario, a que las decisiones gubernamentales cuajen; mas ahora cuando ha disminuido ostensiblemente la incidencia de casos asociados a viajeros internacionales, pero si se sostiene la transmisión autóctona generada por el incumplimiento de las normas tras la apertura de los aeropuertos el 15 de noviembre pasado.

Cuba nunca se detuvo. Tal nunca fue su opción, pese al duro golpe que significo- y significa todavía hoy-la irrupción de la pandemia a nivel planetario, con un paso que no conoce freno. Se priorizó la preservación de la existencia y por tener nuestros propios protocolos, en medio de una nueva normalidad y con retrocesos constantes a las etapas precedentes del enfrentamiento del mal; se buscó variantes viables para reactivar su economía y arrancó el 2021 con otro gran desafío: la Tarea Ordenamiento, ya impostergable a pesar de que el entorno no podía ser más complejo.

Con tales proyecciones y retos, se llega al primer año de lucha frontal contra el nuevo coronavirus en esta semana, precisamente, cuando ya comenzó el lunes el ensayo clínico de la fase lll de Soberana 02, en ocho municipios de La Habana, donde están involucrados 44 mil voluntarios entre los 19 y 80 años. Noticia muy esperanzadora, a la que le seguirán en breve otras; pero no confiarse y actuar con disciplina y responsabilidad continúa siendo un imperativo.

OJO- y en alta con toda intención- todavía las cifras diarias reportadas por la Isla son impresionantes, al decir del Doctor Francisco Duran Garcia. Hoy- afirmó- es considerable la transmisión y ello se debe a negligencias y mal comportamientos en las calles por una parte de la población.

La fuente autorizada volvió de nuevo a llamar a la reflexión, porque se trabaja mucho pero urge el cumplimiento irrestricto de las medidas de restricción.

A cerrar filas, exigió, porque todo no lo podemos dejar a la medicina y las vacunas. La contribución individual, familiar y colectiva también cuenta, justo cuando ya está lucha frente al SARS-Cov-2 arriba a su primer año de contingencia sin cejar en su empeño: salvar vidas.

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