All for Joomla The Word of Web Design

banner_olimpico_wide.png

Sobre el ultraje a Martí, otra lección y alerta al enemigo

0-10-ultraje-a-jose-marti.jpg

Para los que hoy pagan, atizan y se equivocan acerca del patriotismo y antiimperialismo de los cubanos, la historia recuerda por estos días otra lección inolvidable: la respuesta dada por el pueblo de Cuba, y en especial sus jóvenes, a la afrenta realizada por un marino estadounidense y un grupo de sus ebrios compañeros a la estatua de José Martí, en el Parque Central de La Habana, el 11 de marzo de 1949.

El rechazo, la indignación provocada por la profanación a uno de los más grandes símbolos patrios de la nación, pronto se convirtieron en desafiante movilización popular general que obligó al embajador norteño a pedir disculpas públicamente.

Sin embargo, usando la prepotencia habitual de su gobierno, exigió secretamente la liberación de los inculpados implicados e impidió, junto a la representación militar de su país instalada en Cuba, que se hiciera justicia, y los repudiados infractores fueran juzgados con las leyes de la isla.

Cosas de la Cuba neocolonial de entonces, derivadas de la primera intervención de EE.UU. y de la Enmienda Platt, supuestamente abolida años antes, cuando la dominación era de facto.

Una cosa sí quedó clara: los hijos de esta tierra seguían tan dispuestos a defender a sus héroes y a sus valores como los padres fundadores que los antecedieron en los combates por la independencia y soberanía. Y llegaría la hora para acabar la obra de las revoluciones.

La noticia del ultraje había estallado luego de que el periódico matutino Alerta había publicado, a la mañana siguiente la foto del marino Richard Choingsby sentado a horcajadas sobre los hombros de la estatua del Apóstol, en la cual también había hecho micción grosera, mientras otro de sus amigotes intentaba escalarla para unírsele en la vejación.

Fue el fotógrafo ambulante Fernando Chaviano, quien se dedicaba a prestar servicios a los turistas y viajeros que circulaban por aquella populosa zona, quien tomó la tristemente icónica imagen, que devino en prueba contundente e irrefutable de la felonía. Aún sigue causando el mismo estremecimiento a quien la contempla actualmente.

Testigos afirmaron que muchos habaneros, clientes de un bar cercano, salieron ante el show de los impúdicos e irrespetuosos marines, cuyas visitas y estancias en la capital cubana se caracterizaban por sus escándalos en bares y prostíbulos que frecuentaban. Y como los agentes policiales cercanos no intervinieron ante tamaña ignominia, los agredieron con botellas y los insultaron.

Cada momento se sumaban transeúntes y vecinos indignados, se armó una reyerta en la cual entonces el cuerpo represivo sí tomó cartas, e hizo prisioneros de uno y otro bando.
Puede decirse que a los sicarios no les quedó más remedio que apresar a los insultantes marinos aquella noche, y en cambio se ensañaron con los buenos cubanos defensores de su más grande héroe y los valores patrios.

El suceso fue replicado por las revistas Bohemia y Carteles y el periódico Hoy, del Partido Socialista Popular, pero no por otros medios. No hizo falta para que se expandiera a vox populi.
Una gran marcha estudiantil nació desde la plaza Cadenas, en la combativa Universidad de La Habana, la cual se dirigió hasta el Parque Central, el lugar del agravio la noche anterior.

Allí homenajearon al Apóstol, le colocaron flores, condenaron el hecho alevoso y le prometieron que lucharían por la justicia, que debía cumplirse con el juicio en Cuba de los inculpados.

Desde su salida del Alma Mater hasta el Parque y luego en el trayecto hacia la embajada estadounidense, donde acordaron luego manifestarse y hacer sus pedidos, una muchedumbre de personas de diversos sectores, se les unió. Se incluían obreros, intelectuales, veteranos de la última guerra de independencia, alumnos del instituto de la enseñanza media superior de La Habana.

Entre los jóvenes universitarios tuvieron un destacado rol el joven Fidel Castro, Alfredo Guevara, Lionel Soto y Baudilio Castellanos (Bilito).

Alfredo había acudido todavía sin recuperarse totalmente de una enfermedad, en tanto Fidel, Bilito y Lionel fueron atendidos luego por contusiones recibidas en la golpiza que propinó la policía a los manifestantes cercanos a la misión diplomática.

Fue el connotado sicario Rafael Salas Cañizares, jefe de la policía batistiana, quien dirigió la represión contra los estudiantes y pueblo que repudiaban la ofensa. Tal era la venal subordinación existente ante el amo norteño.

Desde su arbitraria intervención en los finales de la guerra a punto de ganar por los patriotas, Estados Unidos impuso su ley y condiciones basado en su superioridad militar y poderío, y había frustrado la causa libertaria.

Pero los cubanos ya estaban avisados por José Martí en su carta testamento político a su amigo Manuel Mercado. Y estaban aprendiendo a golpes de la vida de sus lecciones, las que unieron a su propia dignidad nacional.

Esos sentimientos e ideales aún siguen presentes, invictos, crecientes y renovados por los nuevos tiempos, por difíciles y retadores que sean. No hay dudas.

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio


Código de seguridad
Refescar