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Maestra: vocación a la medida de Mairelis (+Fotos)

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Desde muy niña ella sabía cuál sería su profesión: le fascinaba improvisar en el patio de su casa una escuelita en la que sus muñecas eran los alumnos.

El mundo de la tiza, el borrador y la pizarra la hacen muy feliz, a tal punto que ya lleva 21 años de graduada en la enseñanza primaria y cursó una maestría en la especialidad.

Mairelis Moreno Pimentel trabaja en lo que le gusta: ser maestra, y mientras habla, la dulzura se le refleja en los ojos, negros como un azabache, “sin esa labor no soy nadie, es mi vida, me gusta dar clases, enseñar a los niños para que aprendan, llegarles, vivir el mundo de ellos”.

Siempre voy a ser maestra, porque, por esos deseos de estudiar me gradué de Contabilidad, para también saber mucho más de las matemáticas, pues los números forman parte del magisterio, pero jamás la he ejercido, ni pienso hacerlo, dice enfática la educadora, que integra el colectivo de la escuela primaria 5 de Septiembre del municipio Majagua, en Ciego de Ávila.

Hace unos años hizo falta que fuera Jefa de Ciclo en el seminternado y asumí con placer, pero con el compromiso de mis superiores de que cuando se diera la oportunidad de volver frente a un aula me lo concedieran y así fue, porque soy como una mamá gallina: “quiero estar todo el tiempo con los pollitos”, comenta risueña esta mujer, que con su participación consciente en la educación cubana es protagonista y a la vez beneficiaria de las políticas sociales que desde enero de 1959 aplica la Revolución a este sector poblacional.

Ahora, en tiempos de COVID-19, esta maestra majagüense recurre a varias alternativas para reafirmar contenidos impartidos por teleclases, pues desde el 16 de enero último la localidad está en fase de trasmisión autóctona limitada.

No puedo quedarme indiferente ante los reclamos de padres y alumnos que me piden aclaraciones de dudas, pues no es lo mismo tener al maestro frente al aula, que, por el televisor, de ahí que cuando van a mi casa los recibo respetando las medidas higiénico-sanitarias, implementadas por el Ministerio de Salud Pública, refiere muy responsable.

“Amo mi profesión, pero en situaciones de emergencias como esta, es cuando de verdad le pongo ganas a lo que me gusta, por eso confeccioné una pequeña pizarra que uso para explicar un contenido”.

Agrega la entrevistada que “con la pizarra no tengo necesidad de acercarme, como normalmente hacemos en el aula, y desde esa posición, además de aclarar las dudas y mantenerme al tanto de cómo van mis estudiantes, insisto en la importancia del uso del nasobuco y la desinfección sistemática de las manos, medidas efectivas para evitar el contagio y enfermar a los demás, porque no está permitido que visitemos a los alumnos en sus casas en trasmisión autóctona limitada de la pandemia”.

A Mairelis y a sus dos hermanas, médicos de profesión, les encanta y enorgullece que todos en Majagua las llamen Las Pititi, y no por sus verdaderos apellidos.

Refiere que desde pequeño a su papá lo identifican así, y para ella es un honor que en el grupo de personas donde se encuentre le pregunten, por ejemplo: ¿tú eres Mairelis la Pititi?, o ¿tú eres la Pititi maestra? Hasta su mamá también la reconocen como la mujer de Pititi, son pocos los que le dicen su verdadero nombre.

Mientras recuerda la educación que recibió de su familia, el rostro se le torna tierno: “Mi padre ha sido un ejemplo para nosotras, como también lo es mi madre.

Ellos dos están siempre a nuestro lado, nos apoyaron en los estudios, en la crianza de nuestros hijos, nos formaron como mujeres de bien y a la vez nos exigen que así lo hagamos con sus nietos. Eso tratamos de hacer”.

Y el compromiso de Mairelis ha ido un poco más allá de sus dos hijos, la vocación de educadora le queda a la medida, porque no sólo imparte conocimientos a sus estudiantes, sino que con su forma de ser transmite valores, sueños e inspiraciones.

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