De las cajitas codificadoras, una historia para reír, para llorar…

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No creo que sea este el único caso en el municipio de Playa, en La Habana, pienso que está sucediendo en las tiendas –más conocidas como Shoping- de toda Cuba o al menos en muchos de los territorios citadinos.

Lo cierto es que lo ocurrido este lunes 8, Día Internacional de la Mujer, en el reparto Flores, es para reír, para llorar y les cuento mi experiencia personal.

Desde ayer domingo, nos pusimos de acuerdo en la casa mi esposa, de 66 años, asmática e hipertensa; mi hija, recién operara de tobillos, y hasta la nieta, de 11 años, para que fuera a coger un turno –se reparten 100 cada día para el área de electrodomésticos-.

Me levanté a las cuatro y 45 de la mañana, y después de los trajines normales de quien madruga, salí para la tienda que está a tres cuadras de mi hogar por la calle primera, pero como acostumbran a decir muchos de los jóvenes, por gusto.

Llegué a la zona de la tienda a las cinco y 40 minutos. En la medida que me acercaba y medio de la oscuridad y la frialdad de la madrugada, pensaba y me decía en términos beisboleros: flay a las mallas.

Con el cuidado del distanciamiento y con el nasobuco traté de indagar sobre la cola para las ya famosas cajitas codificadoras y después de preguntar en varios "moloticos" que conformaban un gran molote –ya que como es lógico, la cola para el área de los alimentos es aparte- encontré a alguien que me dijo: ya escanearon los carné, pero hay otra cola esperando a ver si “clasifican” en su intento.

Caminé una cuadra para atrás y pregunté a varios muchachos. Uno de ellos me dijo que tenía el 87 –escaneado- y que dudaba que pudiera coger, pues después de él escanearon otros y quedaron pendientes. Muy atento me explicó la estrategia a seguir después de enterarse que vivo a tres cuadras de la tienda.

Puro, si quiere “clasificar” tiene que levantarse más temprano y pararse por aquí alrededor de las tres de la mañana y a las cinco salir corriendo para la esquina del establecimiento, pues si te coge la policía…

Fin de la historia. Retorné para la casa, prendí la computadora y comencé a escribir para tener fresca la triste experiencia que les cuento y pregunto: sonrio o lloro?

En medio del humor que caracteriza al cubano –se ríe de sus propias desgracias-, seguro que todos se pusieron de acuerdo para regalarle a sus esposas o madres la cajita codificadora por el Día Internacional de la Mujer.

Lo cierto es que la pregunta es dónde durmieron o a qué hora salieron de sus viviendas tantas, pero tantas personas? La pregunta de los cinco mil pesos.

Desde hace varios días he escuchado –no me consta- que las personas alquilan o se esconden en escaleras, patios, portales, etc, etc, etc… para evitar a la policía, ya que como todos conocemos por la difícil situación en Cuba por la pandemia y en especial en La Habana, de nueve de la noche a cinco de la mañana no se puede estar en la calle; de lo contrario, te aplican la ley y te multan.

Recuerdo que en mi niñez se jugaba a los policías y ladrones, ahora en los alrededores de las tiendas se juega y no los niños, a los policías y coleros o personas necesitadas de comprar, no solo cajitas codificadoras.

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