Paréntesis para crear en Isla de la Juventud (+Fotos)

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Tocados por el don de equilibrar en su justa medida formas, colores y conceptos, los pineros Leandro Rivera Mompié y Antonio López Vega tienen el brillo en la mirada de quienes cargan a cuestas un potencial de destrezas y habilidades para emprender un camino de renovación de saberes que los diferencie y resalte.

Ambos estudiantes de la Universidad de las Artes de Cuba (ISA como se le conoce en el país) dan rienda suelta a sus sueños convertidos en bocetos, proyectos o exposiciones, luego de transitar atajos diferentes para integrarse en un dúo de creación artística denominado “Paréntesis”.

“Esta idea se sustenta en la necesidad de enfatizar que somos creadores de Isla de la Juventud, cuyo propósito es replantearnos qué hacer en pos de potenciar el arte aplicado a lo social en un territorio con una historia rica y valores patrimoniales construidos antes o después del primero de enero de 1959”, comenta Leandro.

Agrega que a tenor del actual escenario pautado por la COVID-19 han tenido tiempo para pensar en la posibilidad de hacer proyectos que tributen al embellecimiento del municipio especial, sobre la base de lo aprendido en la Academia.

“Nos gustaría llevar nuestras ideas a espacios urbanísticos, sociales y arquitectónicos más allá de la galería, dar a la Isla una visualidad contemporánea, para eso, hemos explorado lugares en Nueva Gerona, donde realizar una intervención artística”, habla ahora Antonio, en segundo año de la especialidad de Conservación y Restauración.

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Explica que para tales fines ya tienen modelados en 3D varios proyectos, entre los cuales destaca el Monumento Nacional de la República de Cuba ‘El Pinero’ donde desde lo creativo se refuerce el concepto de plaza-memorial, sin descuidar la restauración al casco de la embarcación.

Desde una actitud crítica, no estamos en presencia de una plaza, la realidad le queda corta al concepto aunque tiene una pieza con un valor histórico de antes y después del triunfo revolucionario, por tratarse de la embarcación donde los moncadistas viajaron a La Habana después de ser excarcelados el 15 de mayo de 1955, coinciden los jóvenes.

La propuesta- según Antonio y Leandro- es comenzar por conceptualizar la plaza con murales a gran formato, tallados en mármol y aluminio fundido, se realizaría como oficio escultórico, donde además resulte interesante el esbozo a la transformación de una ‘Isla de corsarios y piratas’ a una ‘Isla Joven’.

“Levantaríamos un rectángulo, los murales formarían las patas del teatro o sea funcionarían también como bambalinas, donde se pueda encontrar esa historia, una escalera entre la plaza y el acceso al público para manejar niveles de contenido: la idea es integrar, además, la naturaleza autóctona a la plaza-memorial, un grito de que aquí está pasando algo, enfatiza Leandro.

A partir de nuestra praxis, a este territorio le falta imagen, aunque existen esculturas, estas no tienen el protagonismo dentro de la ciudad. Si nos dieran la posibilidad, podemos presentar varios proyectos sobre todo para los repartos residenciales, precisados de esculturas, parques temáticos…, el hombre necesita un reencuentro con la naturaleza, porque en estos tiempos la tecnología nos hace demasiado dependiente de ella, sonríe Leandro.

El arte -reflejo de la cultura humana que sirve para conservar el patrimonio de una nación y transmitirlo de una generación a otra- hace a estos muchachos mirar a su terruño desde esa perspectiva.

Paréntesis nació un buen día, cuando invité a Leandro a mi taller, donde decidimos presentar la muestra titulada ‘Punto de encuentro’; entonces, convinimos en imitar uno al otro nuestras maneras de hacer.

Soy un pintor expresionista, me encantan las marinas y en ese sentido Leo me aporta la visión de la academia, porque mis inicios en el arte fueron de manera autodidacta, refiere el también presidente de la sección de Artes Plásticas de la Asociación Hermanos Saíz en la segunda ínsula cubana.

Abunda que en ese camino de siete u ocho años dedicado a la pintura pasó el doble de trabajo, porque no tenía un registro de creador y en consecuencia no podía participar en exposiciones de su interés, no obstante ya acumula varios premios en concursos internacionales.

Menciona así la muestra “Los pescadores del zapato” aceptada por los curadores de la galería digital londinense; ganó en 2019 una beca en Polonia, pero no pudo asistir por falta de presupuesto, y luego se agenció el tercer lugar del concurso de Bellas Artes de AgoraGallery, de Nueva York.

Conocer a Leo y decidir trabajar juntos, me obliga a hacer una pintura más inmediata, a partir de entonces empezamos a generar proyectos. Actualmente, gracias a esa dinámica de creación, tengo seis exposiciones personales, precisa Antonio, trabajador social, quien estimulado por una antigua relación sentimental decide por las artes plásticas.

La senda recorrida por Leandro fue mucho más lineal hacia el arte, en la extinta academia Wifredo Lam, del municipio especial, donde comenzaron a moldearle la vocación hasta egresar de San Alejandro, para continuar la enseñanza universitaria en el ISA, donde cursa el cuarto año de la especialidad de diseño.

“Huellas del cuerpo y el alma estimulan nuestro próximo proyecto.

De niño tuve un accidente…, la explosión de un cilindro de gas licuado dejó marcas en mi cuerpo y, precisamente, basados en esa terrible vivencia trabajamos en el proyecto ‘Sonata Número Uno’”, narra Leandro, con más vocación hacia el arte tridimensional.

“Sugerí a Leandro la modelación de 16 balones de gas en cerámica -soporte más utilizado en la localidad ultramarina- y quemados en pit fire, técnica de cocción primitiva con carbón introducida en el territorio por el alfarero estadounidense Joel Benet en 1999”.

“No se trata de un redimake (usar objetos para contar historias) -precisa Leandro-, la idea es que de cada balón salgan al unísono sonatas de Bach, Beethoven, Mozart, Chopin y de otros grandes compositores de la música clásica, con el propósito de que causen tensión en el espectador, lo cual ayudará a la comunicación visual”.

Así en este andar por el arte, quizás la perspicacia, la vista aguzada, la habilidad o una corazonada sigan guiando a Antonio en su empeño de aferrar al lienzo los sucesos de la vida, mientras Leandro -tras cada boceto, pintura o escultura- continúe cuestionándose el sentido que otorga a su obra.

Si el “arte es el placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también esta tiene alma", según el galo Auguste Rodin (1840–1917), Isla de la Juventud tiene en Paréntesis, un dúo que apuesta por revolucionar la sociedad desde la praxis innovadora capaz de generar contenidos más contemporáneos.

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