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Mujeres: Con las banderas de la igualdad y el crecimiento

 

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Aun cuando el triunfo de la Revolución puso fin, de dicho y hecho, a degradantes desigualdades e injusticias que las relegaban socialmente, las cubanas no han perdido de vista jamás la vocación emancipadora y de lucha de la raíz del Día Internacional de la Mujer, nacido a propuesta de la destacada combatiente socialista y feminista Clara Zetkin, el 27 de agosto de 1910.

Es leyenda y es justo recordarlo que la propia trayectoria de la Zetkin, al frente de constantes luchas y demandas en favor de los derechos de la mujer, en Alemania, su país natal, también presentes en varias naciones europeas, fueron decisivas para el logro, pero también influyeron fuertemente hechos históricos protagonizados por el fuerte movimiento de féminas obreras de Estados Unidos, en 1857 y 1908.

Pareciera que los estandartes enarbolados por entonces por aquellas mujeres hubieran perdido actualidad, desde el punto de vista de las innegables conquistas, promoción y desarrollo de las cubanas, pero no es así en gran parte del mundo. Y también las hijas de esta tierra han actualizado el contenido de sus aspiraciones, acordes con la actualidad.

Han escudriñado más profundamente, han buscado lo que falta por conseguir y por enmendar, con el conjunto de la sociedad.

A los reclamos políticos contra el militarismo imperial, las guerras promovidas por potencias, contra el injusto bloqueo económico que causa sufrimientos y obstaculiza el desarrollo de los pueblos de Cuba y Venezuela, las cubanas han sumado hoy un mayor accionar comunitario y profesional en las tareas del combate a la epidemia de la Covid-19 y a los programas de desarrollo económico y social, en las amas pedagógicas, la ciencia y la medicina.

Y ello es posible porque se saben indispensables en los proyectos de vida y soberanía del país.
No hay contradicción entre el enriquecido espectro de intereses y labores del universo femenino cubano y cada quien los defiende o desarrolla de acuerdo a su pertenencia y compromiso, que en general es grande.

El llamado de Naciones Unidas este año para que las féminas se propongan metas más altas en el liderazgo y empoderamiento femenino, tiene en Cuba posibilidades muy reales para avanzar, dado el cuantioso número de mujeres educadas y preparadas para esos empeños. Quien
conoce este país sabe que no es alarde.

Aunque hay logros muy notables al respecto, que sobresalen en la vida pública en los días corrientes, todavía, y en ello coinciden autoridades, dirigentes femeninas y la gran masa de compatriotas, se puede y debe ir por más. Las potencialidades son mayores.

Es asignatura pendiente la necesaria transformación y el mejoramiento que aún debe tener la sociedad, en la educación y formación de valores que golpeen de manera demoledora los reductos de la vieja sociedad y la tradición machista, que hacen pervivir aisladas
pero muy dolorosas manifestaciones de violencia contra la mujer, y las niñas y algunos rezagos de discriminación por color de la piel y hasta por edad, ahora que la longevidad constituye una tendencia objetiva en esta isla.

Casi todo el orbe posee conciencia de la obra colosal desplegada en favor de las cubanas por la Revolución. Ello da orgullo y resulta un referente sobre desarrollo social con equidad y reales avances. Pero se está en la hora de mejorar y perfeccionar la obra, borrar lo remanentes indeseables y trabajar.

Un empeño de largo aliento, difícil. Duro en las condiciones de un territorio pequeño agredido y acosado por una potencia imperial. Pero no es, ya se han visto muchos logros que lo prueban, una misión imposible.

Las cubanas y cubanos siempre han gustado de celebrar y festejar con todos el Día Internacional de la Mujer. Una costumbre que se instauró después de la alborada de enero de 1959 y después de la fundación el 23 de agosto de 1960 de la Federación de Mujeres Cubanas. Las conquistas, el desarrollo y la justicia trajo motivos amplios para el regocijo.

Esa es una característica del 8 de Marzo por estos lares que en este 2021 solo se verá limitada en expansión física y presencial, a consecuencia de la pandemia que se combate en todo el archipiélago.

También esa cualidad se parapeta en la obra heroica de muchas antecesoras que lucharon por múltiples causas políticas y afines a su género.

En la Isla se celebró el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de 1931, organizado por la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), de la mano de un poderoso movimiento también socialista que tenía en la mujer trabajadora nativa una prometedora fuerza.

Un movimiento que combatió por derechos tan fundamentales como el sufragio femenino, la lucha por la paz en el orbe y los derechos, sobre todo de maternidad en la mujer trabajadora, sin importar el estado civil que tuvieran.

Las alineadas en esas causas habían tenido antecesoras a tomar en cuenta en el movimiento feminista derivado de las luchas mambisas, la precursora Ana Betancourt de Mora y María Cabrales, incorporadas a la primera guerra independentista, en las tabaqueras de la emigración y en muchas maestras, obreras e intelectuales de principios del siglo
XX.

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