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Qué culpa tengo yo de ser así: Apuntes sobre un bardo

 

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Hay músicas con estrella y poetas desventurados; obras que trascienden y cuerpos que se apagan por una especie de destino injusto. No hay nada de lo que la sencillez humana pueda arrepentirse, cuando confluyen en un mismo ser, servir y viajar temprano hacia lo perpetuo.

Tal fue el caso de Pedro Buenaventura Jesús, aquel que por bendición solo tuvo sus pasiones, talentos e inspiración, junto a la imposibilidad de hacerlo por largo tiempo. Solo 23 años viviría el pinareño, nacido el 22 de febrero de 1920, que legó reconocidos boleros y canciones como aquel Nosotros.

Tuvo como primera enseñanza a la escuela anexa a la Normal, las Escuelas Pías, y la Academia Raimat. Ya en agosto de 1933 se tituló como maestro de piano, para un año más tarde ingresar en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río.

Tenaz y consumado frente al teclado blanquinegro, igual que frente a las damas que tuvo cerca. Se cuentan muchas historias de seducción entre aquel joven al que todos llaman Pedrito, y muchachas que si bien no pleiteaban por su cariño, tampoco les era indiferente.

No era, sin embargo, el típico Don Juan de apariencia libertina ni mucho menos desenfadado. Y es justamente por eso que, a pesar de un diario bien conservado en la actualidad, nadie sabe a ciencia cierta cuál fue la verdadera musa de la mayoría de sus creaciones, como la misma Nosotros.

En cambio, Soy como soy, otra conocidísima canción suya, sí se reconoce como la pieza dedicada a Silenia, una bella joven de Guane con la cual cultivó una muy cercana amistad. Tenía el bardo tan solo 19 años, y seguía siendo ingenuo y sencillo.

La sencillez de sus letras, sin dejar de ser un gran poeta, según los expertos, no se compara con lo revolucionario de su música. Sus armonías constituyeron algo nuevo para la canción que se componía en Cuba entre los años 30 y 40 del pasado siglo.

Aún así, las historias que cuentan sus creaciones, forman parte de las propias cuestiones cotidianas vinculadas a cualquier relación sentimental, lo que las acerca más a las multitudes de manera instantánea.

Nadie puede explicar por qué murió tan repentinamente. No era un hombre enfermizo ni escuálido, todo lo contrario. Algunos de sus contemporáneos hablaban de su predilección por la práctica de deportes y su buena forma física.

Sin embargo, dicen que un día en que practicaba boxeo en los altos de su vivienda, le sorprendió la lluvia y comenzó a tener los síntomas de una gripe. El catarro fue a más, y días después el diagnóstico llegó para poner fin a su existencia: tuberculosis.

Varias semanas acostado, primero tratando la congestión pulmonar, y luego, bebiendo jarabes para dejar de expectorar la sangre, fueron menguando poco a poco su conexión con la vida. Hasta la noche del 25 de abril de 1943 en que una inmensa multitud le despidió hasta el reposo definitivo en el Cementerio Católico de Pinar del Río.

De todas sus composiciones, la más internacional y versionada, sin lugar a dudas es aquella que dice “no es falta de cariño, te quiero con el alma. Te juro que te adoro, y en nombre de este amor y por tu bien, te digo adiós”.

En opinión de Amado Martínez Malo, quien atesora muchas de las memorias vueltabajeras y que vio tantas veces a Pedro Junco en su casa visitando a su familia, fue una muchacha sanjuanera nombrada María Victoria Mora Morales quien inspiró el clásico bolero.

Incluso, su nombre es muy ponderado en el citado diario del músico, y no caben dudas de que alguna obra tendría que haber salido de semejante y consolidada pasión. El propio Martínez Malo asegura que sin importar otras mujeres que amo, en su corazón siempre estuvo María Victoria.

Erróneamente, algunas bibliografías consultadas describen que Nosotros fue estrenada cuando Pedro se hallaba en el lecho de muerte, aquí en La Habana, en la Clínica Damas de la Covadonga.

Ya el bolero había sido entonado meses antes por el popular cantante de la época Tony Chirolde. Aunque es cierto que ante el agravamiento de sus síntomas había sido remitido para ese centro, en realidad se trataba de Soy como soy, en la voz del alquizareño, también muy popular entonces, René Cabell.

“Soy como soy y no como tú quieras, qué culpa tengo yo de ser así. Si vas a quererme, quiéreme; no intentes hacerme como te venga bien a ti. No trates de cambiar mi vida, yo a ti te quiero, lo juro por ti”, escuchó entonar poco antes de irse.

Lo más probable es que la letra de Nosotros se prestara mucho más para el postrer momento, ya que se trata de una franca despedida, que al no depender de la falta de amor, fue asociada al agónico final.

De todas formas, más allá de las leyendas en torno a musas e instantes, la obra de Pedrito Junco –así le llamaron siempre por compartir nombre con su padre-, está valorada en los repertorios de grandes cantantes del universo iberoamericano.

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