All for Joomla The Word of Web Design

El triste final de la confianza y la indisciplina (+Fotos)

 

0-14-camaguey-1.jpg

A cuántos no alarman todos los días las cifras relacionadas con los casos positivos a la COVID-19, el estado de salud de los más graves y críticos que se encuentran en hospitales, o los fallecidos que aumentan en Cuba, a causa del rebrote de la pandemia del coronavirus SARS-CoV2 que sigue amenazando la existencia humana tras un año de detectarse los primeros enfermos en el mundo.

Aunque estaba pronosticada la situación actual que vivimos, muchos no esperaban tales niveles de infección y en ella va implícito el resultado de la apertura de los vuelos internacionales que trajo exceso de confianza en la conducta de algunos viajeros y familiares, violaciones de protocolos, y principalmente la indisciplina de las personas que no acaban de entender la gravedad del virus, sus consecuencias y la gran cadena de contagios que ocasiona.

Cada quien tiene sus criterios acerca de las razones que dieron lugar al alza de los confirmados con el nuevo coronavirus, pero también se impone reflexionar sobre los comportamientos individuales y de las familias en los últimos meses ante el peligro del azote.

Llama la atención la manera en que gran parte de la población asume actitudes en la presente etapa de pleno auge del virus, cuyos pronósticos no son tan alentadores, quizás por vivir en una nación con un sistema de salud fuerte en cuanto a calidad profesional y humana, pero eso no nos hace inmunes a la dolencia infecciosa, y la labor del personal sanitario necesita mucho de la conciencia y el actuar consecuente de todos.

0911-intensifica-camaguey1.jpg

Solo basta dar un pequeño recorrido por la ciudad de Camagüey, la cual está hace un mes en fase de transmisión autóctona limitada, para darse cuenta de comportamientos que parecen normales a la vista, pero constituyen una puerta a la COVID-19, con gran dispersión en la localidad y ahora en la mayoría de los municipios de la provincia.

El uso del nasobuco o mascarilla, la medida de protección más simple, y la más importante por su probada efectividad, se incumple a diario por doquier, por llevarse incorrectamente en la barbilla, mientras el llamado a evitar las aglomeraciones en colas y otros sitios, y guardar el debido distanciamiento, parece caer en saco roto.

Ante lo imperioso de preservar la vida humana y acatar los protocolos establecidos, el Consejo de Ministros aprobó recientemente el Decreto Ley 31, referido a las negligencias de las medidas sanitarias para la prevención y enfrentamiento de la COVID-19, el cual define multas de entre dos mil y tres mil pesos, superiores a las de la primera etapa.

A pocos días de su implementación, por ejemplo, existen padres y familiares que exponen a sus hijos al peligro, y salen con ellos a la calle o permiten que los menores jueguen en sitios públicos, cuando están suspendidas las clases, una medida acordada precisamente para impedir la propagación del patógeno.

De noche algunos jóvenes aprovechan el toque de queda y resguardados en la entrada de edificios o algunos parques se reúnen. Si no se patrullan las calles o lugares propicios para ello, a esas horas aprovechan para pasar un rato e incluso darse unos tragos.

Entonces, la ley tiene que imponerse ante hechos como estos, para quienes desconocen también el reclamo de los especialistas en el tema y de las autoridades.

Cuidar a los niños, ancianos y otros grupos de riesgo en medio del actual rebrote, por su gran significado dentro del núcleo familiar, es una obligación moral, porque la tristeza invade hasta al más fuerte cuando alguna de estas personas transita por el estado de gravedad o lamentablemente fallece.

Igual severidad debe aplicarse con los que a pesar del difícil momento, juegan en la calle u organizan fiestas, como ocurrió el 14 de febrero cuando no fue tampoco tan respetado el aislamiento.

A pesar del avance de varios candidatos vacunales en Cuba y el mundo, y el progreso de investigaciones al respecto, no podemos olvidar que estamos en presencia de una dolencia nueva, cuyo enfrentamiento depende en gran medida de la responsabilidad individual y de mucha previsión de lo que a cada quien corresponde hacer.

Esa, como insisten epidemiólogos y otros expertos, es la vacuna de este momento.

0-14-camaguey-2.jpg

Estar al tanto de las medidas sanitarias e incorporarlas a la cotidianidad, tanto en casa como en los centros de trabajo, debe ocupar y preocupar a todos, y comprender que no son orientaciones o adornos –en el caso de los medios para la desinfección de manos y pasos podálicos-, para que otros crean que se hace lo correcto.

Constituyen formas de prevenir y de contener el avance de una epidemia que ya ha cobrado millones de vidas, y que exhibe secuelas en el organismo, muchas de las cuales aún por descubrir y profundizar.

Por eso, hay que evitar el triste final de la confianza y la indisciplina, y apelar todos los días, a los ciudadanos, organismos e instituciones implicados en el cumplimiento estricto de las medidas sanitarias, la forma más inteligente de afrontar la pandemia con cordura y sentido común.

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio


Código de seguridad
Refescar