All for Joomla The Word of Web Design

La secuelas familiares de la COVID-19 (+ Fotos)

0219-secuelas.jpg

Los primeros días del nuevo año fueron diferentes para Cheyla Sardaín Pérez. Así los recuerda liberada un poco del sufrimiento experimentado al conocer que sus seres más queridos resultaron positivos al malicioso virus, el cual desde 2020 interfiere en la tranquilidad del mundo entero.

En la tradicional celebración del 31 de diciembre la posibilidad de contraer la COVID-19 nunca llega a sopesarse, pues la invisibilidad del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y el hecho de reunirse junto a los familiares aleja de las mentes el miedo al contagio.

Hoy la joven camagüeyana advierte sobre el peligro de adquirir el padecimiento en el lugar menos imaginado, y la necesidad de asumir conductas responsables, especialmente en medio del rebrote que vive el país.

0219-secuelas1.jpg

El tres de enero último supimos que uno de mis primos, con el cual compartimos en las festividades de fin de año, presentaba decaimiento, síntomas catarrales y pérdida del olfato, por lo cual acudió al policlínico de su zona de residencia, donde lo calificaron como sospechoso y fue ingresado de acuerdo con los protocolos, narró.

Decidimos quedarnos aislados en la casa hasta saber el resultado de la prueba de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) de él- continuó-, mis padres y mi novio hablaron en sus respectivos trabajos, y yo con mi profesora para explicarles la situación.

Al día siguiente empezamos con síntomas, excepto mi novio, por lo que llamamos al puesto de mando de nuestra área de salud para reportarnos como contactos de un posible contagiado, y esa misma tarde vinieron, nos tomaron los datos y orientaron que nos mantuviéramos sin salir, señaló.

Una jornada después ingresó ella, junto a sus progenitores, en el Hospital Clínico Quirúrgico Amalia Simoni, uno de los destinados en la provincia de Camagüey para el enfrentamiento a la pandemia, y posteriormente se les tomó las muestras para procesar el examen de PCR.

Imagínate el nerviosismo que se siente al pensar si una estaba infectada con el patógeno o no, si estaba exponiendo a los demás, o si estaba sana y entonces era una quien corría el riesgo de enfermarse, fueron las palabras expresadas por Cheyla para describir esos momentos.

El mundo de verdad se me vino abajo cuando confirmaron que mis padres padecían la COVID-19 y mi prueba fue negativa, empecé a llorar sin consuelo ante el hecho de dejarlos solos y volver al hogar y, al mismo tiempo, porque había visto las reacciones provocadas por el interferón, el cual se nos aplicó antes en aras de avanzar con el tratamiento.

Al ver que casi todos mis familiares dieron positivo y yo no, incluso mi novio quien asintomático fue trasladado luego de diagnosticársele la enfermedad, mi consternación fue aún mayor, enseguida pensé que en mí la carga viral todavía era baja, consulté a los especialistas del área de salud y dijeron que no me preocupara, pues ellos venían a hacerme el test nuevamente al quinto día.

La mente es muy poderosa, - manifestó-, y desde que retorné a la casa me sentía el pecho apretado y hasta falta de aire, respiraba profundo y trataba de calmarme, era tanta mi alteración, una situación amarga y extremadamente desagradable, así definió también Cheyla el tiempo transcurrido para descartar la presencia del padecimiento en su organismo.

0219-secuelas2.jpg

Al llegar al hogar desinfecté cada objeto, aunque cuando nos recogieron para ingresar fumigaron como está establecido, pero una vez informado el segundo resultado negativo me puse una sobrebata, careta y un nasobuco, y de nuevo lo higienicé todo.

Cuenta que los 11 días de hospitalización de sus progenitores sostuvo comunicación por vía telefónica a cada instante, pues si bien la atención era de calidad, con el seguimiento y los chequeos médicos correspondientes, la ansiedad golpea fuerte ante la incertidumbre de una posible complicación asociada al virus.

Por suerte casi todos mis familiares no tuvieron prácticamente síntomas, rememoró con emoción la joven, quien este año culmina la carrera de Medicina y hoy ve a sus seres más queridos reincorporados a las faenas habituales, a pesar de las secuelas psicológicas.

Solamente estar a la espera de un resultado de PCR, no realizado por azar, te cambia por completo la vida, realmente esta experiencia no se la deseo a nadie, porque es muy triste ver a las personas más allegadas a uno atravesar esas horas de incertidumbre, sentenció.

Vivencias como las de Cheyla ilustran lo vulnerable que somos todos a contraer la COVID-19, aun en los ambientes de mayor familiaridad, por ello el comportamiento indispensable sigue siendo el distanciamiento social, unido al cumplimiento de las medidas higiénicas orientadas, para evitar también desenlaces más fatales.

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio


Código de seguridad
Refescar