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El arte en la vida de Juan Almeida Bosque

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Hoy Juan Almeida Bosque cumpliría 94 años de edad. Mucho se conoce de su trayectoria combativa que le hicieron acreedor del grado de Comandante de la Revolución: el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el presidio modelo en Isla de Pinos, el exilio en México, el desembarco del Granma, la guerra de guerrillas en la Sierra Maestra y su defensa al proyecto socialista después del triunfo del primero de enero de 1959.

Sin embargo, en la existencia de este genuino habanero el arte ocupó un lugar muy importante, sobre todo la literatura y la música. Precisamente a esta última manifestación dedicó buena parte de su tiempo, pues tuvo gran sensibilidad artística, elevada calidad estética, romanticismo innato y sagacidad exquisita para plasmar en canciones lo cotidiano de la vida.

Con independencia de sus no pocas responsabilidades políticas, Almeida escribió más de 300 piezas musicales y nueve libros relacionados, en su mayoría, con la epopeya de la Revolución Cubana, lo que da fe de su extraordinaria capacidad creadora. Entre las composiciones más populares sobresalen “La Lupe”, “Este son homenaje”,

“Mejor concluir”, “El gran día de enero”, “Qué le pasa a esa mujer” y “Por teléfono no”. Mientras que de su prosa resaltan “El general Máximo Gómez”, “Por las faldas del Turquino”, “¡Atención! ¡Recuento!”, “La Sierra Maestra y más allá” y “La aurora de los héroes”.

Aunque aparentemente sin hábitos para componer, su hijo Juan Guillermo (JG) y Juana de los Cuetos, trabajadora de los Estudios Siboney, coinciden en que el Comandante prefería la cercanía al mar y el vínculo directo con la naturaleza donde estimulaba la “musa” que le acompañó siempre. También lo hacía en su auto, donde guardaba un block de notas y una grabadora, en la que captaba cuanta melodía se le ocurriera en el trayecto de un lugar a otro.

Pero según JG el sitio favorito de su padre para transformar las ideas en arte era una ciudad separada de la capital por casi mil kilómetros, a la que llegó por primera vez en julio de 1953 y donde mejor se resguarda su legado musical: Santiago de Cuba.

Santiago de Cuba en Juan Almeida

En 1971 Almeida Bosque regresó a Santiago de Cuba, capital de la entonces provincia de Oriente, para dirigirla políticamente y durante su estancia promovió la cultura, al tiempo que encontró el escenario perfecto para proseguir con su obra autoral y materializar proyectos en pos de salvaguardar el patrimonio musical de la región.

Amante del mar y los ambientes naturales, el músico Comandante frecuentaba el paseo La Alameda y Punta Gorda y aprovechaba las vistas ofrecidas por la Gran Piedra y la terraza del Hotel Versalles, en las afueras de la urbe, en esos lugares la inspiración le fluía sin problemas, asegura Juan Guillermo.

Cuenta Rodulfo Vaillant, presidente del comité provincial de la Uneac, que fue en el “Versalles” donde Almeida Bosque le expuso su intención de desarrollar un estudio de grabaciones con el propósito de igualar las oportunidades de las agrupaciones y músicos orientales con los del otro extremo del archipiélago, porque a los primeros se les complejizaba el traslado y permanencia en la capital para grabar en Areíto, único de su tipo en el país, de ahí nacieron el cinco de julio de 1980 los Estudios Siboney, uno de sus legados musicales más significativos.

Ubicado en San Félix, esquina a San Germán, el espacio arrancó con mucha fuerza y pronto se convirtió en un proyecto transformador de la cultura territorial y nacional, porque debido a la calidad profesional de sus trabajadores varias agrupaciones y solistas de centro y occidente grabaron aquí sus fonogramas.

En Santiago de Cuba encontró Almeida a una de las mejores intérpretes de su icónica canción “La Lupe”, Esperancita Ibis, quien defendió magistralmente ese tema lo cual le valió para establecer una relación de amistad, basada en el respeto y la admiración del uno por el otro, pero sin soslayar el gracejo popular de ella y la manera en que sacó la arista pintoresca y costumbrista de él.

Guarachas, sones y boleros destacan entre los principales géneros cultivados por el músico, pero gustaba de la sonoridad y el ritmo de la conga santiaguera, por la que se interesó y en reiterados momentos inquirió a Ricardo Leyva sobre su intento de vestir de largo a una tradición de los habitantes de la tierra indómita con el tema “Añoranza por la conga”.

Durante su vida, Almeida contó con importantes colaboradores: Fernando Álvarez, Lázaro Peña, René Barrera y Dionisio Tomás Gaitán (Eddy Gaytán), devenido este último en uno de sus principales arreglistas.

Desde que en 1959, Juan y Eddy se conocieron en casa de Celia Sánchez una relación de absoluta camaradería profesional y personal basada en el cariño y la fraternidad surgió entre ellos, vínculo que mantienen sus hijos, quienes trabajan en la producción de dos discos: “Llevo la música en el alma” y “Siempre Juan”.

Comenta Charlie Gaytán que Almeida siempre tenía cosas nuevas, las grababa en formato cassette y las mandaba a su casa con algún amigo. Luego su papá escuchaba, transcribía esas melodías, buscaba la lógica de lo que el autor pretendía reflejar y le añadía armonías, generalmente muy certero, pero si había alguna disonancia entre la idea original y el resultado, el Comandante se lo expresaba con mucho respeto.

Cuando el 11 de septiembre de 2009 los cubanos supieron de la muerte de Juan Almeida Bosque lamentaron la pérdida del revolucionario incondicional, del eterno enamorado y defensor de la mujer y la familia, y, sobre todo del hombre que necesitó y brindó el arte como su vida misma.

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